Lo que ahora me gustaria es saber de ti de forma indirecta. Me gustaria verte pero en otros, reflejada en otros. Me gustaria ver, verte, pero como te ves en otra cosa que un espejo. Lo que me gustaría es saber, quiero saber, pero me gustaria saber que estás bien, que todo va bien, que los negocios no se han concluido. No quiero verte en un espejo, no quiero los recuerdos. Ésos, y tales, recuerdos hacia adelante, hacia lo de ahora. No los recuerdos, y lo que ha quedado, y lo que quedó. No el tiempo hacia atrás. Atrás ha quedado: fue, fue enamorado. Quiero el tiempo que es viento, viento que hace volar todo, y que se escapa por la ventana. Dejo la ventana abierta, yo mismo llevo la ventana abierta. Yo mismo soy la ventana abierta. Saber, saber de ti, pero como si el viento, el movimiento, la acción es un viaje de carretera, y entre hablar y escuchar no llega todo, algo se pierde. Saber, saber de ti, pero sólo saber que estás. No que aún tengo sitio, no que aún tienes sitio. No es lo mismo ser, que estar.
Está bien, accedo, puedes verte en un espejo, y que yo te esté viendo de lado. Pero el espejo ya lo he reteñido. Y nada puedes hacer. Detalles pequeños, cosas tan grandes, ya lo veras, para olvidar. Noche a la noche, la ventana no la voy a cerar, hace frío, me dices, pero quiero la ventana abierta. No muevo, te doy todo, pídeme todo. Pero no cedo en esa pequeña condición. Está bien, es deseo de idiota. O estúpido. Ni el largo lápiz con el que escribo sirve para cerrar del todo la ventana, o para abrirla del todo. Pero a mi me sirve recordar y no recordar: todo a la vez.
No es lo mismo estar, que ser.
Tomar nota: ¿hace cuánto no me pasaba por la cabeza: debía hacer el amor con Magdalena? (Cuando se me sale la euforia, es muy, muy difícil controlarla).
Uno - Pensar antes de hablar. Es una total pavada: qué tontería estar pensando todo el tiempo lo que viene a continuación. Todo por el miedo al ridículo, a lo cursi. Cuando pensamos hacemos una clase de balance, y de chequeo fronterizo: qué sale, qué no. Quién entra. Pero hay una forma, es lo que me interesa, en el que sin pensar se empieza a escribir. Cuando se está al borde. Cuando se está incómodo: cuando viene o ha venido la catástrofe. Creo en esto. Me gustan los problemas. me gusta lo que me pone a prueba. Debería ser ley. A lo que iba.
Hasta ahora, creo yo, siempre ha habido un corte parecido en la literatura: un catálogo excesivo de lo que es la materia literaria. Hay orden, hay reglas, y hay un peligro si las rompes. Todo deber ser entendido. Ésa es la regla. Debes escribir para que el público digiera. Sí, y luego al baño. Es este es un juego peligroso: porque el simulacro de lo ordenado, y de lo que va, no deja de ser otra realidad pegada. Y esta realidad la mayoría de las veces es cómoda. No va más allá de lo que es el movimiento más interesante de la literatura: su negación.
Hay que aprender a caer. Es lo que quiero ahora. Quiero aprender a dejarme a caer, y escribir de ello. (Ejemplo: en el caer, creo yo, todo esto va de hipótesis, viene lo cursi, y lo ridículo. Y lo que está detrás, lo que no dejamos salir, no es que sea indecible, es que el lenguaje es distinto: es algo brutal. Es exagerado. Viene por el lado de… tan lejos de ti me voy a morir. Es decir, puede que no sea tan cierto que nos mate el amor: pero la idea me parece muy buena. Esto, y que las experiencias-límite me entusiasman. Yo sí que quiero morirme de amor. ¿Acaso sólo la muerte nos lleva: nos puede matar? Ojalá: por ahora el ejemplo viene del insondable bolero Hoja Seca. Se escucha abajo.)
Dos - Conozco de oídas lo que es la novela Nocilla Dream. De oídas porque no sé si alguna vez llegue un ejemplar al lugar en el que vivo. Me gusta la idea. Difiero en cuanto a la forma. Es decir: nadie puede negar que estamos atravesados por la informática, pero no creo que baste escribir formulas matemáticas para reinterpretar lo real. Creo que es bueno ir al hecho mismo de que el decorado informático nos tiene contaminados. Y tal vez estando ahí podamos tener un nuevo lenguaje. (Tengo que añadir que al ser de oídas lo que digo puede ser una burrada. Sin embargo el motivo me sirve: se crece en contraposición).
Al conocer el efecto de la Matrix, que no es sólo la peliculita, podemos revertirlo. Siendo teórico, pero a medias: corriendo el YO intento dejar de ser una víctima de lo que me envuelve. Una víctima del decorado. (Estoy siendo oscuro. Muy bien, pero hasta ahora estoy pensando a ver esto. Por otro lado. No hay nada de malo en hacer del lenguaje un no durmiente. Y eso no es necesariamente un lenguaje poco claro. Ahí está: hay que mover el YO. Hay que situarse en lugares incómodos).
Todo esto para,
Tres - Estoy solo. Eso quiere decir: me he cortado al rape el pelo. Comienzo una labor de asceta. De perder, y de tirar; de abrirse y de hacer ayuno. De anular citas, reuniones. De llevar la energia a un solo punto: de tenerla sobre la mesa. Hay también esto,
escribir es una renuncia: es la renuncia a escribirlo todo, a decirlo todo. Escribir es el corte hecho con los dientes a la realidad. Nada de cortes finos o rectos: es la clase de corte que te rasguña los tobillos cuando estás bajo las cobijas. Escribir es renunciar a lo que no se puede escribir.
Si alguno la leído la novela Nocilla: es hora de que me lo digan. Quiero oír. Quiero oír.P.D. Llevo unas 10 mil palabras: estoy averigüando si puedo hablar.
He comprado una estufita de segunda para preparar café. Para luego entonces, entonces luego, sí; para que sentándome, removiendo disco tras disco, el café ya puesto en el estómago, descubra que la mayoría de las veces no son errores de interpretación, sino cagaditas de mosca. Patas, ilusiones e intercesiones. Historia es cuando comprendemos lo que ya no importa. Como esto: en mi barrio no existen los fósforos.
Aunque me lo digan el tema no es vulgar. Prefiero la humedad, el óxido, y el ´úsela como último recurso´; prefiero la mano que se llena de humo y ceniza. Antes que estos modernos mecanismos con su alma de botón: con su pobre ritual de encender un fuego. Alto.
Viene el asunto a) los fósforos se necesitan para que el gas pase con papeles la frontera; b) el gas atraiga a la llama, ¿o es al revés?, para que entre ambos manoseen el culo de ollas, sartenes, huevos fritos, etc.; c) café. ¿Y los fósforos? Me pregunta el viejo, la vieja chatarra, que para este tiempo y época ya tiene voz y voto en el asunto. Eso mismo, ¿los fósforos?, me pregunto yo, con la sospecha confiadamente puesta en mi hombro. Los que me leen creerán que no es cierto que en mi barrio no existen los fósforos. No es cierto. Es cierto que tan pronto salga por ESA puerta, ¿la llegan a ver?; cuando salga por ESA puerta a comprar fósforos ya no volveré. No es posible seguir, seguir, seguir, y seguir. No he conocido al primero que haya vuelto. Hubo uno, de apellido Conejo, ¿se acuerdan?, que nunca volvió a casa, y no eran fósforos lo que iba a comprar. Ya me entienden: ahí me tienen. Los fósforos no existen, porque ya nadie vuelve a su casa cuando va por ellos. Y el árbol sin espectador en la selva no existe. Y sin árbol no hay selva, y sin selva no respiramos. Me devuelvo por donde venía… y si no vuelvo no pondré el café, y si no lo pongo nunca va a estar. Y si no está, es como si yo no estuviera. Porque sin café es no levantarse por las mañanas. Y por las mañanas estoy en piyama. Y mi piyama es… no señora, sí, usted: usted bien sabe lo que es la piyama de este joven historiador. ¿El título del libro? Como no, señora, ¿o señorita?, ya se lo digo: ´Desde que amanece, estoy a bordo`. Pero es una obra inédita, lo que quiere decir, no publicada. Como cuando uno está en piyama. Pues bien, eso es no tomar café por las mañanas: que no me publiquen, porque estoy impublicable.
Muchas gracias,
(Favor remitir en sobre un fósforo).
Y qué hubiera pasado si no te hubieras ido: qué hubiera pasado si no te hubiera dejado ir. Qué hubiera pasado si en vez de un SÍ, cambiando de mano, hubiera puesto en las tuyas un NO. Hoy no tiene sentido: ahora no es cuándo para preguntarse qué hubiera pasado. Qué hubiera pasado si te hubiera contado que para mí no vale, que para mí no valía si no me veía a diario en la fuente de tus ojos. Qué hubiera pasado si en vez de estar en mi puesto, de llevar la capa y la máscara de adulto, me hubiera ido corriendo detrás de ti: qué hubiera pasado si te hubiera dicho, Que el futuro, que tú futuro, también el mío, no es nada si ya no me veo a diario en la fuente de tus ojos. Y se dice cuando no se debe decir lo que estoy diciendo que es un sueño de trapo. Porque se limpia y se limpia, pero queda la mancha. Yo no sé si me arrepiento: lo que sí sé es que estoy manchado.
Estoy manchado, y aún sigo siendo curioso. Porque me digo no entiendas, no quieras saber, no marques el número. No vayas donde va: no vayas donde todo te recuerda; donde todo está señalado para que recuerdes. Pero es mucho más grande que yo. Es mucho más grande, y me abarca, y me aprieta por debajo. Todo se me ha vuelto, todo se me ha vuelto, todo se me ha vuelto… Todo se me ha vuelto una repetir la misma imagen, el mismo mover de labios para decir adiós. No está mal, para quien, como yo, olvida fácilmente. Es mentira que se olvide. Yo, más que nadie, no olvido.
Françoiz Breut - Km83 (un hit: canción algo peligrosa)
Estos poemas se llaman retazos. Porque es lo que ha quedado, es lo que se ha quedado sin lugar. Es lo que he sacado de lo que escribo. De lo que ha quedado en otro lado. No quiere decir que sean buenos, o malos; no sé, no me gusta ver las cosas de tal forma. Simplemente se han quedado atrás. Como nosotros. Además, admito que la idea de los retazos, la idea de los fragmentos unidos para que surja una colcha, una colcha para arroparse, me gusta mucho. Me gusta mucho. La repetición, de nuevo.
Pero este cuento mete sus notas al bolsillo:
es culpa de quien guarda lo dicho.
¿Quién haría: quién tocaría la seguridad de
aquello que nos guarda?
Pero este cuento que llora
sin lágrimas,
que ríe sin risa: que camina entre un
último y un tercero.
Porque con él cae el tiempo
sobre una mesa: con el cae el tiempo
sobre una mesa. Y no es repetir decir
lo mismo. Porque lo mismo
se ha vuelto un pasar de prisa.
Pero este cuenta que toma
y tomó un baño de
arena. Pero este cuento
mitad cuerpo. Mitad hombre
de manos desnudas.
Mitad corazón, todavía,
como la huella justa al alcance.
Pero este cuento que dice
ser el último. Y que ya no camina,
porque se hace aprisa.
Este cuento que dice: «aún si fuera
el último, y me estuviera
hablando, diré de los que
viven en el mundo, que mi
presencia hunde su cráneo
en caída tan larga. Conmigo cae
el tiempo. Y si la muerte llama:
si la muerte llama a su estado
definitivo irán las líneas de
mi palma. Si la muerte llama iré
a recostarme junto a un
árbol sin sábanas».
Últimas paladas
de la tarde. Última testa,
último cráneo de hondos
seres. Tantas sombras,
sombra, esencia en
mí temblando. Estaré al acecho:
quién pasará, quién
prorrumpirá con su aroma de
virgen. Y yo, un cuento,
arroparé cuando haga frío.
Calentaré cuando esté crudo,
y haré de nuevo sonar una ala en
el espacio.
- Si me pusiera a pensar la mitad de las cosas que hago, no haría nada. Cuando escribo un mensaje me parece lo mejor del mundo; ya después me da un poco de vergüenza. Sólo después veo que está muy loco, y que hasta dará miedo. Sólo después pienso que no estuvo bien haberlo escrito y haberlo mandado. Pero si me pusiera a pensar no haría nada; haciendo es que me da vergüenza. Prefiero eso a la indolencia. Además; menos mal lo he hecho. Es algo que no se piensa mucho. No se entiende que es mejor hacer, y embarrarla; a no hacer nada. Yo siempre me quedo, y hago y, por supuesto, la embarro mucho. Nunca salgo corriendo.
- Escribo a diario varios correos. Por algún lado se debe hacer algo bueno por la gente. Creo en la bondad, y en la generosidad. Puede que esté loco, y se me vaya la mano en las dosis. Hay gente que me suele perdonar.
- Creo en la promiscuidad tanto como creo en el amor. La promiscuidad ha estado satanizada: pero son éstas experiencias-límite las que educan. Las que hacen que soltemos el ancla, y podamos saber qué somos, y de qué estamos hechos. La promiscuidad, creo yo, ayuda a saber cuándo se debe decir no. Cuando sí.
- Educar es llenarse de prejuicios. Educar es cambiar los antiguos, por unos nuevos prejuicios. Por ello una buena educación sería la que permite una constante entrada y salida de prejuicios.
- Sobre las mujeres… desde hace tanto quiero escribir sobre ellas. No sería nada teórico; tampoco descriptivo. Sería una especie de dogma. Por aquello de, Quien duda, pierde. Quien no está seguro, no consigue nada. Escribir sobre las mujeres, o tratar de hacerlo, sería perderles el miedo.
- Creo mucho en la promiscuidad; más de una tara se ma ha ido gracias a ella. Y sin embargo, nunca he sido infiel. La fidelidad es propia de quienes confian. El amor, es algo así… confianza. No creo en la promiscuidad dentro del amor de pareja. (No estoy seguro de explicarme muy bien en este punto. Pero es que esta es una idea: no un axioma).
- Sigue la catarsis: han vuelto las lágrimas. Ya era hora, digo…
Ninguno de mis amigos cree que sea un apasionado del bolero; cuando ya mi carácter es eso: está para eso. Mi carácter es exagerado y lo quiere decir todo de una sola vez. Quiere quemar naves hoy mismo, en este instante. Y no dejar nada para después. Porque el bolero es un gran corruptor: hace creer que todo es posible. Que las cosas vienen a manos llenas, que se acercan; que se puede interpelar a dios para que no deje ir a ese amor. Que se le puede pedir a los relojes que no marquen las horas para que nunca llegue mañana: para que siempre quede esta noche. Los boleros hablan de reinvenciones, de resurreciones, de destierros, de amores, de desamores. Por principio el bolero es un corruptor; el bolero es feo. No es complaciente: siempre nos dice, ¿Y es esto todo lo que puedes dar? El bolero es feo, y la nota aquí es importante, porque no he conocido el primer intérprete que no sea feo. Ejemplo. Felipe Pirela, Tito Rodríguez, Jorge Negrete, Los Tres Ases, Los Tres Panchos, Javier Solis; etc. Es este ya un prejucio que sobrevuela al bolero: entre más feo el intérprete mucho mejor. Por eso cuando veo a Luis Miguel….. todo me suena a falso. Es como masticar chicle para matar el hambre. (Perdón).
Ningunos de mis amigos me cree; lo cierto es que paso extensas temporadas escuchando bolero. Aquellas en las que estoy de lleno en la poesía. Yo no leo poesía, ni siquiera por temor a la influencia, que para este tiempo y hora está demás. No leo poesía porque es todo un mundo el que está allí: con unas pocas líneas de Saint-John Perse basta. En cambio al escuchar bolero entro en un campo que, empleando una palabra completamente viciada, pero no por ello equivocada. Con en bolero me codeo con varones. Con aquello hombres, y mujeres, por supuesto, que van hasta el final: hasta cuando sale sangre. Porque siempre he creído que la poesía es… fea. Tal y como entiendo el bolero: hay romance, hay conquista, hay sueño; pero todo ello al lado de la muerte. Jugar con el bolero, con la poesía, es jugar con fuego. Por eso no leo mucha poesía; con un solo fuego basta.
El siguiente bolero ha iniciado una de estas confusiones que celebro, que me gustan, y a las cuales siempre invito. No me gustan las conclusiones. No sé ni por dónde voy a empezar, y creo que no lo voy a hacer, porque seguir las pistas es mucho mejor que entregar a la policía el mayordomo. Lo cierto es que,
Ibrahim Ferrer - Cómo Fue
Sí, queridas Magda, y Lucía, es éste el bolero del que les he hablado y que por mi culpa ha resultado en un intercambio de temas, de vídeos, de visitas. Es ése el bolero, que tanto me gusta. Es la última interpretación que más me ha gustado. La letra, ja, la letra; qué poco dice la letra. Aquí hay sólo sugerencias: basta asomar la cabeza. Se las dedico; no sé si hayan escuchado esta vesión antes: pero me da ilusión el que sea yo el que se las presente. Bienvenidas.
Y sigo.
Hace muy poco Lucía me dio una gran sorpresa. En su blog y en un comentario aparecía una notica, Para Andrés, espero que te gusten los boleros. La nota me conmocionó. Para hacer algo con los nervios le deje a Lucía una canción, llamada Silencio, que hace parte del vídeo-documental que realiza Win Wenders de un grupo de músicos de cuba que solían tocar en el Buena Vista Social Club. Le contaba a Lucía, caray tengo que reconocer me gusta mucho tu nombre, Lucía… le contaba que la primera vez que vi y escuché la canción fue en un inmenso teatro cuya pantalla debe medir por los menos 50 metros. El lugar es el Teatro Libre, cuyo nombre delata aquello para lo que fue hecho. Para el teatro. Digo esto porque la disposición de las sillas está dirigida hacia abajo; con eso todas las voces y los movimientos de los actores no pierden detalle. Entonces en el momento, ya pasando los días; en el momento en que voy desprevenido a ver a los músicos estoy casi tocando el techo, y con los parlantes envolviéndome. Y empieza a sonar Silencio. Las lágrimas, palabra, caían de las tribunas. Es distinto ver el cine en una pantallita de 20 pulgadas; a hacerlo en una pantalla de 50 metros rodeado de 100 personas, y todas llorando de emoción.
… todas, toda esa gente, y yo con ellas, llenándose de rumores de memoria. El tema no lo conocía. Golpe mortal. Porque para aquel que por primera vez escucha un tema, un momento, semejante tema, no le queda otro remedio que contestar esta pregunta: ¿qué voy a hacer después de esto? Por ahora, Piensa en mí. Sí, eso también lo voy a decir. A Almodóvar le debo algo. No me gusta mucho su cine, y sé que mi amigo Alfredo no es un adepto tampoco; sin embargo la versión que hace de la pieza magistral Piensa en Mí, es de las que más recuerdo cada vez que me acuerdo de esa canción. Esta Luz Casal parece haber nacido para cantarla.
Sin más preámbulos aquí va el vídeo; luego el audio.
Silencio -
Ajá, y el de la guitarra, es Ry Cooder. Sí, por ahí está el sobrino de Cachao. ¿Cómo es posible; qué se untan estos cubanos? Eso ya no es componer; es que se les sale; se escurre. No puede ser. ¡Qué envidia!
Ibrahim Ferrer/Omara Portuondo - Silencio
Me despido.
Adiós, y que el bolero los corrompa. (No olvido la nota de Francisco: sí, no se puede llorar frente a una pantalla, a una tele. Llorar se hace en silencio, a oscuras. En los viejos teatros que derrumban cada tanto).
Sencillo: hay gente maravillosa afuera. Sencillo: es fácil abrir un blog. Sencillo: tal vez yo no sea bueno poniéndoles nombres a las cosas. Sencillo: nunca me limito. Sencillo: somos personas, y parece ser cierto que estamos hechos para encontrarnos. Sencillo: el amor, el de pareja, entre amigos, hacia animales, hacia… etc, es como el agua; nada ni nadie lo detiene: busca cómo salir. Siempre sale. Sencillo: hablar es fácil; saber hablar, saber mover los labios; hablar siempre está demás. Pero hay algo en este mundo que parece sigue funcionando; la capacidad de ver, de sentir las cosas, la cercanía, a través del tiempo, del espacio, de alguien, de los otros que son como uno. La premonición; la simpatía. Qué este lejos, pero que pueda pasar a través de la pantalla. Sencillo: por qué, amor. Porque es más amplio, y este parece ser el motor de las reinvenciones; o al menos de mis reinvenciones. Y ahora; ahora es tan cierto: con unos cuantos correos me he dado cuenta que es como lo pensé; somos muy parecidos. Mónica es de lafamilia.
Y yo… esto que sigue no es tan sencillo: una de las cosas que poco se sabe es rendir homenaje.
Parece que hoy no vienen mis propias palabras a ayudarme. Parece que no están donde las deje, o se me terminaron: o en camisa se han ido a soplar vidrios. Les gusta el ruido y los sonidos a mis palabras. Rendir homenaje es, creo, o empezando a decir algo más: es esta frase: Si vuelves…
Rendir homenaje es volver a husmear, a moverse. Como la tiza que suaviza el taco antes de golpear la bola. No pertenece a ningún lado, no es nada: o sólo un polvo, aquél de la tiza, que se usa para permitir un juego. Para permitir el juego. Si vuelves…
Qué difícil es rendir homenaje sin hacer de ello un empalago. En cambio poner las cosas en su sitio: aquel al que pertenecen. Digo, está bien el amor, y el agrado, pero hay que entrarle, entrar a jugar, y saber dirigir la bola siguiente al hueco. Si vuelves….
Pero tampoco importa, qué digo, está bien equivocarse porque parece ir también en la gracia de rendir homenaje.
A veces vuelvo.-
Desde cuándo podemos considerar a alguien amigo, amiga. No sé, simplemente me siento como si volviera a hablar con una amiga. Esta vez con,
Todos tenemos en algún momento de nuestras vidas un estado de perdida absoluta, que suele devenir en una catarsis personal.
Para mí lo fue la gestación de esta obra. Está escrita con un reloj que dejó de marcar y mover hacia la derecha y giró al revés y mucho más rápido de lo habitual.
No tenía tiempo. Los dioses, piadosos en ciertas ocasiones, me otorgaron el beneficio de unos meses regalados y pude terminarla para él. (Para su padre).
Y aunque no siempre se esté escribiendo para alguien, para lograr algo, creo que hay ciertas personas que escriben para sí mismas; para lograr ese momento en el que dejando las palabras afuera… viene otro tiempo. Otro reloj anudado en la muñeca. (Aquí la nota personal; yo por eso dejo de decir por largas temporadas reloj; le pongo relo….)
Bueno; este fue una reseña, no; el principio de una reseña de unlibro que voy a leer. Mónica, ya tienes la piedrita: para que llegué a donde estoy tu novela….
Los que conocemos a Magda Díaz, mejor; los que tenemos la suerte de conocer a Magda, sabemos que es nuestra profe: ojalá hubiera tenido alguien así de elegante, de sugerente, de minucioso. Alguien tan generoso: esta generosidad… eso no se mide. Alli todos los que entran lo hacen con respeto; pero no es este respeto que se tiene a los monumentos. Es un respeto de hacer silencio. Silencio.
No recuerdo muy bien desde hace cuánto la visito: a veces lo hago sin dejar comentario; pero la mayoría de las veces sí lo hago, porque soy muy participativo. Por no decir, metiche.
Ahí está toda ella; un momento, es esta la manera en que, creo yo, se manifiesta y se deja ver su pasión por la enseñanza. Creo que esto…. Si vamos allí… Si revisamos nuevamente…. Si dejamos la impaciencia: una maestra. Para mi, que he pasado gran parte de mi vida aplastando sin mucha gracia pupitres, ha sido importante el conocimiento y el trato con esta tardía maestra. Una maestra que me hace cerrar el pico haciendo que preste atención. Y que yo cierre el pico: me gusta que me cierren el pico. Pues una de las cosas que me caracteriza es la irreverencia; pero también el respeto. Eso es hacer silencio: es mirar de frente. Y para que me quede quieto….
Muchas gracias, Magda. Sé que no soy el único al que tu post, tu manera de compartir, ha cambiado. (Gracias, profe).
Mi pasión por la música, es pasión por el movimiento. No hablo simplmente de la física, de las ondas, y de la matemática; de los números que tomados en conjunto destapan el alma: abren la cabeza para que entre aire. No, no es simplemente LA música, cuanto LAS músicas. Creo que a mayor nivel, a mayor campo para dejar extender la música, es mayor el campo que uno mismo recorre… en interiores. Me explico.
Desconfío de aquellos que escuchan CIERTOS géneros musicales, y no TODOS los géneros musicales. Es esta una costumbre que se sigue de la edad: a tal edad, tal música. Es un prejuicio generacional. Cuando lo mejor; cuando es posible recorrer todas las edades. Cuando es posible moverse por todas las edades escuchando TODO. Escuchar es renunciar; renunciar puede ser estar e ir a otros lugares. Y no sólo uno, no sólo el de siempre. (Desconfío de los que escuchan un sólo género, una sola cosa; un sólo rock, un sólo jazz, un sólo bolero. Yo, por principio, escucho todo, y me dejo llevar. Me dejo llenar).
No hay en esto un afán de escucharlo todo, y no diferenciar. De estar a la moda. Pero a veces es bueno que la seguridad haga mutis. Esa seguridad que da cuando escuchando lo que se considera bien hecho se le niega el paso a lo popular, chambón, a lo rebuscado, a lo melifluo, azucarado; a todo eso. La música, como todo producto humano, es de élites, es hecha de unos para CIERTOS otros. Sin embargo hay algo en la música que por nacimiento se le escapa; es lo más natural que hemos hecho. Es como si siempre hubiera estado ahí, pese a cualquier intervención. Y cuanto más la queremos limitar para que nosotros mismos podamos estar bien con ella, para que podamos estar seguros y sentados en un sillón sin despeinar, más se va el lado oscuro. Que no es lo malo; que es, parece, lo que circunda a lo humano. Lo oscuro, eso que nos aterra, es lo inhumano. Y, creo yo, jugar a escuchar todo es jugar a sentirse un extraño en el cuerpo. Es jugar a sentirse inhumano… sólo en apariencia.
O jugar a ser paria, a ser mestizo: lo puro me aterra. Recorrer interiores, nuestros interiores: es lo paria.
Caramba, qué caminos extraños, porque queria defender la necesidad de escuchar todo; no pensé llegar a lo oscuro. ja!