el resto que lo haga don sesto


(con) asunto
noviembre 10, 2009, 6:03 pm
Archivado en: don sesto, quejidos y sueños | Etiquetas: ,

Hace algún tiempo les pedi a mis estudiantes que escribieran una serie de cartas con el fin de que aprendieran a traspasar el tiempo, que aprendieran a evitar la seriedad del presente y fueran hacia el futuro: ese sitio inseguro e incierto al que llegamos. La actividad sirvió mucho, es bueno saber que siguen siendo las personas y sus sentimientos los que elaboran y pueden viajar en el tiempo. En ése entonces yo no escribí las cartas. Que no se repita. Dejo una sola.

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Andrés, hermano, ¿sigue ahí? Usted sí que no cambia, usted es el verdadero Ajover. No me preocupa perderlo, no me preocupa que en un escaso tiempo usted se haya convertido en otro, en aquello que más detesta. Porque usted es la persona más sincera y honesta que he conocido. Los sueños y sus propias ideas es lo único que le importa: y ahora le importan más porque sin haber llegado a establecer una relación duradera y extensa con otros ha descubierto que esas ideas y que esos sueños le interesan a otros. Y no porque sean suyos, y usted sea el dueño, es porque la única idea que usted ha tenido hasta el momento es dedicarse endiabladamente a hacer lo que le gusta. Usted quiere parecerse tanto a sí mismo hasta que llegue el momento en que la pregunta deje de hacerse. Pero usted mismo sabe que no es posible. La pregunta seguirá haciéndose. ¿Esto vale la pena? Espero que el sentimiento de que el mundo por momentos le valga un pito no haya cambiado, porque a usted lo que le interesa es lo que usted le puede hacer el mundo, no al revés. Esa es la idea que ha intentado transmitirle a sus estudiantes y a las personas que ama. Si no hay distinción es porque cuando usted habla le habla a la humanidad entera. Porque desde siempre ha tenido muy marcado y acentuado en su alma la actitud del púlpito: usted no enseña, sino predica, y quisiera convertir a todo el mundo. ¡Sálvate, hermano! Espero que a veces la escasa afluencia de feligreses no le haga perder las ganas y la energía que lo caracteriza. No se preocupe, a la gente se le cambia si ya de antemano está cambiada: a la gente se le salva cuando está salvada. Y al espíritu se le da de comer cuando éste ha llegado ahíto. Considere también que hay gente tonta, perezosa, y que no vale la pena. Si a veces se siente en desacuerdo con la educación, si arruga la boca cuando se habla de educación, es porque a usted nunca se le dio a las claras la oportunidad de autoexpresarse, y es por ello que sufre y no ve muy bien el panorama, cuando ahora son los estudiantes los que no lo hacen. Usted considera que se necesitan estudiantes, antes que profesores. Usted sigue siendo estudiante, aunque es profesor y disfruta siéndolo. ¿Acaso no ve esa tonta facha de universitario cuando va caminando por la 45? ¿Acaso usted no se entiende mejor con los estudiantes antes que con sus compañeros de trabajo? Y en una seria reunión esté seguro que se le saldrá en un hipo el menú y que al volver del baño llegará desbraguetado. Porque usted es un marciano, hermano, anda en las nubes, y lo excéntrico es para usted moneda corriente: cuando va a comprar la leche, se encuentra con Alf y juntos planean un partido de fútbol. Pero nadie sabe que llegar a aceptarse como se es es una faena digna de un héroe, y por eso considera que entre más rara la gente, mucho mejor, porque esto significa que de seguro tiene algo que decir y eso que dirá le dará placer a unos pocos. Para esos pocos quiero también dedicar esta carta para el futuro.

Insistiendo en una serie de consideraciones terminaré con lo siguiente. Usted es de los pocos adultos que me cae bien: no es esquizofrénico. Trata de vivir como piensa y lo que piensa intenta llegar a vivirlo.

En otras palabras, depende de la manera en que uno vive y aprende a vivir la felicidad: ese deseo de estar bien, de no ser un sapo, donde lo que va es un armadillo.

Yo quiero seguir siendo ese armadillo




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