veo las noticias, hojeo el periódico: estoy en la calle. Me doy un pellizco fuerte, solo para saber que esto es lo real, y lo estoy viviendo. El mundo lo veo clarísimamente, pero si la realidad es esta que toco, que veo, que mascullo, que me aplasta, no la entiendo. Aquello real no lo entiendo.
Tal y como me expreso debería estar internado en un psiquiátrico. Para mí otros son los que tienen la razón; otros los que diferencian claramente el bien de mal. Para mí son otros los que entienden lo que pasa ahí afuera. Para mí nada de esto tiene sentido. Para mí la realidad debe pasarla muy mal, porque veo como la apalean para que entre en los planes de trabajo, familia, y vacaciones. Yo no entiendo nada de eso.
Tal y como actúo debería estar internado en un psiquiátrico. Me tumbo a mirar cómo el viento sigue las líneas de mi corazón. También escurro la baba cuando algo me entusiasma. Y cuando algo, un poema, una canción, sí, sobre todo la música, me abandona al gusto y a la libertad de no saber. ESto lo entiendo. Entiendo el abandono.
Entiendo que abro la boca cuando el mundo que tengo delante me embota, me invita a verlo, a recorrerlo todo. A sentir que formo parte, que es mi casa, y son mis muebles: pero como lo haría un dueño que sabe que eso se termina, que él también se termina, y por eso hay que cuidarlo. Acabo de nacer.
Siempre busco las necesidades, las crisis, las desgracias, tengo maderita para hacerlo. Porque siempre es estando en el propio límite cuando se revela lo que no estaría dispuesto a dar: ninguna renuncia es total. Hay cosas que nunca se debería dejar pasar. Como no quiero dejar pasar el seguir diciendo, el seguir contándolo como si fuera la primera vez.
No doy nada por sentado. Corro para siempre el sillón que se me ofrece. Quiero estar de pie, o bien tumbado. No quiero el sillón académico que se me ofrece. LOs bonos, el descanso. Quiero largarme, y mordisquear todo a mi paso.
Me gustaría escuchar una historia que me conmoviera muchísimo. ¿Se animan? Sería como los guiones que Entrenómadas nos deja de tarea.
Podría empezar con un dibujo que luego se revelará. Algo así,
y esta otra me sabe a debilidad, a fragilidad: a ese gesto que se hace cuando uno está queriendo saber a qué sabe el trozo que se acaba de meter en la boca.
En todo caso: saber a qué sabe es casi decir sabe… a nada. Pues termina uno comparando con algo que estaba antes. Es decir, se reduce…
