… el lunes está maduro, hoy sábado

Últimamente ando dejando muy poco humor por estos lados: muy poca chacota y cañitas de pescar. Entre lamentos, y suspiros, de hecho durante el día me toca abrir las ventanas de mi casa para que salga todo, estoy echando a perder el mercado turístico de mi blog. Y a mi me gusta reír. Está claro.-

He aquí el paquete; paquete que de buenas formas le he pedido prestado para no devolverselo a Camilo quien tiene el más sabroso menú del día en cuanto a reseñas y pasatiempos literarios. Que hombre que por allá se come sabroso. Etc.

Hay amores que ultrajan en realidad el abolengo de este sentimiento y lo despojan de toda su aureola romántica. Por ejemplo el que existe entre uno de los jefes de la Agencia y una de las secretarias. El jefe es viscoso, moluscoide, fofo, cincuentón y mediocre. La secretaria una gorda desteñida, mastodóntica, con los dientes fuera de las encías y una nariz tan larga que es una infracción permanente a las leyes de la cortesía. Una de esas mujeres, en suma, que, como alguien decía, “harían peligrar la continuidad de la especie si uno se encontrara solo con ellas en el mundo”. Y lo peor de todo es que ambos son casados; en consecuencia, cabe pensar qué sórdida catástrofe debe constituir en cada caso su matrimonio para que le busquen fuera de él esta compensación ominosa. Cuando los sorprendo en la oficina haciéndose signos de inteligencia, bromas o mirándose desde lejos embobados, me avergüenzo por mí, por mi especie. Y cuando imagino que estos amores deben consumarse en secreto, adulterinamente, en cuartos de hotel, en sabe Dios qué camas de alquiler, y evoco sus atroces cuerpos confundidos, siento la tentación de arrojarme por la ventana, presa de una locura incurable.

Julio Ramón Ribeyro, Prosas apátridas, Lima, Seix Barral, 2006, 140 pp.

Antonio Aguilar – El Dicharachero
http://www.goear.com/files/sst4/67536cf96ef00d7e613034de06847271.mp3″

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4 comentarios sobre “… el lunes está maduro, hoy sábado

  1. Conocí una pareja así. Ambos eran profesores, ambos casados, ella era una cincuentona entrada en carnes que vestía unas ropas de colorines (preferentemente rosas y malvas) y él era un tipo enjuto, frágil, como de alambre. Cuando me los imaginaba en el acto, en el acto un escalofrío me recorría la espalda. Pero quizá fueran felices, oye. No se lo recriminaría.
    Abrazos.

  2. Que bonita experiencia a los 28 el color blanco, es como cuando se tiene el lienzo con ese color y tu puedes empezar a plasmar a crear algo. A tus 28, blanco es como tu dices ser niño poder empezar.

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