Y he escuchado que te vas a dormir pensando cuándo las personas, cuándo lo que queda, y lo que hay, se convierte en un registro de nostalgia. Yo creo que tengo la respuesta.
Nostalgia no es recuerdo. Tiene que ver con la ruina. Es la ruina. Pero no es la ruina cuando se dice: es la ruina, se ha arruinado. Se ha dañado. Es la ruina que acaba con todo cuando era tan sencillo, al principio, tan sencillo…. No, yo sé que no me entiendes. Porque digo ruina, y tú enseguida, según una costubre mantenida por años, entiendes que todo se acaba, porque no pudo ser. Sí, todo se acaba, pero el registro de ello, la nostalgia, es lo que nos dice que nunca acaba. Que sencillamente pasa de un estado a otro: que se daña, se corrompe, por un estado similar al abandono. Me sigo explicando.
El registro de nostalgia nace cuando al principio, cuando por una palabra que no se dijo, un momento no agotado del todo, se hace de ello un estado normal. Un estado de todos los días. ¿Qué es ese ¨ya casi¨ en ya casi te olvido? Ese ¨ya casi¨ en ya casi te olvido es indescriptible. Haría falta conocer los términos, los extremos, para saber muy bien qué es lo que se está abandonando, a dónde se está llegando. Ese ¨ya casi¨ en ya casi te olvido no existe. Y sin embargo tal vez no haya ninguno que sabiendo, que habiendo vivido la nostalgia no llegue a comprender que nostalgia es un círculo: es un umbral. Es recuerdo, y es un ya no recuerdo. A la vez. Es un sí, y un no, conjuntamente. Por eso cada día aprendo a decir: nostalgia, registro de nostalgia.

Como la casa que se ha quedado en ruinas. Pero casa, decir algo de la palabra ´casa´ es afirmar que casa es donde se vive. Casa es un lugar para habitar. Pero casa en ruinas es una contradicción: un lugar habitable, que ha sido para habitar, pero que se ha vuelto inhabitable. Decir casa en ruinas es decir algo que no puede ser. Y sin embargo existe. Se palpa cuando era tan fácil al principio impedir que se acabase. Que se arruinara. Sólo existe casa con la condición de que no haya ruina. (Por eso por mucha pintar la casa de los pobres: hombre que eso no es casa….)
Entonces vuelvo y pregunto: ¿por qué se insiste tanto?, ¿por qué no se puede soltar? ¿Por qué uno se aferra tanto a determinadas personas, a determinados recuerdos? ¿Por qué hacer de una no-casa una casa? Particularmente me agrada no soltar, no poder olvidar, porque haciendo de este umbral un estado normal, se carga el tiempo, los días, las horas, con un mundo de incomprensiones, de lugares, con una selección de fechas que hace del tiempo presente un tiempo no continuo: un tiempo denso. Le voy a llamar: tiempo manchado.
Y aquello de ´seguir adelante sin más´ suelta uno un gran tesoro: la densidad. Voy a ser más riguroso: quizá sea preferible sentir la acción del destino, antes que la pequeña acción personal. Sentirse unido a algo, a alguien, lo prefiero, a ese plano, a ese escritorio, a esa recta continua sin arrugas, sin lunares. Sin masoquismo, y situaciones incómodas. Prefiero respirar muchas veces antes de hablar. Prefiero estar dando rodeos, dando rodeos ante lo evidente, antes que hacer de los días, de mis días, la línea más correcta, y aburrida, de unir dos puntos.
¿Por qué insisto tanto?: porque prefiero este juego de ir y volver, este juego donde la vida tiene densidad. La siguiente pregunta sería esta: ¿qué significa seguir adelante? ¿Qué significa preguntarse cuándo las personas, las fechas, los lugares se vuelven registros de nostalgia? Porque tal vez sentir nostalgia no sea lo malo que hemos pensado: yo creo que la nostalgia nos enseña a ser ligeros siendo lo más pesados posibles. ¡Quién no se aburre de estar contando las mismas historias de siempre!: pero creo que en la monotonía de la nostalgia existe demasiada variedad, demasisdos matices y demasiada sutilidad como para no disfrutarla, y aprender de ella. Hay que arrugar el tiempo. Hay que mancharle.
Y ahora está la otra parte. Esta: ya casi te olvidé. ¿Hay un casi olvido, un casi recuerdo hay un casi nada?
También quería hacer una presentación del trabajo de Antía Moure. Creo que ella complea, abarca, y nos deja sobrevolando la incapacidad de un gesto preciso para decir sí, para decir no. Para decir déjame en paz.

Y para oídos en ruinas,
Blonde Redhead - The Dress


