el resto que lo haga don sesto


(con) asunto
Noviembre 10, 2009, 6:03 pm
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Hace algún tiempo les pedi a mis estudiantes que escribieran una serie de cartas con el fin de que aprendieran a traspasar el tiempo, que aprendieran a evitar la seriedad del presente y fueran hacia el futuro: ese sitio inseguro e incierto al que llegamos. La actividad sirvió mucho, es bueno saber que siguen siendo las personas y sus sentimientos los que elaboran y pueden viajar en el tiempo. En ése entonces yo no escribí las cartas. Que no se repita. Dejo una sola.

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Andrés, hermano, ¿sigue ahí? Usted sí que no cambia, usted es el verdadero Ajover. No me preocupa perderlo, no me preocupa que en un escaso tiempo usted se haya convertido en otro, en aquello que más detesta. Porque usted es la persona más sincera y honesta que he conocido. Los sueños y sus propias ideas es lo único que le importa: y ahora le importan más porque sin haber llegado a establecer una relación duradera y extensa con otros ha descubierto que esas ideas y que esos sueños le interesan a otros. Y no porque sean suyos, y usted sea el dueño, es porque la única idea que usted ha tenido hasta el momento es dedicarse endiabladamente a hacer lo que le gusta. Usted quiere parecerse tanto a sí mismo hasta que llegue el momento en que la pregunta deje de hacerse. Pero usted mismo sabe que no es posible. La pregunta seguirá haciéndose. ¿Esto vale la pena? Espero que el sentimiento de que el mundo por momentos le valga un pito no haya cambiado, porque a usted lo que le interesa es lo que usted le puede hacer el mundo, no al revés. Esa es la idea que ha intentado transmitirle a sus estudiantes y a las personas que ama. Si no hay distinción es porque cuando usted habla le habla a la humanidad entera. Porque desde siempre ha tenido muy marcado y acentuado en su alma la actitud del púlpito: usted no enseña, sino predica, y quisiera convertir a todo el mundo. ¡Sálvate, hermano! Espero que a veces la escasa afluencia de feligreses no le haga perder las ganas y la energía que lo caracteriza. No se preocupe, a la gente se le cambia si ya de antemano está cambiada: a la gente se le salva cuando está salvada. Y al espíritu se le da de comer cuando éste ha llegado ahíto. Considere también que hay gente tonta, perezosa, y que no vale la pena. Si a veces se siente en desacuerdo con la educación, si arruga la boca cuando se habla de educación, es porque a usted nunca se le dio a las claras la oportunidad de autoexpresarse, y es por ello que sufre y no ve muy bien el panorama, cuando ahora son los estudiantes los que no lo hacen. Usted considera que se necesitan estudiantes, antes que profesores. Usted sigue siendo estudiante, aunque es profesor y disfruta siéndolo. ¿Acaso no ve esa tonta facha de universitario cuando va caminando por la 45? ¿Acaso usted no se entiende mejor con los estudiantes antes que con sus compañeros de trabajo? Y en una seria reunión esté seguro que se le saldrá en un hipo el menú y que al volver del baño llegará desbraguetado. Porque usted es un marciano, hermano, anda en las nubes, y lo excéntrico es para usted moneda corriente: cuando va a comprar la leche, se encuentra con Alf y juntos planean un partido de fútbol. Pero nadie sabe que llegar a aceptarse como se es es una faena digna de un héroe, y por eso considera que entre más rara la gente, mucho mejor, porque esto significa que de seguro tiene algo que decir y eso que dirá le dará placer a unos pocos. Para esos pocos quiero también dedicar esta carta para el futuro.

Insistiendo en una serie de consideraciones terminaré con lo siguiente. Usted es de los pocos adultos que me cae bien: no es esquizofrénico. Trata de vivir como piensa y lo que piensa intenta llegar a vivirlo.

En otras palabras, depende de la manera en que uno vive y aprende a vivir la felicidad: ese deseo de estar bien, de no ser un sapo, donde lo que va es un armadillo.

Yo quiero seguir siendo ese armadillo



Carta a los (nuevos ) maestros
Octubre 7, 2009, 3:52 pm
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Bastaría reflexionar por un momento sobre la posibilidad del diálogo, la buena voluntad, el libre y respetuoso empleo de la palabra, para establecer que lejos de producirse llega a fluir desbordándose sin que el otro llegue a comprender cabalmente lo que pensamos y decimos: y es por esto que lejos de mejorar nuestras relaciones con los demás parece fundirse en el estado en que simplemente aceptamos un pensamiento ajeno porque quien lo dijo nos cae bien.

Mi primera idea es que el diálogo conlleva superar las palabras.

Comunicarse es muy importante; cada uno lo hace a diario tratando de transmitir aquellos valores que cree necesarios. Si ahora les escribo es porque sé por experiencia que para llegar a ser más eficientes en la solución de problemas se hace necesario llevar cierto protocolo; entendiendo por protocolo la palabra escrita.

Con los niños y niñas de mi salón suelo emplear el mismo sistema: les hablo, pero también les escribo, diciéndoles de antemano que lo que espero es que luego cada uno en casa lea el correo y simplemente tomen de él lo que consideren necesario. La invitación también es para ustedes.

Si somos consecuentes con la filosofía y el PEI del colegio, sitio en el que trabajamos, pero al cual también nos gusta ir, no debemos perder de vista lo que es la dirección que toma cada acción y pensamiento desde que somos parte de él, esto es, el sentido de lo que hacemos, y lo que hacemos es educar, dentro del mundo que vivimos.

Digo ´sentido´ como podría decir ´dirección´, incluso ´elección´, porque personalmente soy consciente del valor que se debería dar a estar en el salón con niños y niñas de determinada edad. Quiero decir: diferencio entre un profesor que «transvasa conocimientos», a otro que que se encuentra al servicio de una promoción o visión humana.

En ello coincidimos como coincide el Colegio desde su lema: no es para la escuela sino para la vida. ¿Acaso el Colegio no nos recomienda esa flexibilidad para con nuestros niños: lo importante no sería la determinada enseñanza de una materia, cuanto el sentido personal y social que podemos transmitir como profesores?

Desde que soy profesor, y debo añadir, que es éste mi primer colegio, como añado que me encanta esta profesión en lo que tiene de, por llamarla así, narración humana de lo que es importante para mí, confieso que lo más atrayente y lo que es verdaderamente un tesoro por disfrutar, es la dirección de grupo, y las conversaciones de pasillo, por llamarlas de alguna forma. Sin esto último creo que no sería posible entender al colegio y, sobre todo, lo que es el funcionamiento de una Etapa. En este caso: la tres. Creo yo que sin tener en cuenta la edad, el momento que atraviesan nuestros niños difícilmente penetraremos en el por qué de sus acciones. Es mi segunda idea: sin tener en la cabeza la edad a la que pertenecen los niños y niñas de la Etapa Tres difícilmente penetraremos en sus acciones.

Quizá esto último es lo que no se deba perder de vista en el momento en que como profesores nos reunimos. La edad y lo que representa. Los conflictos.

Me gusta debatir, porque en modo alguno me considero un indiferente, me gusta pertenecer a algo: y en este momento pertenezco al colegio, a la Etapa Tres, y a mi curso: 7B. Ello hace que en ocasiones actúe con vehemencia y que me equivoque. Pero lo que no se debe perder de vista, creo yo, es que educar es una misión: la pequeña misión de cambiar la actividad humana a través de las clases. Lo demás, dictar cualquier cosa, me parece que es redundante si olvidamos que nos referimos a personas cuando hablamos de estudiantes.

Este correo: lo quería y necesitaba decir, para que esta confesión o correo, como lo quieran tomar, funcione para algo. Así sea para recibir un mensaje que no sea un reenviado, sino algo escrito por alguien.

Hasta entonces,



Botón
Septiembre 26, 2009, 6:15 am
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El problema de la objetividad es contrarrestar nuestras propias parcialidades.


A –

clavo es un dedo

clavo es un dedo

clavo es un dedo

clavo es otra manera de decir lobo


Si las paredes hablasen

1 – Era el tiempo en que Botón salia a recorrer el mundo. (NOCHE. Lámparas, velas, sombras, cortinas corridas).

2 – (Pies, caminar, ojos, manos). Botón salía de noche porque le gustaba la luna, le gustaban las sombras.

3 – Recorriendo el mundo de noche sentía que era libre, y pensaba que era él muy pequeño y el mundo demasiado grande.

4 – Pensaba que era pequeño, y el mundo grande, porque al mirar en el suelo, además de sus pies y sus zapatos, veía su sombra. Que era mayor que él.

5 – Y sentía miedo, y corría, y corría, y corría. Y corriendo se alejaba de su casa. Y corriendo a veces se tropezaba y caía. Caer. (Rodillas, sangre en las rodillas, mejillas sucias, llanto, llanto. Dolor).

6 – Botón estaba solo. Pensaba que no tenía madre, padre, hermanos vecinos, amigos. Botón creía que era el último sobreviviente de la tierra. Adelante estaban las mesas llenas de comida, de juguetes, de golosinas. Adelante también estaba el desierto.

7 – Por eso Botón abría, y abría, y abría, y abría sus ojos por si en algún rincón y en algún momento se asomaba alguien a quien llamar amigo. Tenderle la mano. Pedirle prestados juguetes. Pero no veía a nadie. (Botón de pie, mirando, mirando a lo lejos).

8 – Botón era libre de ir donde quisiera, hacer lo que quisiera. Porque era libre.

9 – Él quería ver, salir de su casa y divertirse. Aunque no sabía cómo. Nadie le tenía la cuerda para saltar, nadie estaba al otro extremo para devolver la pelota. Nadie hacia de portero para impedir el gol.

10 – Botón recorría el mundo sabiendo de antemano que nada ni a nadie iba a encontrar. Puede decirse que Botón no salía nunca de su casa, de las cuatro paredes de su casa, porque siempre veía lo mismo. No se sale de la casa, si de antemano ya se sabe lo que se va a encontrar.

11 – Cierta vez que estaba en el campo, donde había dibujos de vacas, pero no vacas, dibujos de elefantes, pero no elefantes, sintió que el mundo era un sitio extraño que nada le podía enseñar, pues a nadie le interesaría que estuvieras rodando libre por el campo si a nadie le podría dar envidia. Nadie estaría ahí para tomarte fotos, colgarlas en sitios, en paredes donde se escriba con amor, y ponerles tu nombre. Botón.

12 – Por eso el mundo era más bien gris, gris, gris, y Botón prefería quedarse en un rincón acurrucado. Y llorar. Porque había miedo, porque no había leche caliente, porque no había nada parecido a lo que llamar madre.

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13- Pero estando en un rincón vino algo. Era peludo, de colmillos largos, de hocico negro, de patas largas, de orejas largas, y respondía al nombre de «Lobo Malo de Los cuentos».

14 – Esta es la situación:

Botón es el personaje de esta historia. Botón espera que alguien venga a consolarlo, porque el mundo es grande, él es pequeño y está solo. Está solo, acurrucado en un rincón. Es de noche, no hay sol por tanto, sólo la la luz de las lámparas.

15 – Aparece entonces un ser un poco raro que responde al nombre de «Lobo Malo de Los cuentos». No es como él, en nada se parece a él. Tiene el color de piel distinta, habla en otro idioma, tiene otras costumbres. Pero es la única persona que ha visto en su vida, es la única persona además de él.

16 – Cuando el «Lobo Malo De Los Cuentos» abre los ojos, hay inquietud, hay miedo. También curiosidad. A Botón se le va el sueño. Y ya no puede descansar. Hay miedo, hay inquietud porque no se sabe lo que pueda pasar. Tal vez tenga hambre.

17 – Este extraño es su única compañía.

18 – Al abrir la boca larga, de colmillos largos, y de lengua roja y larga, Botón pensó que ése era su final. Cerró lo ojos, y pensó en algo más grande que él. Quería sentirse como una pequeña parte dentro de una más grande. Quería sentirse unido a algo. Pero ocurrió algo muy pequeño, tan pequeño, que si Botón no hubiera estado pensando en esto de las partes pequeñas partes nunca lo habría visto. Aunque más grande, y de colores y costumbres distintas, Lobo se parecía a él. Botón era un pequeño lobo malo de cuentos. Y esto era así,

19 – Porque Botón era el dedo meñique de la mano y nunca estaba solo, aunque podía decirse que vivía en su propia casa. Y el «Lobo Malo De Los Cuentos» era la línea de la mano que está ahí para que no olvidemos que somos más pequeños que el mundo, pero que el mundo está en nuestra mano para recorrerlo. Ahí estaba la raya, estaba Lobo, y Botón era una pequeña parte dentro de otra pequeña parte dentro de otra pequeña parte.

20 – Era el momento y el lugar en que Botón volvía a su casa, y estando con los suyos, su padre, su madre, le gustaba escuchar cuentos. Como éste.




El Cielo Raso (La Educación es Educarse)
Agosto 30, 2009, 8:31 am
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Bajo una fórmula que relaciona la educación con el habla, con el momento inmediato de oír, afirmo que sólo se aprende a través de la conversación. Como si de una declaración de principios se tratase lo anterior afirma la curiosidad de saber si soy capaz de decir algo frente a un tema particular de la educación: ¿de qué van las clases? Para a continuación entrar de lleno en una nueva declaración: pensar es descifrar lo que se siente; educar es conversar sobre lo que se siente. Entendiendo por sentir todo cultivo de la intimidad, del ser propio, y por conversar por iluminar ese sentir.

Niñas y niños, clases y profesores, horarios y descansos, fiestas de fin de año y entrega de calificaciones. ¿Es esto la vida real? Pero ¿qué es la vida ahí fuera, la vida que nos rige y conforma como seres dentro de una red llamada vida social? Lo pregunto para poner sobre la mesa, una mesa que no tiene que ser la de un juzgado, lo siguiente: ¿qué tipo de discurso se precisa para conocer lo que suele hacerse en el colegio: «educar y se educados»? Las comillas conveniente puestas, porque ése es el tema que corre el riesgo de dejar de suceder: el colegio quizá ya no ofrece lo que normalmente creemos su mérito: educar y ser educados. ¿Qué clase de discurso?, porque si el ideal del conocimiento es la visibilidad de aquello que tratamos, ¿qué necesitaríamos desvelar o desocultar en la educación? ¿Qué se necesitaría decir de nuevo que hasta ahora no hubiese aparecido? Como si existiera una esencia constitutiva que dirige y planea las apariencias y nosotros fuéramos víctimas o bien ejecutores de ellas. ¿Qué necesitarímos saber de la educación? Nueva pregunta en este corto párrafo. Quizá lo primero para decir de la educación es que es el espacio de las preguntas, el espacio donde preguntarse es lo real, lo que pasa cotidianamente. Este es un supuesto, claro está, porque la educación podría asemejarse en lo que tiene de vida real: que no se suelen escuchar demasiadas preguntas y la curiosidad por saber algo estaría dirigido por un resultado puesto en calificaciones. Tal y como sucede en el mundo cotidiano: es bueno lo que es útil, deficiente lo innecesario. Esta actitud la encuentro molesta. Por naturaleza son las notas las que rigen la educación: lo común es hablar de que al niño le va mal porque tiene malos resultados. ¿Y el resto? ¿De lo que no se habla no existe? Se podría preguntar qué clase de existencia es la que entregan los números. Lo primero que se dice de los números es que sirven para medir algo: ¿qué mediríamos cuando tratamos con niños y niñas? Importa la pregunta, pero no el número de preguntas. Importa el camino, tanto como la meta. Quisiera olvidarme de conocer o de ver algo. Me conformaré con acercarme, con aproximarme al tema, con dar mi parecer, lo que sería una clase de discusión en un salón de clases y este artículo por tanto deberá llevar nombre propio: es el convencimiento y las experiencias de uno solo. De cualquiera.

¿Qué tipo de discurso se necesitaría para hablar de la educación? El convencimiento de que la teatralidad es su elemento indispensable. No somos lo que pensamos, somos lo que demostramos a través de los actos, y pretender ponerlo todo a la vista no conduce necesariamente a conocernos y a conocer mejor. ¿Qué significaría decir que las cosas son lo que son y que el estado de cosas llamado mundo es lo que hay de lo que hay? No hay principio o fin, no hay apariencia y esencia, no hay engaño o ideas sobre la pared de una caverna en espera de la aplicación correcta del conocimiento para ser mostradas. Se diría, en primera instancia, que en educación no se trata de medir o de ver. Se trata de escuchar; como si la cuerda que agita los días del colegio debiese ser adecuadamente pulsada, y escribir sobre ello fuera una tarea equivalente a escuchar una melodía. Escribir ahora sería la reseña de un concierto. Tiene sentido, claro está, continuar hablando de interioridad o de cualquier otra categoría semejante, pero identidad, para efectos de reseña musical, es aquella manera que tenemos de hablar en primera persona en cualesquiera situaciones y momentos. Como si fuéramos actores antes que personas. De allí la importancia del nombre propio, porque no llega a manifestar más que las diversas estructuras y expectativas de una persona cualquiera: la forma en que construye su deseo y concibe la muerte. Nuestro mundo es un mundo de artificios, de invenciones, por lo que la verdad no es algo dado sino producido. No hay esencia a desvelar, sino identidad a construir en la que hay sujetos y discursos que se exponen: su hablar es una apuesta en el gran escenario de la vida social.

Exponer, exponerse, tanto en la palabra, como exponerse a correr un riesgo. Una persona y su discurso: mi convicción es que debemos reestablecer y defender el derecho a ser actores, esto es, tener la voluntad de protagonizar la propia existencia. Si nos dedicáramos confiadamente, si tomáramos el riesgo de descubrir lo que somos en el mundo inmediatamente dejarían de existir los directores o guionistas, cada uno sería dueño de su actuar. Es por ello que descubrir privadamente una identidad personal, así como el hecho de un destino personal, es un fuerza política de grandes proporciones.

La función continúa. Insistir en la necesidad de la teatralidad es lo que llamaría una dificultad necesaria. Así se forma. Nos formamos.

+

Continúa a la vuelta



adolescencia, o crecer
Julio 29, 2009, 5:47 pm
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Ya con los primeros signos de razón, tenemos que intentar hacer del mundo de nuestros padres, en el que fuimos engendrados y nos hicieron nacer, nuestro propio mundo, cada uno para sí y cada uno siempre, totalmente, sólo para sí, ya desde los primeros signos de razón, a fin de que ese intento de años, de decenios, pueda hacerse realidad, verdad que es mediante un esfuerzo excesivo, esfuerzo excesivo subrayado, de forma que, al final de nuestra existencia, podamos decir que hemos existido en nuestro propio mundo y no tengamos que ir a la muerte con la vergüenza de haber tenido que existir sólo en el mundo de nuestros padres, porque esa vergüenza es la mayor. Nosotros, el nacimiento produce sólo el efecto contrario, con ayuda de nuestra razón, nos pusimos ya muy pronto y sin ceder y con una fuerza de voluntad cada vez mayor, a esa tarea de separarnos de nuestros padres, a fin de poder decir un día que habíamos existido en un mundo propio y no sólo en el de nuestros padres.

Thomas Bernhard, Correción, p. 193



no anochece
Julio 10, 2009, 9:53 am
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En otras palabras.

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Sigamos las indicaciones. Me veo desde mi propia ventana, seamos justos, la conversación de un pelo largo, dedos pequeños, o simplemente la conversación, las caricias, o simplemente el dormir abrazado, esto es mirar también, a alguien, en alguien, quien ha dado aliento tan tibio, quien me ha dado turno, quien tiene para mi disposición, para mi juego, su vida, su cuerpo, su alma, hasta los tobillos, para lo que es una baratija pase a otro medio, por otras manos, se trastorne en la mirada, y de inicio a una nueva aventura, todo por el primer contacto de una sombra junto a su cuerpo. ¿Será posible?, podría ser una aventura más. Le daría comienzo, necesitaría un ojo, una historia en la cama, puliría mis comienzos, pondría mis condiciones, hasta podría ser amado. Y eso era lo que buscaba cuando me dije en el hielo «Estáte tranquilo». ¡Qué vuelta! ¡Qué evolución de mis viejas costumbres ha sido este nuevo fin de raya! Trataré de estar a la altura, tendré un cuerpo para pararme en el medio. Será mi único medio de conocerme: de conocer y saber lo que ha estado pasando hasta este punto en que voy a encontrarme con un cuerpo que no es mío.



Sobre la tierra está
Julio 3, 2009, 11:14 am
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La entrada es un lugar sin puerta, un lugar expuesto. Las puertas sólo interrumpen. Ser uno mismo ovillo significa ser predecesor y antecesor, generándose, pasándose, como en pleno día en las tablas de arcilla, el joven novio. Países de una silla colgada, tocando el suelo con el talón. Aquí era. La primera mujer desnuda. Ser uno mismo el ovillo, las ciudades en ruinas, las hojas de bronce, cuando todos los seres nos arrastran a cavar nuestro ruido. El más largo camino, la más senda más escarpada, los insectos más inundados, en el espacio, en el truco más reducido, uno mismo. Luego vienen los mayores olores bajo las palmeras. Ser uno mismo el laberinto, el ovillo, una piedra que cae, una concha.
El tipo de ovillo, el vuelo de una grulla. La piedra que cae.
Dejar es dejar la oscuridad. Salir de la escalera. Aquí está cerca, muy cerca. Último escalón.

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¿Quién está ahí? ¿Quién se encuentra ocupando un sitio? ¿Quién tiende la mano? ¿Quién comparece? ¿Quién toma mundo? ¿Quién dice hay mundo? Viste el mundo por primera vez, lo viste ocupar un lugar, lo viste mantener el lugar de siempre: no te has preguntado porqué el mundo sigue haciendo lo que ha venido haciendo. Viste el mundo tal día a tal hora, pero de nada de eso te acuerdas, es un recuerdo que nunca estuvo, y ahora lo ves detenido y no recuerdas que antes de eso, antes de la variación de luz, el mundo se movía, y no estaba al alcance de la mano. Esto, al parecer, es muy usual.
Un despejar.



Hold Time, o lo que es lo mismo: editar
Mayo 15, 2009, 6:30 pm
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*

hold time*

Cómo se hace un café. Lección Primera. Eso es, bravo por aquel que lo dijo. Eso lo digo, eso lo inventé. Lo cuento ahora. Uno, dos, zeta… olvido que seremos, olvido que fuimos. Olvido en lo que estamos. Lección primera. He comprado una estufita de segunda para preparar café, para luego entonces, entonces luego, sí, para que sentándome removiendo disco tras disco, el café ya puesto en el estómago, descubra que este sueño que no llega. Que este sueño que no llega qué. Hay allí una falta que no termino de ver: tal vez porque aún no cae el sol. Es lo más importante, lo que queda y viene. Queda lo que viene. Es lo más importante, al menos para este codo y este dedo que parece escribir. Y lo repito, la suma no cambiará si muevo las cifras a sumar. Resultado = lo que viene después de esto que se escribe y que lo tengo si lo puedo tener en mi boca. Quizá incluso, si hago la consignación bancaria, lo pueda tener en mi casa a más tardar el miércoles entre las 12 y las 3 de la tarde. Tanto ha pasado con la historia y el pasado, con lo que hemos sido, pero acaso esto que se alarga, algo más que un muñeco de torito triste, me diga, ¿Y qué? Deseo aún, mano y sombra de lo que se va a decir. Deseo de lo que está por decir. Pues bien, ¿y qué? Te he acorralado.Y lo que digo y lo que decía de mí cuando me dije, No veo mis piernas, era la no novela. Un no escrito, un no escrito por un no alguien. De nuevo: hay niebla, baja está la almohada esta noche. Viene la pena. Ya lo tengo resuelto, Importa poco el dolor de ahora porque siempre van a venir otros. Ahí está, Nada preparado. Importante el recuerdo… Sí, sí, lo recuerdo, y que me sea importante el que también siendo nosotros se haya metido bajo la ducha fría. Segundo café. Aunque me lo digan el tema no es vulgar. Prefiero la humedad, el óxido, y el ´úsela como último recurso´, prefiero la mano que se llena de humo y ceniza. Antes que estos modernos mecanismos con su alma de botón: con su pobre ritual de encender un fuego. Alto. Viene el asunto a) los fósforos se necesitan para que el gas pase con papeles la frontera, b) el gas atraiga a la llama, ¿o es al revés?, para que entre ambos manoseen el culo de ollas, sartenes, huevos fritos, etc. c) café. ¿Y los fósforos? Me pregunta el viejo, la vieja chatarra, que para este tiempo y época ya tiene voz y voto en el asunto. Eso mismo, ¿los fósforos?, me pregunto, con la sospecha confiadamente puesta en mi hombro. Los que me leen creerán que no es cierto que en mi barrio no existen los fósforos. No es cierto. Es cierto que tan pronto salga por ESA puerta, ¿la llegan a ver?, cuando salga por ESA puerta a comprar fósforos ya no volveré. No es posible seguir, seguir, seguir, y seguir. No he conocido al primero que haya vuelto. Hubo uno, de apellido Conejo, ¿se acuerdan?, que nunca volvió a casa y no eran fósforos lo que iba a comprar. Ya me entienden, ahí me tienen. Los fósforos no existen, porque ya nadie vuelve a su casa cuando va por ellos. Y el árbol sin espectador en la selva no existe. Y sin árbol no hay selva, y sin selva no respiramos. Me devuelvo por donde venía… y si no vuelvo no pondré el café, y si no lo pongo nunca va a estar. Y si no está, es como si yo no estuviera. Porque sin café es no levantarse por las mañanas. Y por las mañanas estoy en piyama. Y mi piyama es… no señora, sí, usted: usted bien sabe lo que es la piyama de este joven historiador. ¿El título del libro? Como no, señora, ¿o señorita?, ya se lo digo: ´Desde que amanece, estoy a bordo`. Pero es una obra inédita, lo que quiere decir, no publicada. Como cuando uno está en piyama. Pues bien, eso es no tomar café por las mañanas: que no me publiquen, porque estoy impublicable. No hay, no existe: tampoco he salido. La historia de mi vida, o como la historia de mi vida. Llegando en mal momento. Llegando muy temprano o demasiado tarde. Sorprendiendo a las personas con los pantalones en las manos.



y si no me gusta perder
Marzo 23, 2009, 9:23 am
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Había una vez un pintor que cuando leía leía un hombre enroscado dormido a una mesa, y cuando dormía profundo soñaba con monstruos. El pintor se llamaba Goya, el durmiente razón. Pregunta: si los sueños de la razón dan monstruos, ¿qué dan los sueños de la sinrazón? ¿Qué daría la vigilia de la sinrazón si el durmiente no quisiera estar más dormido? ¿Qué es estar dormido? ¿Y quién no está nunca despierto?
Conjunciones -

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píntame el día
Febrero 22, 2009, 9:40 am
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Estoy desarrollando un programita que el Colegio me pide para dictarlo en forma de taller todos los miércoles. No se me ha ocurrido otra cosa que llevar todo lo que me interesa, motiva, fascina, inquieta, de lo que siento curiosidad, a este espacio. Este es el documento que escribí para iniciar el taller. Buena Fortuna.

*

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«Buscaremos, pues, como si fuéramos a encontrar, pero nunca encontraremos sino teniendo que buscar siempre». San Agustín

Es este un borrador, una tentativa, y sirve como documento inicial del taller: inicial porque es una declaración de principios de parte mía. Es decir, del guía, no del profesor. Sólo con ese propósito hay que leerlo. Es un borrador que cada uno de ustedes puede cambiar, enriquecer.

Por alguna parte hay que empezar…

No creo que la escritura sea la realidad, se parezca a ella, la simule. No creo que la escritura sea la verdad: pero se le parece. De la forma en que viendo a través de la palabra un solo momento, aquel instante importante, empieza a ser recalcada como una de tantas maneras de ver la realidad. Sin embargo, la escritura, o el proceso mediante el cual elaboramos un ensayo, subvierte a la realidad misma: lo que nos queda es la realidad como una más entre otras posibilidades. Y no como la realidad, y sólo una realidad. La escritura tiene ese añadido: frente a ella cualquier objeto, cualquier posesión pierde su carácter de restricción. No hay realidad, como no hay razón restrictiva y unidimensional. Y es ese parecerse a la realidad, esa acción que hace cambiar a la realidad: lo que re-crea. Y es ese volver a hacer lo que nos interesa. Porque volver a ver, quiere decir volver a reunir, volver a juntar de otro modo. En una palabra: en relacionar. Con la música, con el arte, con la poesía, con lo que cada uno puede aportar desde el fondo mismo de lo que nos toca. Desde el fondo mismo en el que se nos va la vida. Es ese buscar lo que interesa en este taller: que consistirá en una exploración por los universos que habitualmente quedan fuera del registro de los medios. Un taller para saber contarlos. Un taller para poder desarrollarnos como cronistas de lo cotidiano, queriendo con el término de cronista romper con la rutina. Porque la rutina es terrible, porque la monotonía mata más que cualquier guerra.

Segundo punto: Todos somos noticia, aunque estemos lejos del poder.
El poder: se tiene para abusar de él: pero también se cuenta, se escribe con el fin de que cambie de manos. De que lo empleen otros. Porque finalmente es el poder, aquel que lo tiene, el que hace noticia y la hace describir a su acomodo. Los fuertes son los que hacen la historia: también la escriben. La hacen escribir. La pregunta sería: ¿de qué forma escribiendo dejaríamos de ser cómplices con el poder? Y no hablo únicamente del poder político. Hablo una vez más de la monotonía, de lo gris. ¿Cómo pintar al mundo, llenarlo de color?

Se pretende trabajar el color. Y es el tercer punto.
Aprender a ver distintos tipos de abordar las realidades que se encuentran por fuera del poder. De lo que nos dice lo que es la vida, de lo que nos dice es la única vía a seguir. ¿Cómo contar un color naranja, un color verde: uno violeta? ¿Cómo contarlo y transmitirlo a un público más amplio: y transmitir para persuadir. Para, una vez más, pintar al mundo. Cada participante desarrollará la descripción de uno de estos mundos. De estos colores: se abrirá la paleta para pintar un cuadro; para aprender a describir una realidad específica. Particular, específica, porque por algún lado hay que empezar. Uno de los puntos centrales sobre el que se quiere profundizar se centra en incluir la mirada subjetiva de quien escribe y de quienes protagonizan la historia que se cuenta. Por eso mismo el carácter personal de este propuesta. Emplear el pronombre propio es asumir responsabilidad: es ponerse en el centro del debate. Es ponerse de lleno: es rellenar con color al mundo. No me gustan las fórmulas de manual que nos dicen que el periodista, o aquel que ve las realidades que lo envuelven y circundan no debe sentir la información sino sólo transmitirla. Creo más en un proceso de comunicación, de compartir, de generar un espacio de diálogo con el público, y estoy convencido de que eso sólo se logra desde la honestidad y desde el desarrollo de escritos que
trabajan las sensaciones de las. De lo que está moda. De ahí mi insistencia de que nos olvidemos del mundo durante las horas que trabajemos en el taller.

De nuevo, y en breve:
lo que vemos y nos sorprende, lo que está donde no debería estar, las lógicas que están a nuestro alrededor sin que seamos del todo conscientes acerca de sus funcionamientos. Nos entusiasma sentarnos a escribir sobre nosotros y nuestro contexto, sin necesidad de pensar que noticia es lo excepcional, lo que le pasa a los otros. Todos somos noticia, porque somos parte de este mundo. Y todos somos posibles personajes ficcionales, personajes posibles para un ensayo, para una novela, para una crónica, porque cada uno genera acciones sobre los otros: como sobre sí mismos.Si la noticia periodística, si el ensayo, si todo aquello que escribimos respondiese únicamente a la tarea de informar, no tendría mayor interés. Es porque existe alguien detrás, pero también adelante, a los lados: es porque, pese a todo, seguimos siendo seres de carne y hueso, por lo que escribir es tan importante: es algo así como reunir lo mejor de nosotros para transmitirlo a alguien. Pero también lo malo…

La propuesta consiste en alentarlos a adentrarse en un modo singular de contar lo real que priorice tanto el acontecimiento como los contextos y las miradas del redactor. El equilibrio entre estos tonos, sumado a la apuesta por una escritura intensa, variada, polifónica, se convierten en laidentidad del taller que trabajará sobre temas que interesen, y que tampoco estén al alcance de la mano. Porque hace falta una buena labor de investigación. Y es intensa, porque no está mal, después de todo, tener la esperanza de cambiar al mundo. Lo siguiente sería: ¿qué es y qué clase de mundo es este?

A trabajar:
- Discutir este documento
- Luego: taller de fotografía. Lugares habitables e inhabitables.
- Cine-Foro: La Ola, Dir. Dennis Gansel
- Etc.
-