… epitafio: o esa carga que a veces se pone enorme

Tomando una fórmula de la biología, Nietzsche nos dice que la muerte es algo así como aquello que deja atrás una cosa… que se queda. Es decir, que muerte no es solo aquello de quedar tiesos en una cama: muerte es no dejar atrás lo que se debe dejar atrás: como las personas, como esos malos amigos.
En fin, como los amores.

presento cartas al asunto. Presento motivos para dejar de lado, para pasar de largo… para olvidar, para olvidarme.
dejo de recordar….—-

pero finalmente no recordar es tener que olvidarse de la parte que en uno mismo estuvo implicado… olvidarse de uno mismo.
quiero despacharme de muchas cosas: quiero mirar por encima del hombro, mirar mal, de soslayo, para que otras nuevas cosas se ofrezcan
A veces para despedirse de algo, de alguien, además del madre, he tenido la necesidad de las palabras: eso se llama poesía

Empiezo, entonces…

Epitafio No. 1

Desde que decidí no escribirte más cartas,
cartas sobre otras cartas sin escritura alguna,
otras puertas, otras épocas,
otras personas me han llegado con su escándalo.
Nuevas amantes.

Desde que decidí ya no buscar tu deseo,
otros han venido a yacer a mis pies.
Como mi vida, la de ahora,
boca arriba,
y dispuesta a hablar

Y aunque no temo por la vuelta,
por un recuerdo que le de
por pujar mucho,
no sé por qué, a veces,
cuando el bajonazo viene,
me da por pensar en que
tú me entendías… de a mucho.

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4 comentarios sobre “… epitafio: o esa carga que a veces se pone enorme

  1. No quiero que te desveles por el jardín. Yo he estado inquieta, por ti, pero sin tus culpas; por eso no acepto perdones, no piedades, sino más aún, me inquieta la razón, cada rasguño que le pones a este amor que sentimos. He procurado verte y con cada guiño voy desamparando tu mirada. No soy pretenciosa: Yo no busco un amor. Todas las armonías, y las pasiones están y no vienes. De la otra tuya manera vas.

    No más letras repetidas, mi adorado. Olvida todo, y ahora extiende tus brazos, pero guarda el instante en que recurres a tu ser amado – al pasado – para que no sea impuro tu corazón. Un hada puede abrigarte con el soplo. El soplo es todo lo que queda entonces y no te enfades ni te rebujes.

    Te queda todo lo que es como un final. ¿Sabes qué es un final? ¿Puedo?

    Mira mis lágrimas. Míralas hasta los pies. Déjalas que sacudan nuestro cariño y llora con un corazón. No te imaginas el desquiciado e insoportable color que veo. No entiendes nada, no puedes entender lo que siente un corazón, porque solamente conoces el tuyo y no se te ofrece. Ni siquiera te das cuenta.

    He escuchado esta dulce melodía en la cajuela que me traía de vuelta a casa una noche, y de inmediato conté los segundos exactos que faltaron para que el inevitable recorrido me trajera cerca de ella: te miré a los ojos queriendo descubrir lo que ahí dentro había: nada bueno, nada bueno. Y luego le miré a los ojos y ya era hora de la parada. Dejé algo de dinero y me quedé pensando en lo que vino a decirme esa noche. No fue suficiente.

    Pero mira cada cosa cómo se presenta: luego en casa continúo la música. Y ¡cuánto lo alegre puede ser si de encontrar nuevamente un crío viene! ¿Cómo pueden luego olvidar que hiere lo inerte de las pasiones? Y nada pudo haber sido. Soñar contigo y luego no poder soñar, dice. Me sigo empeñando en esto, cual prendería. ¿Viste cómo nos hemos convertido en una excusa para maltratar el lugar? Yo no enciendo ni un cerillo y mejor no hablar de ti.

    Voy a guardar cariño. Utilizarlo ahora es un guarro alcanfor en la solapa. Sé que lo aciertas como yo te cuento. Sé del reproche que te causo. Mira que por casualidad me devuelvo a los instantes tristes en que se despidió del mundo mi gran abuelo. A veces creo que es posible hablar de algunas cosas importantes, para una mujer como yo, con un hombre como tu. Ya se me ha pasado el tiempo de decírselo a mi abuelo; más cerca estás.

    Ya no es de melón… cartón opaco. ¿Para qué sostener un tieso arrume de espantos? Entiestada sería el adjetivo proveniente de tiesto. Tiestos tiesos arrumados y arrugados.

    De nunca querer, a querer tanto, guarda espacio. Ahora yo también he sido atareada en cuanto a ti. Preferible entonces volver al látigo del sustento de las palabras. Bien sabes que el amor no es apreciado en dinero. No siempre puede ser. Y ¿qué puedo hacer con el plato frente al silencio de la butaca? Guarda en tu cabeza que no la puedes encontrar igual. No lo siento tanto cuando supongo que somos responsable de cada subvenir.

    La manera como es dicho todo, es propicia para enternecer mi paso. Sentirme mal será inmoral… ya sabes de qué te hablo. Y efectivamente todo se hace por un gran vacío. Por aquí suena mejor. No está de más aclarar que me mareo si me quedo en el mismo lugar… condición, en este caso. Puedes aplanar mi mano y resulta desentonado el suceso. Sigue, querido, sigue. A lo mejor se acabe esta tentación de seguirme desmaquillando frente a ti. ¿Buscas un espejo que te asegure las modestias? No estoy ahora dispuesta a recibir ni una mínima exclamación.

    Por mucho que transcurre nunca hay pruebas de conciencia; estábamos hablando de lo mismo muy al principio, cuando luego me dijiste que igual hablabas contigo, solamente contigo, queriendo hacernos creer que era conmigo, con todos, solamente contigo. Y con pataletas te he rogado descaradamente, que te quedes, que te vayas, que no estés, que me lleves, que no quiero, que me arrulles, que me equivoques y desmientas, para lo cual solamente tienes una expresión de remordimiento y entonces me doy cuenta que te atropellas conmigo cerca, que te decides descubierto y que te aprisiona el alma tanto remedio inmediato y que no puedes con cargas molestas de sacrificios. Cuando duermo entonces, ni te fijas.

    ¿Qué es entonces cargar unas bolsas de mercado? ¿Tiene alguna otra manera de ser? Mis manos para cargar no hacen más. ¿Por qué querría alguien cargar unas bolsas? Mejor sería caminar sujetando otras cálidas, que también pesan, y halan, pero ocupan la forma, según.

    Fue un asunto espontáneo, de aquellos en que uno solamente suelta sus medios para ofrecer el alma y ella se dispone a ser hurgada esporádicamente.

    Escucha esto: hurgar. Escucha esto: esporádico.

    Y precisamente de arrullo arrojo mil delicias al viento queriendo decirte que este no será siempre el lugar indicado para apreciar amistades. ¿Por qué no puedes identificar lo que quieres cerca ahora de la otra manera posible? No es asunto mío esta vez, sino tuyo. Arropar las bolsas que cargaste y dejaste sobre tu mesa mirándola a ella por no querer desconocerle en ese amor. Y ahí te quedaste mirando. No puedo dejar de pensar en eso, como si te estuviera observando desde entonces. Pero quiero que veas que desde ahí lo único que puedo decir es que no existen deidades en las cosas que por normal suceden, y que a todos suceden. Entonces como yo anhelo lo que ya te pasó, porque en realidad soy yo quien anhela y no tú, es porque me enamoro de la vida ajena, y me he enamorado de la que tuviste antes cuando ni siquiera te conocía… entonces no te lo creas. Y con seguridad no volverás a escuchar mis deseos.

    La he tenido de frente y me ha contado que te adoró, que te envolvió para volar contigo, y que ya no lo hará nunca más. Ese es motivo para tu enojo que ya pasó también. Y el color no está tan fuerte y lo he mirado tanto que se ha convertido en el favorito.

    Ese será un buen final.

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