el resto que lo haga don sesto


haces bien
agosto 23, 2008, 6:48 am
Archivado en: don sesto | Etiquetas:

¿Acaso sería posible hacer de no hablar una clase? Y precisamente que esta clase sea la clase de literatura. Quizá sonaría extraño que quien más debe hablar, quien tiene voz, quien tiene propiamente la voz se quedase callado. En el fondo existe algo así como una renuncia personal: la renuncia a hablar demasiado. Pero más importante, o simplemente a un lado de esta renuncia se encuentra una convicción, una creencia: otra renuncia; la renuncia a enseñar demasiado. Como si cada vez que tenemos una edad se produjera la medida del peso que podemos soportar: ya sea responsabilidades, costumbres, conocimientos.
Yo creo que por principio una clase de literatura debería ser anarquía total; debería ser llevada hasta ese punto en el que uno mirándose se mira tonto: en el que uno mirándose sin que alguien lo mire comienza a mirar hacia afuera. Desde adentro hacia afuera. Sin que nadie, sin que el profesor, sin que yo como profesor esté encima de los alumnos.
Es lo que he intentado hacer en estos casi dos meses de enseñanza. A veces me da mucho miedo; siento miedo de estar haciendo un mal, el mal de dejar que el alumno crea que siempre puede hacer lo que quiere. Sin embargo, creo que si uno va a ser responsable, lo es desde un primer momento. Entonces no debería existir la angustia de estar haciendo las cosas mal. Mucho más con algo que tiende a ser poco valorado: la literatura.
Lo que me gustaría es poder verme por encima; me gustaría ser un ojo que mira por encima de lo que es el normal ruido y tumulto de la clase: me gustaría ser un ojo que mira, que mira que las cosas van con rumbo. Un buen rumbo. Y paciencia, mucha paciencia. Junto a ella recomiendo el camuflaje, el mimetismo, pues no está mal que uno se olvide de sí mismo en las clases. Es decir; como si no hubiese nadie al frente, alrededor, sino sólo una como memoria que tiene voz y cuerpo.
Tengo entendido que esta profesión lleva directo al Nirvana, o te capacita para ser un Maestro Zen de forma cabal. Ah, y claro, y uno nunca muere: uno no estira la pata. Son alas que van volando.

Porter – Host of a Ghost





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