Guardado en: escribir
Llevo alrededor de un año empleando la mayor parte del tiempo escribiendo, o tratando, mejor, de escribir poesía. Estoy exhausto. Escribir, tratar, mejor, de escribir poesía es fatigante: por lo difícil, por lo poco amable que es el verso. Veo como los poetas se enferman, enloquecen: enfrentarse al papel para poner un verso… no nunca lo pones, nunca lo eliges, tampoco viene: tienes que ir a cazarlo, a atraparlo, y en esa aventura el espíritu comienza a agotarse. No es nada bonito y de muñecos escribir poesía. Es un oficio peligroso. Solo cuando paso a la prosa siento que puedo divertirme, que puedo hacer y deshacer sin problema. En cambio con la poesía todos los días es una nueva prubea de supervivencia en la que hoy se prueba el valor de lo hecho ayer, y como la gran mayoría no vale nada, porque todo se ha desmoronado durante la noche, hay que volverlo a hacer: y llega el siguiente día. Llega mañana. Escribir poesía es propio de cuerpos fuertes, de gente paciente y loca, pues la salud se resquebraja. La salud se deshace y se escapa: sale por la puerta. Con ella se va también la cordura.
Y es por ello que mucho de mi estado, de mi melancolía que aquí dejo en forma de entrada, es el estado que me causa la lucha constante con la poesía. La poesía es verdaderamente mi enemigo, antes que mi cómplice. Si insito en ella es porque a veces gano, por momentos gano y avanzo un poco: un centímetro en mi búsqueda. Porque para mi el gran misterio del vivir, si, aún es un misterio para mi; me corrijo debe ser un misterio, no tiene forma de noticia o de estadística, cuanto de verso. Entre más oscuro es un verso, más oscuro ha debido ser la lucha con la poesía. Los versos son los menos fieles y pacientes. Son rencorosos, vengativos. De ahí mi poca energia para reconocer en otro su poesía: porque leer poesía también es una lucha. Escribir bonito, no es poesía. Escribir poesía es un viaje por el Ser, sí, en mayúscula, en el que no se sabe si se regrese. Leo muy poca poesía precisamente por eso, porque a veces no está allí el rastro de haber luchado, cuanto el de escribir bonito, y que por eso paque bien. Cuando lo menos complaciente es la poesía. Un poesía que no derrita nuestra lógica, y sólo nos haga reír, es una tontería. Siento crecer mis cuernos…..
Y ahora trato de curarme de esta ansiedad de quienes han esperado demasiado. De quienes lo han arriesgado todo. De quienes han alimentado un deseo y una esperanza y se han entregado a ella de la mejor manera. Ahora trato de curarme de esta melancolía que trae la soledad de quienes no importa el qué lo han levantado del polvo, dejándolo metido en el bolsillo por un momento. La soledad es la recompensa de ese intento: y la ansiedad una de sus mayores trampas.
¿Qué, pues, para poder abrir un ruido cualquiera en marcha? Prudencia. Cómo decía el poeta, el más fabuloso y desconocido. Al que hay que abrir la boca para llenarla de frutos aromáticos.
Y no es que un hombre no esté triste, pero levantándose antes del día y manteniéndose con prudencia en comercio con un árbol viejo, apoyada la barbilla en la última estrella, ve en el fondo del cielo ayuno grandes cosas puras que giran a placer…
Esta entrada no requiere explicación alguna: es la descripción de una búsqueda constante. La búsqueda de la identidad. Todo el mundo juega con los dedos cruzados….
Iba a dejar una de Cohen pero como Iron Maiden, uno de mis primeros amores, está en Btá, nada: pues a darle. Fui metalero en la época que tocaba. Sí, cuando me vi la última telenovela que ha valido la pena. Bien rosa, y de muchos mocos. (Por esa época era bien malo, me pintaba, miraba rayado, y me gustaba todo lo oscuro. Y andaba lejísimos de las mujeres: qué diferencia al de hoy. Pero la música, ah, pero la música….. )
Phantom of The Opera
Invaders
Purgatory

