… no te me disuelvas: yo me disuelvo

Quién podría pensar lo que va a suceder.
Quién pudiera pensar lo que en el minuto a continuación voy a hacer.
Lo que seré, lo que dejaré de hacer: lo que dejaré pasar para seguir en este minuto que viene.

Quién iba a pensar que iría detrás tuyo.
Quién podría pensar que esa espalda, el cuello, la línea del brazo me sería tan familiar. (Quién hubiera pensado que ahora estuviera esperando algo tuyo, cuando antes, tal vez solo un segundo antes, no me importaba mucho que me dieras algo).

Quién pudiera recorrer lo que viene a continuación… quién pudiera recorrer el tiempo, el espacio: quién pudiera derribar el muro que separa este minuto del siguiente.

Y todo para qué… para no lamentar, inútil lamentar, no haber hecho algo más. (Lo cierto es que es mejor que suceda así: es mejor que se deje algo atrás para ser extrañado. Es mejor extrañar, que dejar de extrañar).

Es mejor dejar algo atrás para girar la cabeza y alegrarse, la risa tonta, por lo que viene…. Es mejor volver a ver la foto, el pelo corto, la fea maleta blanca: y sentirse algo mordido por la angustia de lo que viene.

Pues creo que nos olvidamos de la amnesia de tiempo futuro, de tiempo venidero. Nos olvidamos del olvido, y el olvido no lo debemos olvidar. No debemos olvidar lo que sigue a continuación. Pues, para mí, lo más importante es lo que aún se encuentra para ser realizado. Para ser hecho alguna vez. Cierta vez…

(Y no sé porqué siempre vuelvo a ver esa foto: vuelvo a preguntar por lo que dije alguna vez: de seguro en ella no te fijarás. ¡Qué tramposa ha sido la vist, el ojo, la visión, por esta vez!)

La sorpresa me ha cerrado la boca: aunque sea una sola vez… ¿Y ahora qué hago con este estado de ansiedad, de temor: de temor y temblor por lo que pueda pasar?

Cocoon – Bjork
http://www.goear.com/files/sst4/fd0737e206ac756e160a6c8295a2fc46.mp3″

3 comentarios en “… no te me disuelvas: yo me disuelvo

  1. ¿No es mejor no saber lo que va a venir al minuto siguiente? La fascinación por la vida viene de ello, de cómo nuestros pequeños pasos, nuestras predicciones y nuestras decisiones (nunca racionales y siempre emocionales sobre ellas) van poniendo una a una las losas de nuestro futuro en colaboración con el azar y la casualidad, que son quienes ponen el condimento. El azar, la incertidumbre, la magia de la vida.
    Abrazos

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