… un hombre lleno de tinta

Creo que existe un punto el que nada más por el simple (¿simple, realmente?) hecho de ser lector, se toman medidas, se miden las formas, se sopesan palabras, se bebe de fuentes de poema, se alegra con las cartas escondidas. En fin… hablo de aquella premura por volver a leer.
He aquí el libro, el hecho de tenerlo en la mano, la carga de tinta, la carga de papel: el título exacto.
Y puede que en nuestra mano, en los surcos, en las venas, en la mano blanqueada exista un mecanismo que se salta por el simple hecho de hojear, de ojear un libro, de ansiarlo.
Cuando eso pasa, cuando la mano se extiende, cuando los ojos no solo corren, caminan, también bailan por el texto, he sentido lo que no debería ser literatura; mejor, lo que no esperaría leer.
Supuestos:
– no me gusta aquella fórmula de que todo debe ser digerible, entendible. Amo lo oracular.
– y por lo mismo, no me creo aquello de la ¨dictadura del lector¨
– admito una dimensión inmanente del texto: el texto es un universo
– leer es habitar los universos que el autor ha recorrido: ese camino sigue en uno mismo. Se toma, y se continúa.

Empiezo… lo que no me es camino a seguir.

La novela ordenada, exacta como una calle: la novela urbana, y de urbanismos. La novela llena de explicaciones, la novela llena de flechas a seguir, de instrucciones, de cartas para marcar; la novela de cuadrículas y planos de topógrafo; la novela donde se ponen los nombres; la novela que espera controlar la realidad, la novela llena de esquinas, semáforos, cebras, alcaldías: la novela que tiene un dibujo final; la novelas con una salida del laberinto, las novelas que deberían ser como la vida: pero que no son caos, que no son incertidumbre; la novela con protagonistas; la novela donde se conoce el sitio al que vamos; la novela, la traición, el olor soso de la vida; la novela que no gusta de lo insípido; la novela que no es como un tango, que no es como un bolero, que no es como Cigala y Bebo cantando Obsesión; la novela que no es pagana como la misma vida: la novela casquivana…
La novela no es nada de lo que nos hemos imaginado que debería ser.
La novela que no es frágil y no es la simple cosa; la novela que no es mi nacimiento; la novela que es ciudad acotada; la novela del consejo; la novela que entiende nuestros estúpidos problemas; la novela que no es como un dolor de alma; la novela que narra, la novela que no levanta polvo; la novela que no deja reguero; la novela que no es aburrida. La novela que hace no quererla.

… pues como dice alguno por ahí: qué saben de la vida los que no han sufrido, los que nunca han sentido una pena de amor…

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