el resto que lo haga don sesto


Decálogo de Autoayuda para Alumnos Intimidados y Desatentos por la Clase de Literatura
Julio 21, 2008, 12:00 am
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Parto de la convicción de que dar libertad para trabajar ofrece la posibilidad de un desarrollo mucho más eficiente para el alumno, que una actitud de represión y de conseguir objetivos cueste lo que cueste. Antes que disciplina, auto-disciplina; antes que regulación, auto-regulación. No es para la escuela sino para la vida.

  1. La ignorancia es un derecho, no una obligación. Olvídese de que usted viene al colegio a aprender algo nuevo. Usted ya lo sabe todo, o casi todo: la literatura exagera algo que usted ya sabe.

  2. No crea en lo que le han dicho: observe por usted mismo, sea usted mismo incluso en las cosas que no le gustan. Pero también olvide. Olvide que viene a «Clase de Literatura», olvide que viene al colegio. Déjese sorprender, sorprenda a los otros con sus ideas. El resto, la historia, los autores, etc., es ante todo un proceso que cada uno hace si lo necesita.

  3. Anteponga la curiosidad, la observación, el asombro, a las clases. El profesor no es un sabe-todo y el alumno un sabe-nada. Hable, hable y hable en clase. Moleste, intimide, exagere; pero no haga desorden, no incomode al que esté hablando, al que quiere estudiar. Se habla para discutir, para sugerir, para armar polémica. Se habla porque uno mismo se encuentra inquieto, porque se quiere saber, porque se quiere decir algo importante, pertinente. Fomente la curiosidad en su amigos.

  4. ¡No sea autista! Dude de lo que le han dicho, no de nada por supuesto. Abra bien los ojos, dude de los que le han dicho que no entiende cómo funciona las cosas. Usted lo sabe, aprenda a seguir su instinto.

  5. Por favor haga preguntas, no importa si cree que es una tontería. No de nada por hecho, sea crítico, más no criticón. Hablar es muy fácil, proponer ya no tanto.

  6. Regla de oro: no deje que los demás, incluído el profesor, sean los que propongan. Proponga siempre, sugiera siempre. No se calle nunca a la hora de proponer.

  7. Haga silencio cuando lo que tiene que decir es una babosada. Cuando crea que su amigo se está pasando de tonto cállelo. Se aprende también de los consejos del amigo, del grupo.

  8. ¡Trabaje!: a escribir se aprende escribiendo. A leer se aprende leyendo. Utilice todo lo que se encuentra a su alcance: internet, los libros, sus amigos, el profesor, las bibliotecas, las películas, la buena música. Su buen criterio. Prepare y aliste su buen criterio para la vida fuera del colegio.

  9. No se preocupe por la calificación, por los puntos o la nota. ¡Pare de sufrir! Escribir es difícil, pero no imposible de lograr. Ante las notas dude, ante las explicaciones dude. Dudar es el mejor criterio, sólo hasta cuando hay que dejar de hacerlo: ese momento en que uno se detiene y empieza a escribir.

  10. Tenga paciencia, relájese, no hay afán alguno. Usted va a clase a interactuar con sus amigos y con el profesor, no para guardar silencio y que lo hagan callar. Usted viene a hablar con el profesor, a interactuar con él. No viene a hablar con un sargento, con un santo, o con un genio. Haga silencio, haga orden cuando usted mismo necesite hacer silencio y orden. Aprenda a disfrutar las clases.

    Una vez entendido, y rezado como un padrenuestro el anterior decálogo, puede que lo que sigue, que es hablar sobre lo que es escribir, sea más interesante, apasionante, y no tan raro, y que no es conmigo, como siempre ha creído. (Sugerencia: complete el anterior decálogo con el propuesto por Lucas Ospina Para Espectadores Intimidados por las Exposiciones de Arte).



He Can Only Hold Her… .
Julio 14, 2008, 12:00 am
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Prometo actualizarme pronto, muy pronto. Mientras tanto esta frase que resume aquello por lo que estoy pasando, no es malo, ni triste, por el contrario; es algo así como una aventura, en el sentido de una experiencia nueva que cambia e involucra de formas inéditas.

- El placer del texto, ¿de la vida?, no siempre es saber lo que sigue.

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no marques las horas
Julio 2, 2008, 12:00 am
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07.00 AM
Soy yo. Yo el que todo el tiempo ha sabido, y ella viniera a confirmarlo. Sé que cada uno ha entregado lo que no se ha pedido. Sé que cada uno acumula luz, sudor y olor dentro de la cama, y que el otro: que el otro ha empujado a ciegas los canales. Ella lo presiente, está ahí. Primer descubrimiento: el amor está cansado.
Hay allí una mujer, una mujer, cuerpo caliente al que muy pronto me habitúo, que no me acuerdo cómo hice mía. Que no me acuerdo cómo hice para hacerla venir. Y ahora velando como cualquier hombre, como el primer hombre que no sabe qué hacer, muestro a la hora lo que ha sido la noche sin sueño. No-che sin tema, y de bordes, y de lecho, y de gorgoteos ganados por el olor a jabón. A ropa limpia.
Duerme. Ella duerme sobre cada frase que hago aparecer. Y este amor cansado, este amor del que me ha cansado, este amor que uno escucha sin comprender es la brisa. Fue esa mano sobre los huesos de la espalda, y luego la risita tonta y larga. Ya no quiero palabras. Soy el otro hombre. El hombre, el dor-mido, que flota sobre la imaginación de los muslos: que flotó como brisa entre el pelo sin saber que ve-nían las lágrimas.
Yo no lo sabía, yo no estaba aquí. Límpiate con las sábanas. Duerme como la gente que ve una cama junto a la otra. Y se acuesta. Despierta, hazlo ahora, antes de que me vaya.

08.00 AM
Se levanta del lado izquierdo. Siempre el mismo lado, siempre la misma línea en la mejilla. Él lo sabe, la sabe ahí. La sabe a ella. Un poco saliente sobre líneas de cadera. Está lejos: está y no está. Se levanta del lado izquierdo sabiendo que la habitación está aún oscura, que no hay olor a nada, que no hay olor. No le hace nunca caso. Al diablo la juventud. Al diablo los caminos de las gafas: todo porque se siente sola. Y la cama va a quedar vacía. La línea en la mejilla está obligada a contar la misma historia. A contar la historia de noche sin sueño: o de sueño de pocos instantes. (…)

Pertenece al último número de la Revista Narrativas. Quiero agradecer la amabilidad de Magda Díaz y Carlos Manzano por haberme dejado partipar. De igual modo agradecerle a la amiga Mónica Gutiérrez por permitirme escribir junto a ella: me ha gustado mucho el experimento.