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Estoy desarrollando un programita que el Colegio me pide para dictarlo en forma de taller todos los miércoles. No se me ha ocurrido otra cosa que llevar todo lo que me interesa, motiva, fascina, inquieta, de lo que siento curiosidad, a este espacio. Este es el documento que escribí para iniciar el taller. Buena Fortuna.
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«Buscaremos, pues, como si fuéramos a encontrar, pero nunca encontraremos sino teniendo que buscar siempre». San Agustín
Es este un borrador, una tentativa, y sirve como documento inicial del taller: inicial porque es una declaración de principios de parte mía. Es decir, del guía, no del profesor. Sólo con ese propósito hay que leerlo. Es un borrador que cada uno de ustedes puede cambiar, enriquecer.
Por alguna parte hay que empezar…
No creo que la escritura sea la realidad, se parezca a ella, la simule. No creo que la escritura sea la verdad: pero se le parece. De la forma en que viendo a través de la palabra un solo momento, aquel instante importante, empieza a ser recalcada como una de tantas maneras de ver la realidad. Sin embargo, la escritura, o el proceso mediante el cual elaboramos un ensayo, subvierte a la realidad misma: lo que nos queda es la realidad como una más entre otras posibilidades. Y no como la realidad, y sólo una realidad. La escritura tiene ese añadido: frente a ella cualquier objeto, cualquier posesión pierde su carácter de restricción. No hay realidad, como no hay razón restrictiva y unidimensional. Y es ese parecerse a la realidad, esa acción que hace cambiar a la realidad: lo que re-crea. Y es ese volver a hacer lo que nos interesa. Porque volver a ver, quiere decir volver a reunir, volver a juntar de otro modo. En una palabra: en relacionar. Con la música, con el arte, con la poesía, con lo que cada uno puede aportar desde el fondo mismo de lo que nos toca. Desde el fondo mismo en el que se nos va la vida. Es ese buscar lo que interesa en este taller: que consistirá en una exploración por los universos que habitualmente quedan fuera del registro de los medios. Un taller para saber contarlos. Un taller para poder desarrollarnos como cronistas de lo cotidiano, queriendo con el término de cronista romper con la rutina. Porque la rutina es terrible, porque la monotonía mata más que cualquier guerra.
Segundo punto: Todos somos noticia, aunque estemos lejos del poder.
El poder: se tiene para abusar de él: pero también se cuenta, se escribe con el fin de que cambie de manos. De que lo empleen otros. Porque finalmente es el poder, aquel que lo tiene, el que hace noticia y la hace describir a su acomodo. Los fuertes son los que hacen la historia: también la escriben. La hacen escribir. La pregunta sería: ¿de qué forma escribiendo dejaríamos de ser cómplices con el poder? Y no hablo únicamente del poder político. Hablo una vez más de la monotonía, de lo gris. ¿Cómo pintar al mundo, llenarlo de color?
Se pretende trabajar el color. Y es el tercer punto.
Aprender a ver distintos tipos de abordar las realidades que se encuentran por fuera del poder. De lo que nos dice lo que es la vida, de lo que nos dice es la única vía a seguir. ¿Cómo contar un color naranja, un color verde: uno violeta? ¿Cómo contarlo y transmitirlo a un público más amplio: y transmitir para persuadir. Para, una vez más, pintar al mundo. Cada participante desarrollará la descripción de uno de estos mundos. De estos colores: se abrirá la paleta para pintar un cuadro; para aprender a describir una realidad específica. Particular, específica, porque por algún lado hay que empezar. Uno de los puntos centrales sobre el que se quiere profundizar se centra en incluir la mirada subjetiva de quien escribe y de quienes protagonizan la historia que se cuenta. Por eso mismo el carácter personal de este propuesta. Emplear el pronombre propio es asumir responsabilidad: es ponerse en el centro del debate. Es ponerse de lleno: es rellenar con color al mundo. No me gustan las fórmulas de manual que nos dicen que el periodista, o aquel que ve las realidades que lo envuelven y circundan no debe sentir la información sino sólo transmitirla. Creo más en un proceso de comunicación, de compartir, de generar un espacio de diálogo con el público, y estoy convencido de que eso sólo se logra desde la honestidad y desde el desarrollo de escritos que
trabajan las sensaciones de las. De lo que está moda. De ahí mi insistencia de que nos olvidemos del mundo durante las horas que trabajemos en el taller.
De nuevo, y en breve:
lo que vemos y nos sorprende, lo que está donde no debería estar, las lógicas que están a nuestro alrededor sin que seamos del todo conscientes acerca de sus funcionamientos. Nos entusiasma sentarnos a escribir sobre nosotros y nuestro contexto, sin necesidad de pensar que noticia es lo excepcional, lo que le pasa a los otros. Todos somos noticia, porque somos parte de este mundo. Y todos somos posibles personajes ficcionales, personajes posibles para un ensayo, para una novela, para una crónica, porque cada uno genera acciones sobre los otros: como sobre sí mismos.Si la noticia periodística, si el ensayo, si todo aquello que escribimos respondiese únicamente a la tarea de informar, no tendría mayor interés. Es porque existe alguien detrás, pero también adelante, a los lados: es porque, pese a todo, seguimos siendo seres de carne y hueso, por lo que escribir es tan importante: es algo así como reunir lo mejor de nosotros para transmitirlo a alguien. Pero también lo malo…
La propuesta consiste en alentarlos a adentrarse en un modo singular de contar lo real que priorice tanto el acontecimiento como los contextos y las miradas del redactor. El equilibrio entre estos tonos, sumado a la apuesta por una escritura intensa, variada, polifónica, se convierten en laidentidad del taller que trabajará sobre temas que interesen, y que tampoco estén al alcance de la mano. Porque hace falta una buena labor de investigación. Y es intensa, porque no está mal, después de todo, tener la esperanza de cambiar al mundo. Lo siguiente sería: ¿qué es y qué clase de mundo es este?
A trabajar:
- Discutir este documento
- Luego: taller de fotografía. Lugares habitables e inhabitables.
- Cine-Foro: La Ola, Dir. Dennis Gansel
- Etc.
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Forma parte de una ciencia abstrusa, que no por ser extraña, densa, ilegible, deja de ser conocida. De molestar la cabeza que se agacha en cada esquina del mundo.
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A veces oía miles de voces, pues Dios habla en muchas lenguas, que me susurraban cosas mientras yo yacía allí tumbado, totalmente solo. Todas las sensaciones de miedo, furia y desesperanza que eran mi alimento diario, como el pan, me abandonaban, y me sentía poderosísimo. Poderosísimo.
Me dijeron… Él me dijo cosas que yo sé que eran de un orden especial. De mí al principio. De otros luego.
Estoy tentado a creer que Nick Cave no existe. La figura, tal vez de cera, tal vez de leche, tal vez de cuajo y en medio de la cara… La figura de Nick Cave no existe, no se ha incorporado en un espacio al que algún notario le habrá dado nombre de cuerpo, y nosotros diremos luego que nació en Australia, que suele aparecer en películas, y que canta baladas repletas de puyas bíblicas.
Lo que conocemos o se conoce como Nick Cave es la suma de las máscaras, de los rostros, también de los fantasmas, que hablando siempre habla cada vez con voz distinta. A mi parecer Nick Cave es de aquellos que no quieren ser encasillados; aquel que no quieren ser llamado músico, guionista, o novelista. Quizá deberíamos llamarlo «el escapista»: aquel que se encuentra abandonando el mundo para que en su retorno una vez nos preguntemos por lo que llamamos realidad: un señalamiento del dedo. Porque ¿qué es esa mano extendida que por una de sus extremidades señala algo que por mucho que nos esforcemos no lograremos alcanzar? Mundo: sí, claro. El ladrillo nuevamente: la primera piedra del edificio que nos tapa de todo, que nos protege siempre. Eso es lo que me ha gustado de «Y el Asno Vio al Ángel». ¿Qué es?… un momento.
Porque aquí, tras leer la novela, su novela: aquí lo que aparece es el recuerdo del nacimiento como algo imposible. Como un sueño descarnado, pero un sueño que siendo soñado por un solo soñante señala a otro: un sueño del soñado. Un sueño para el que viene, un sueño para el que no ha estado, pero cuyo historia, cuyo porvenir comprende y conoce completamente. Demos el siguiente paso: el recuerdo del nacimiento, como algo imposible.

En este momento tal expresión, tal retruécano para hablar de lo que viene y va, para aquello que no hace concordar el principio y con el final, el nacimiento, el nacer, es el grado íntimo de no estar, de no ser uno solo en el mundo. Muy sencillo: de estar rodeado, contaminado de las vidas y las muertes de muchos otros. Y es eso lo imposible: ese cansancio de ya haber muerto, de ya haber vivido otras vidas. Después, y después… y el nuevo nacer es el comentario de no morir y nacer del todo. El nacer es una media-tinta. Y quiero acentuar esta expresión, antes que decir simple y llanamente reencarnación. Porque aquí hay y existe algo distinto.
En cuanto al tiempo que estuve allí, enmudecido en la oscuridad del tabernáculo, es algo que no podría, en verdad, deciros, pero debe haber sido mucho tiempo, porque la imagen de su rostro comenzó a desvanecerse, a morir como una luna moribunda, hasta que apenas podría seguir viéndolo, y fue eso lo que finalmente quebró el hechizo, el agotamiento de las pilas de mi linterna. Eso, y la voz.
- ¿Acaso he retratado la santidad en lo humano, o quizá es que he mostrado que lo humano existe en la santidad?
Todo ello viene seguido y contribuye a un abandono del mundo de la siguiente forma: es la oscuridad la que me posibilita. Esta ignorancia me posibilita, abre mi futuro. El recuerdo de haber nacido es un recuerdo que en el momento de nacer se borra, aunque queda en forma de un no nacer, de una no venida: de un no volver a lo de siempre. Y sólo a mí, a este naciente que ya ha nacido: sólo a mí se debe que no me haya incorporado a mi propia vida hasta más tarde. Soy un llegado posterior a mi propio nacer reciente, y el ejercicio por el que me conozco, por el que afianzo mi confianza en la propiedad cognoscente que me hace conocer como yo mismo es un ejercicio posterior: mi no-recuerdo de mi nacimiento es mi característica existencial. Todo ello viene: también se podría decir de la siguiente forma: todo ello es encerrado por el conocimiento mediante un cuidadoso y ciertamente ágil ejercicio de encerrar al mundo en un mecanismo de espejos. Por lo que si uno se rompe, se parte, se astilla, existe el posible grado de una fisura: nos perdemos. Esta pérdida, y este perderse, me interesa. Me fascina.

Suena tan pesado, tan denso, tan lejano el propósito y el sentido de palabras claras.
Cada sujeto, cada quien, cualquiera, mira su propio venir sabiendo de antemano que la razón última de la caída en este mundo, en esta vida, sigue estando oscura. Oscura, se mire por donde se mire, se vaya donde se vaya: se camine, o se quede para siempre sentado. Así que este imposibilidad del nacimiento o, utilizando una forma contraria, está posibilidad de ir, de caminar, de avanzar, de «provenir» donde se pueda y se quiera, sabiendo de antemano que nada puede dar por sentado sigue siendo una tentativa sobre la negación y el acabar: justamente eso, del nacimiento. Y el extremo de la novela de Cave es la historia de un venir al mundo relatada como historia del Ser: del ser en general. Un ser radical, amorfo, oscuro, sangriento, maldito. En fin.
Papá soltó los ladrillos que tenía en las manos. Hicieron un ruido sordo y húmedo al chocar contra la tierra ensangrentada. Papá respiró, superficial y brevemente. Un gemido muy agudo se derramó de sus labios en una serie de estallidos cortos y extraños. En el puño derecho tenía una mata de pelo gris. Se quedó allí de pie, sin hacer nada, hasta que sus botas fueron dos islas a la deriva en un mar de vapor escarlata.
Hablo de Nick Cave como no siendo él mismo, como no siendo el que ha sido señalado desde el nacimiento: como aquél que ya no se pertenece a sí mismo. Pero en sus palabras, en el recuerdo, mejor, en el recuerdo de sus palabras, cuando el contenido vital de un Yo comienza a señalar a otras figuras dentro de una pequeña totalidad, y así sucesivamente… Cuando digo no está, cuando estoy tentado a creer que Nick Cave no existe, trato de apartarlo de su propio existir señalando lo que ha hecho. Para que Yo mismo, pero no éste, no andrés: para que cualquiera despierte: levante la cabeza en cualquier calle. Ya no esquina.
Es un marcado metafísico. Suena tan pesado, tan denso, tan lejano… Para terminar de una vez: leí la novela de Cave también por la simple curiosidad de saber qué pudo escribir. Y lo nuevo, mejor; lo renovado es el encontrar de nuevo el frágil límite que existe poesía, palabra, literatura y mística, mediante una jornada, mediante un tiempo lleno de venganza, salvación. Castigo.
Para seguir: Portnoy