el resto que lo haga don sesto


un rostro igual al otro
Diciembre 28, 2008, 9:34 am
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Ahora hay esta palabra: desde allí te pienso. Ahora esta cara, ¿o diré rostro?, que me vio por primera vez, y que luego convertiré en cielo. Elijo un detalle para significar el conjunto, elijo un detalle para obrar sobre el tiempo. Y luego la interrogación de un rostro convertido en cielo se dirige a él, rostro al rostro, rostro al cielo… se dirige a él para buscar una expresión: el rostro del día que apenas empieza, el horóscopo de la jornada que por ser leída es como si ya terminara. Una nube, los cirros que bajan de la montaña. Una nube no es una música que se deje elegir a primera vista. Porque es un conjunto con el día, hace conjunto con el día, se conjunta con él para que el rostro que alza la mirada para interrogar pueda leer, elija un conjunto. No un número. Y no un número, porque alzando el rostro interrogante el humor de la vida misma cambia de rostro. ¡Te ha cambiado la cara de pronto! Por eso disgusta ver un objeto tal cual es, una nube siendo nube. Curioso que llamemos nube a algo que anunciado por el metereólogo, por un adivino, por el escribidor de horóscopos, abriendo la ventana, fijándose en el azul, fijándose al levantar el anuncio de la nube ya levantada. Curioso que digamos nube a algo capaz de darnos una expresión, un anuncio, como el nuncio del primer rostro que nos vio. Nuestra madre. Disgusta ver un objeto tal cual es; se deforma, se simplifica. ¿Qué es un rostro: qué es ese rostro que se levanta a interrogar a otro rostro para saber de su día? A secas: del día. Disgusta ver… porque este parte informativo no tiene evidencia alucinante: pues quien no alza la cabeza al levantarse, como cuando nació, y busca en lo alto las impresiones, oleadas, y expresiones que se anuncian. Y esa música, de esa nube se deduce: esa nube me huele a paisaje, me huele a hierba. Me huele a futuro, me huele a contraventana que empujo para mirar lo que viene, lo que se acerca a oler mis manos unidas por el pavor: o de manos arriba de la cabeza, que ha sido un llamado de la nube que avanza para abrir, para soltar mis manos. Me huele, porque cada nota, cada nube es un signo que promueve las alusiones, la mayoría de las veces para divagar, para ver simplemente. Miro, alzo mi cara: una canción llena, repleta, halagadora, ciertamente, y tan erizada de comparaciones, aproximaciones y de refinamientos ante la que quedo maravillado.
Y este encanto, viendo la cara, el rostro del otro, y que esa cara, ese rostro que se vuelve cielo se produce por equilibrio y armonía. El dique ya se ha roto, y toda el agua comienza a inundar el valle… mañana, mañana, mañana.

¡Feliz año nuevo para todos!