el resto que lo haga don sesto


Damián Tabarovsky: de nuevo la pregunta por la literatura…
diciembre 13, 2007, 5:35 am
Archivado en: escribir, quejidos y sueños | Etiquetas: ,

Como es mayorcito, no necesita que nadie lo defienda. Tal vez este sea solo una entrada de bombo y platillo: para irme acercando. Porque, lo digo sanamente, no he leído uno solo de sus libros.

Cada entrevista, cada renglón que leo de «el francotirador», me lo hace más familiar. Como si alguien le hubiera soplado en la oreja lo que yo mismo creo: lo que es para mí la literatura. Pero no como un refugio de fuentes, o de límites. Lo que es un ejercicio. Lo que es el riesgo, la innovación. Lo que es el desagrado.
- Mi fórmula: literatura no es solo lo que siempre ha sido literatura.

POr ciertos requisitos de los que torpemente he hablado, cada vez que leo, cada vez que me intereso por un autor exclamo: esto huele rarísimo. Me encanta.

Nada mejor que un lector ingenuo, pero no clausurado. Es decir, aquel abierto a la búsqueda, y al asombro. La literatura es para mi un viaje, una exploración. Un descubrimiento. No leo, a veces vuelvo sobre la escritura, solo para que se me ame más. Leo, y trato de escribir, para debilitar las bases que sostienen mi ser: y luego empezar de nuevo.

–¿En su concepción el problema residiría en que la literatura y el arte nunca buscan la eficiencia?
–Sí, yo los concibo como diletantes, ineficientes. El escritor o el intelectual son figuras sospechosas porque son diletantes, ineficientes, torpes. Me interesa la inmadurez literaria, como escritor quiero poner a la ineficiencia en el centro de la literatura. Aquellos escritores con quienes comparto la crítica política ideológica al menemismo y a la época son los que llevan la crisis al corazón de su literatura, porque cuando General Motors hace marketing, está mal, pero cuando ellos lo hacen desde una editorial es porque simplemente un libro se acerca al lector. Acá hay una línea de continuidad que es interesante desmontar. Esa influencia del marketing llegó a los textos, por eso se convirtieron en complacientes y lo que se valora es eso: que los cuentos tengan introducción, desarrollo y conclusión, que no se experimente, que no se innove.

Perfecto. No hago sino acordarme de lo que decía Miller de Thomas Mann: un ladrillero.

He dicho desagrado. Lo he dejado en el mismo párrafo que el riesgo, y la innovación. El desagrado es levantarse de la silla y señalar. Como una suerte de Oráculo de Delfos. Desagrado es levantarse y empezar de nuevo. Desagrado es poner entre paréntesis y dudar. Y lo primero que se pregunta esta clase de literatura es qué es literatura. No es matar el niño en la cuna: es preguntar por la posibilidad. Tal vez suene añeja la pregunta kantiana, pero es algo así: ¿qué significa orientarse en el pensamiento? Es decir, aún es posible orientarse, qué es orientarse: qué es pensamiento. Quién piensa, etc.

Una de las tantas figuras del libro más leído del mundo fue uno de los mayores desagradadores. Jesús. Hizo lo que creía conveniente.
Ejemplo enorme, y ciertamente exagerado. Mejor así: aas preguntas aún están para ser respondidas, no acalladas. Si no espondidas, al menos polemizadas. Y esto lo hace, según Damián, la digresión.

Pero ahora que me acuerdo, nuevo ejercicio, ¿por qué no lo llamamos genealogía? Genealogía, ese estupendo método de Nietzsche. Ese hermoso libro sobre el método de Nietzsche de Foucault.
- Eso como para reincidir: antes de soñar, hay que OLER.




Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.