El simple deseo de que las cosas salgan bien y salen mal. El deseo de seguir hablando, de añadir algo más, de seguir hablando: y no callarse. El deseo de no mentirse, el deseo de ser completamente sincero, de ir hasta el fondo, el deseo de indagar, el deseo de explorar sanamente: y seguirse mintiendo. Yo no hablo ni me quedo callado, yo no miento ni digo la verdad: y quiere uno después de todo ir ligero. Y quiere uno ir sin fardo. Y quiere uno no mirar lo que hay dentro de la carga: y quiere uno no ver el fin desde el comienzo. Y quiere uno ser uno y el mismo, sin cambio. Y quiere uno que no lo atrapen y quiere uno que lo dejen libre: y uno atrapa y uno no deja libre.
Y uno, de nuevo, quiere quedarse callado: y sigue hablando. Y uno quiere que las cosas cambien, uno quiere que las cosas sucedan: uno quiere que las cosas no dejen de suceder.
Uno quiere dinero
Y uno quiere fama
Y uno quiere amor y amar a alguien
Y uno quiere escribir bonito y que lo celebren por ello
Y uno quiere ser perfecto, de hecho
Uno sabe que es perfecto
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Uno no sabe nada pero en algún punto dejara de saberlo todo: y ese es el estado de cuentas.
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Le escribo a una amiga:
… nada es seguro, nada está hecho completamente, nada está perdido para siempre.
Le sigo escribiendo:
… Cada vez estoy más convencido que no hay nada seguro, que todo es contingente, que somos imperfectos y pasajeros, que somos aves de paso escondidas en un armario. Y lo sabemos de hecho, sabemos que somos nada entre una nada llamada ciudad, entre una nada llamada país, dentro de una nada llamada tierra, y sin embargo siempre nos salimos de la ruta, siempre nos salimos de nuestros límites y pensamos que es posible, que es sensato pensar como si todo fuera seguro, como si nada fuera contingente.
Primera conclusión: lanzamos ganchos de izquierda al aire.
Nos mentimos.
Y lo que sigue es una idea que continúa idea de la anterior entrada:
… tenemos una visión limitada de lo material: entendemos pero seguimos como si no hubiésemos entendido. Nos creemos más pensamiento que materia. Y verdaderamente es la materia las más inteligente de las dos. Creo que habría que superarse, o, más bien, utilizando una palabra para mí una palabra en extremo hermosa y valiosa, habría que liberarse desde la materia y no desde el pensamiento.
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Y el añadido: siempre el añadido. Un nuevo ritmo de vals.
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Me di cuenta de una cosa: quizá la misma de siempre; el alma humana está hecha de paradojas. El hecho mismo de su existencia es una paradoja: lo importante no es si hay o no hay, si hay dualidad mente-materia y qué hace que se comuniquen y se complementen.
Lo importante no es la existencia y dónde base encuentra. Dónde va ella: ¿cuál es su lugar? La pregunta es por la necesita: ¿qué se necesita? ¿Uno qué necesita?: uno necesita que haya, uno necesita que exista. Porque a algo hay que achacarle las consecuencias. Algo tiene que cargar con ellas.
El deseo de señalar, de ser señal de algo, cumple el hecho de que haya algo.
Una nueva consideración es el momento en el que uno se pregunta por qué sucede así. ¿Por qué habría de haber señalamiento? (De ir hacia otro dentro de sí mismo.)
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