el resto que lo haga don sesto


tenías razón
enero 18, 2012, 7:54 am
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En la fiel repetición de los mismos errores se encuentra la redención a través de la consecución de un estilo individual. Purgatorio.

*

*

Poesía. Agua. Residuo. Creer. Amor. Pérdida. Escucha: espera. Mira.
Ahora mira.

Así eran las vidas, el residuo de otras vidas. Escucha.
Ahora escucha.

Tenías razón, puedes creerlo. La tenías: y ahora esto. Estas cosas, esto que ha quedado. El recuerdo, o los recuerdos: quiero decir. O quiero decirte, quiero decir. Se acaba. Y ahora hay esto, que es lo otro, definitivamente. Digo que es esto, pero para ti es lo otro. Voy a creerlo.

Empieza. Ahora empieza.
Si me convirtiera en pájaro.
Si yo fuera, si fuera.
Si fuera árbol.
Si caminara.
Si dijera, si hablara. Si pudiera oír.

¿Lugar? ¿Fecha? Yo no sé nada de eso.
No sé nada. Yo, nada.
Yo no sé si debo extrañarte pero lo hago.
Te extraño.
Yo no sé si debo llamarte pero lo hago.
No lo hago.
Yo no sé, yo llamaba. Ahora es pronto. Yo, yo te.
Al menos sé lo que no sé, sé que éste soy yo,
el que no sabe si extraña.
El que extraña lo que mira y es él el mirado.

Éste soy yo, sólo éste, de lo que mirado
hace lo extraño: una maravilla que es rueda.
Yo, de lo extraño que deja de hablar. Dejó de hablar.
Yo no sé la fecha, yo no sé el lugar,
porque mientras la rueda gira,
puede que quiera ser el de antes,
que sabía y anduvo y estuvo y era.

Yo el que anduvo sabiendo lo que sube y
mientras sube se enreda. Y es niebla.
Hace niebla. Luego viene la primera palabra
y nos separa. Y para ti misma sea yo el que
se vuelve extraño. Y es por seguir,
y es la disciplina de no saber cuándo.
Y es este hombre nuevo
que queda, el que no sabe
si debe extrañarte pero lo hace.

Ya casi. Casi termina.
Soy pájaro.
Soy, no lo soy.
Soy árbol.
Camino.
Digo, hablo. Oigo, escucho.
Escucha esto, ¿por dónde?, cuando estuve.

Ahora es pronto para la niebla,
quiero decir, estar donde había
estábamos. Porque no sé tampoco
si me sigo siendo extraño
y en la rueda me quiera ver
mientras bajo.

Así son las vidas, el residuo de otras vidas.
Escucha. Ahora escucha.

Acaba. Ahora acaba.

*



serie renacimientos
enero 7, 2012, 9:42 am
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*

Desde hace un tiempo exploro de nuevas maneras, o vuelvo sobre lo mismo de nuevas maneras: o aprendo lo mismo de distinta maneras. En todo caso: reaprendo. Este proyecto, junto con el dibujo, nació hace poco. Es como si lo que comúnmente fuera la obsesión de mis ideas, de la maña de mis expresiones, fuera hecho por la parte de atrás. En todo caso: otros caminos para lo mismo.

Me ha dado ahora por llamarlo «renacimientos», porque son eso. De dónde viene, dónde debe ser ubicado lo que ha sido vivido. (¿Dónde para el ahora?) Porque bien puede ser que de nuestra vida deba volverse a escribir la historia con cada año, con cada generación a fin de hacerla comprensible a esta «nueva» persona que la compone.

*

Se trata de hacer imágenes. (¿De volverse imagen?) Este es el primero: noise.

*



lo ocurrido
noviembre 26, 2010, 2:43 pm
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¿Lugar? ¿Fecha? Yo no sé nada de eso.

Yo no sé si debo extrañarte pero lo hago.

Yo no sé si debo llamarte pero ya no te llamo.

Yo no sé,

yo te llamaba. Ahora es pronto.

Al menos sé lo que no sé, sé que éste soy yo,

el que no sabe si extraña.

El que extraña lo que mira y es él mirado.

Éste soy yo, sólo éste, de lo que mirado

es y hace de lo extraño

una maravilla que es rueda.

Yo, de lo extraño que dejó de hablar: yo no sé la

fecha, yo no sé el lugar porque mientras

la rueda gira puede que quiera ser el

de antes que sabía y anduvo y estuvo y era.

El que anduvo sabiendo lo que sube y

mientras sube se enreda. Y es bruma,

luego viene la primera palabra y nos separa.

Y con tus labios puestos al daño

sea yo el que para sí mismo se vuelve extraño.

Y es por seguir,

y es la disciplina de no saber cuándo

termina de bajar. Y es este hombre nuevo

que queda,

el que no sabe si debe extrañarte pero lo hace.

¿Por dónde?, cuando estuve.

Ahora es pronto,

para tus labios de cielo donde no sé

si ya se hizo tarde. Porque no sé tampoco

si me sigo siendo extraño

y clavado en la rueda me quiera ver

a mí mismo mientras bajo.

+



zazen
noviembre 1, 2010, 2:02 pm
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Y uno se da cuenta que

lo quiere todo,

pero no es posible.

Es lo justo,

es la medida que nos va:

difícil encontrar aquella

medida. Uno va creciendo

y a veces uno también se encoge.

¿Qué tal tú con ropa más

grande o estrecha?

Pues eso. Es mejor

estarse tranquilo,

probándose ropa.

Yendo a la medida.

*



Botón
septiembre 26, 2009, 6:15 am
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El problema de la objetividad es contrarrestar nuestras propias parcialidades.


A –

clavo es un dedo

clavo es un dedo

clavo es un dedo

clavo es otra manera de decir lobo


Si las paredes hablasen

1 – Era el tiempo en que Botón salia a recorrer el mundo. (NOCHE. Lámparas, velas, sombras, cortinas corridas).

2 – (Pies, caminar, ojos, manos). Botón salía de noche porque le gustaba la luna, le gustaban las sombras.

3 – Recorriendo el mundo de noche sentía que era libre, y pensaba que era él muy pequeño y el mundo demasiado grande.

4 – Pensaba que era pequeño, y el mundo grande, porque al mirar en el suelo, además de sus pies y sus zapatos, veía su sombra. Que era mayor que él.

5 – Y sentía miedo, y corría, y corría, y corría. Y corriendo se alejaba de su casa. Y corriendo a veces se tropezaba y caía. Caer. (Rodillas, sangre en las rodillas, mejillas sucias, llanto, llanto. Dolor).

6 – Botón estaba solo. Pensaba que no tenía madre, padre, hermanos vecinos, amigos. Botón creía que era el último sobreviviente de la tierra. Adelante estaban las mesas llenas de comida, de juguetes, de golosinas. Adelante también estaba el desierto.

7 – Por eso Botón abría, y abría, y abría, y abría sus ojos por si en algún rincón y en algún momento se asomaba alguien a quien llamar amigo. Tenderle la mano. Pedirle prestados juguetes. Pero no veía a nadie. (Botón de pie, mirando, mirando a lo lejos).

8 – Botón era libre de ir donde quisiera, hacer lo que quisiera. Porque era libre.

9 – Él quería ver, salir de su casa y divertirse. Aunque no sabía cómo. Nadie le tenía la cuerda para saltar, nadie estaba al otro extremo para devolver la pelota. Nadie hacia de portero para impedir el gol.

10 – Botón recorría el mundo sabiendo de antemano que nada ni a nadie iba a encontrar. Puede decirse que Botón no salía nunca de su casa, de las cuatro paredes de su casa, porque siempre veía lo mismo. No se sale de la casa, si de antemano ya se sabe lo que se va a encontrar.

11 – Cierta vez que estaba en el campo, donde había dibujos de vacas, pero no vacas, dibujos de elefantes, pero no elefantes, sintió que el mundo era un sitio extraño que nada le podía enseñar, pues a nadie le interesaría que estuvieras rodando libre por el campo si a nadie le podría dar envidia. Nadie estaría ahí para tomarte fotos, colgarlas en sitios, en paredes donde se escriba con amor, y ponerles tu nombre. Botón.

12 – Por eso el mundo era más bien gris, gris, gris, y Botón prefería quedarse en un rincón acurrucado. Y llorar. Porque había miedo, porque no había leche caliente, porque no había nada parecido a lo que llamar madre.

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13- Pero estando en un rincón vino algo. Era peludo, de colmillos largos, de hocico negro, de patas largas, de orejas largas, y respondía al nombre de «Lobo Malo de Los cuentos».

14 – Esta es la situación:

Botón es el personaje de esta historia. Botón espera que alguien venga a consolarlo, porque el mundo es grande, él es pequeño y está solo. Está solo, acurrucado en un rincón. Es de noche, no hay sol por tanto, sólo la la luz de las lámparas.

15 – Aparece entonces un ser un poco raro que responde al nombre de «Lobo Malo de Los cuentos». No es como él, en nada se parece a él. Tiene el color de piel distinta, habla en otro idioma, tiene otras costumbres. Pero es la única persona que ha visto en su vida, es la única persona además de él.

16 – Cuando el «Lobo Malo De Los Cuentos» abre los ojos, hay inquietud, hay miedo. También curiosidad. A Botón se le va el sueño. Y ya no puede descansar. Hay miedo, hay inquietud porque no se sabe lo que pueda pasar. Tal vez tenga hambre.

17 – Este extraño es su única compañía.

18 – Al abrir la boca larga, de colmillos largos, y de lengua roja y larga, Botón pensó que ése era su final. Cerró lo ojos, y pensó en algo más grande que él. Quería sentirse como una pequeña parte dentro de una más grande. Quería sentirse unido a algo. Pero ocurrió algo muy pequeño, tan pequeño, que si Botón no hubiera estado pensando en esto de las partes pequeñas partes nunca lo habría visto. Aunque más grande, y de colores y costumbres distintas, Lobo se parecía a él. Botón era un pequeño lobo malo de cuentos. Y esto era así,

19 – Porque Botón era el dedo meñique de la mano y nunca estaba solo, aunque podía decirse que vivía en su propia casa. Y el «Lobo Malo De Los Cuentos» era la línea de la mano que está ahí para que no olvidemos que somos más pequeños que el mundo, pero que el mundo está en nuestra mano para recorrerlo. Ahí estaba la raya, estaba Lobo, y Botón era una pequeña parte dentro de otra pequeña parte dentro de otra pequeña parte.

20 – Era el momento y el lugar en que Botón volvía a su casa, y estando con los suyos, su padre, su madre, le gustaba escuchar cuentos. Como éste.




Visión en Azul
enero 18, 2009, 5:50 pm
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*

*

*

Uno; no, no es así. Así
no debe comenzar
No rezo para pedir
favores, no rezo
para pedir gracias.
Rezo para no sentirme
solo. Solo. Solo. Solo.
Rezo para interrumpir ese
divagar,
y esa ambigüedad
de mi Yo. Rezo, porque
cuanto más creo conocerme,
más cerca,
más hacia acá,
casi tocándolo: más cerca,
y hacia mí,
se encuentra el Cerco.
Rezo para no
sentirme solo, para
no estar más,
no estar en mi Yo
por largo tiempo.
Aunque a título de nota
previa, también a título
de nota posterior,
he de añadir que en
el largo tiempo de no
verme, de no disolverme
una vez más en mi Yo,
mi parte anterior no tendrá,
no volverá a tener sentido.

*

Cualquiera dispone,
cualquiera puede
proponerse la nueva
experiencia de dejar de
adquirir
nuevas informaciones,
nuevas pistas,
nuevos hallazgos de lo
que está adelante
y va quedando en el gota
a gota, en el día a día.
Cualquiera lo puede
hacer,
para abismarse
en labores de
archivos.
Sí,
confundir las olas,
el mar de pensamientos,
para llegar, para estar,
para quedarse quieto,
aguardando, pero sin
esperar nada. Perturbable
e imperturbable. A la vez.
Todo a la vez. Sí, que hoy
no sea nada lo que
mañana veré. Que no ocurra,
y deje de ocurrir. Eso,
digo yo, dice uno que
puede decir Yo
todavía es Memoria.
Pero también es Respiración:
también es Energía
que abre, también es Teoría,
por qué no, que
reorienta en los inicios.
De tal manera que se de, o
ni siquiera eso: de tal manera
que pueda ir para
poder ir a morir.
Pero no hacia adelante.
Es decir: quiero ir a una parte
a morir anteriormente.
Esa sería una clase,
y es lo que quiero, de lluvia
de diluvio universal que
cae para uno solo. Pero que,
no obstante, que no haya
uno que lo espere: ver caer
sin que existan los ojos,
y el perfume de una
espera. Eso es, así está
bien. Queda concluida
esta oración.

Gracias.



hoy quiero decir que me gustan los naufragios
octubre 29, 2008, 5:17 pm
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lo que me gustó de ella fue la dulzura: palabras escuchas con atención y como si valieran la pena. Oído junto a naríz: oído por la dulzura natural y como para permanecer relajado. Naríz, al mismo tiempo, como para conjurar una extraña maldición. Extraña, de una soledad mal entendida. Lo que me gustó de ella fue la manera en que no puede existir conclusión definitiva: lo que me gustó de ella era que la mentira era posible; pero mentira no por el engaño, por las dobleces de un secreto, por algún efecto secundario: mentira porque hablando era posible todo. Era posible afirmar el blanco, y el negro, a la vez, y no contradecirse. Decir, por ejemplo, ya no me acuerdo de qué lado de la cama duermo y si las pantuflas que dejé anoche van a continuar ahí. Decir, por ejemplo, nuestra muerte está pretederminada, por eso no debemos perder mucho tiempo, y sin embargo estar cogidos de la mano, o ver parejas cogidas de la mano mientras hay uno solo que los observa mientras el hielo de la cerveza se derrite, y ya es tarde y van a cerrar el bar, y pensar, él piensa, el que está sentado mirando piensa que mañana será otro día: pero el hielo de la cerveza se sigue derritiendo. Y, sin embargo, algo viene de las cosas mismas que impide volverse amargo por lo acaecido: algo en la manera de ver, antes que en la manera de ser presentado. Algo que tiene que ver con una obra, un producto estético tal vez, antes que con el progreso. No tiene que ver con el tiempo, sino con el tiempo sometido a discusión. Un incesante juego de motivaciones, de sucesiones y conveniencias.
(…) Y eso fue lo que me gustó de ella, que el lenguaje de antemano fijó lo que habría de gustarme.



no marques las horas
julio 2, 2008, 12:00 am
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07.00 AM
Soy yo. Yo el que todo el tiempo ha sabido, y ella viniera a confirmarlo. Sé que cada uno ha entregado lo que no se ha pedido. Sé que cada uno acumula luz, sudor y olor dentro de la cama, y que el otro: que el otro ha empujado a ciegas los canales. Ella lo presiente, está ahí. Primer descubrimiento: el amor está cansado.
Hay allí una mujer, una mujer, cuerpo caliente al que muy pronto me habitúo, que no me acuerdo cómo hice mía. Que no me acuerdo cómo hice para hacerla venir. Y ahora velando como cualquier hombre, como el primer hombre que no sabe qué hacer, muestro a la hora lo que ha sido la noche sin sueño. No-che sin tema, y de bordes, y de lecho, y de gorgoteos ganados por el olor a jabón. A ropa limpia.
Duerme. Ella duerme sobre cada frase que hago aparecer. Y este amor cansado, este amor del que me ha cansado, este amor que uno escucha sin comprender es la brisa. Fue esa mano sobre los huesos de la espalda, y luego la risita tonta y larga. Ya no quiero palabras. Soy el otro hombre. El hombre, el dor-mido, que flota sobre la imaginación de los muslos: que flotó como brisa entre el pelo sin saber que ve-nían las lágrimas.
Yo no lo sabía, yo no estaba aquí. Límpiate con las sábanas. Duerme como la gente que ve una cama junto a la otra. Y se acuesta. Despierta, hazlo ahora, antes de que me vaya.

08.00 AM
Se levanta del lado izquierdo. Siempre el mismo lado, siempre la misma línea en la mejilla. Él lo sabe, la sabe ahí. La sabe a ella. Un poco saliente sobre líneas de cadera. Está lejos: está y no está. Se levanta del lado izquierdo sabiendo que la habitación está aún oscura, que no hay olor a nada, que no hay olor. No le hace nunca caso. Al diablo la juventud. Al diablo los caminos de las gafas: todo porque se siente sola. Y la cama va a quedar vacía. La línea en la mejilla está obligada a contar la misma historia. A contar la historia de noche sin sueño: o de sueño de pocos instantes. (…)

Pertenece al último número de la Revista Narrativas. Quiero agradecer la amabilidad de Magda Díaz y Carlos Manzano por haberme dejado partipar. De igual modo agradecerle a la amiga Mónica Gutiérrez por permitirme escribir junto a ella: me ha gustado mucho el experimento.



un overol de talla pequeña
junio 6, 2008, 12:00 am
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*

Si yo mismo fuera mi recuerdo.
Si yo mismo no estuviera aquí,
si estuviera recordando con
nostalgia el futuro.
Si yo mismo fuese el futuro:
ese tiempo que se recuerda
recostado en la cama.
Pero guardo silencio,
ni una sola palabra.
Porque no soy nada de lo
que pienso, digo e imagino.
No soy nada de lo que
espero: me hacen esperar.
No soy nada de lo que pasto
y mastico. Me van a quitar
lo único que tengo. Porque
estoy al alcance.

*

alguna calle de Bogotá. Cierta calle

*

Y ahora salgo: la cabeza
levantada con algo de ánimo.
Ya lo presiento: ya está
aquí el hombre y su artificio.
Su tierra, su lenguaje, y su
mitad de corazón. Si yo mismo
fuera mi recuerdo, me gustaría
que me recordasen por algo más
de lo que aquí, en esta arena,
se me impone. Espero que
vuelvas a dormir: espero que
despertando no tengas nada.
Nada sea tuyo. Mis ojos ya
están cerrados.

*

Un poco de música sexy para el Viernes. Señoras y señores, ¡buena caza!
Morphine – You Look Like Rain




Retazos, colchas – I
marzo 19, 2008, 7:20 am
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Estos poemas se llaman retazos. Porque es lo que ha quedado, es lo que se ha quedado sin lugar. Es lo que he sacado de lo que escribo. De lo que ha quedado en otro lado. No quiere decir que sean buenos, o malos; no sé, no me gusta ver las cosas de tal forma. Simplemente se han quedado atrás. Como nosotros. Además, admito que la idea de los retazos, la idea de los fragmentos unidos para que surja una colcha, una colcha para arroparse, me gusta mucho. Me gusta mucho. La repetición, de nuevo.

Pero este cuento mete sus notas al bolsillo:
es culpa de quien guarda lo dicho.
¿Quién haría: quién tocaría la seguridad de
aquello que nos guarda?
Pero este cuento que llora
sin lágrimas,
que ríe sin risa: que camina entre un
último y un tercero.
Porque con él cae el tiempo
sobre una mesa: con el cae el tiempo
sobre una mesa. Y no es repetir decir
lo mismo. Porque lo mismo
se ha vuelto un pasar de prisa.

Pero este cuenta que toma
y tomó un baño de
arena. Pero este cuento
mitad cuerpo. Mitad hombre
de manos desnudas.
Mitad corazón, todavía,
como la huella justa al alcance.
Pero este cuento que dice
ser el último. Y que ya no camina,
porque se hace aprisa.
Este cuento que dice: «aún si fuera
el último, y me estuviera
hablando, diré de los que
viven en el mundo, que mi
presencia hunde su cráneo
en caída tan larga. Conmigo cae
el tiempo. Y si la muerte llama:
si la  muerte llama a su estado
definitivo irán las líneas de
mi palma. Si la muerte llama iré
a recostarme junto a un
árbol sin sábanas».

Últimas paladas
de la tarde. Última testa,
último cráneo de hondos
seres. Tantas sombras,
sombra, esencia en
mí temblando. Estaré al acecho:
quién pasará, quién
prorrumpirá con su aroma de
virgen. Y yo, un cuento,
arroparé cuando haga frío.
Calentaré cuando esté crudo,
y haré de nuevo sonar una ala en
el espacio.




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