lo que importa, anda y respira…

Entonces odoricé y planché mi vestido. ¿La necesidad? Entrega de premios literarios.

Siempre he intentado trabajar, tampoco, cierto es, que me la pase trabajando, en aquello que nada tiene que ver con lo que adoro, en lo que creo, y que amo: la palabra.

Espero no importe decir que no me va muy bien el evangelio de la inercia, qué digo, del trabajo. No me va muy bien lo que pueda ser un adulto responsable capaz de elegir a otro para que lo mal gobierne. Espero no importe el que diga que no me va muy bien el que el estado de cosas llamado vida se encuentre tan politizado.
Podría decirse que estoy en contra de cada decisión que el ´animal racional´ ha tomado. Para mí lo menos ´razonable´ es aquello de medir, comparar, equiparar. (Saber es poder… para en seguida añadir: poder es acumulación. Poder es máquina). Estimo lo ´razonable´, muy poco la razón. Para mí el cuerpo no es un cárcel del alma. No creo en esta lucha corazón/mente. En cambio creo en un ´buen uso´ del cuerpo.
Ello lo llamo SEntir: no cortar en pedazos.

Esta digresión para en seguida tomar la otra palabra: la mía. La que finalmente debe importar. No porque YO la diga: porque es la que cualquiera puede usar.

– ¿Por qué escribo? Me gustaría dar una idea fija; algo así como deslizar mi brazo por la cintura de un ser querido… pero se me ocurre solo esto: creo en los actos de amor. Escribir, para mí, es un acto de amor.
Porque amo la palabra la he seguido durante un largo tiempo. Es cierto, he tenido de siempre la agilidad de la palabra. Pero me quedaría en algo así como un escribidor de etiquetas de vino, si no trabajo en ello. Si no me disciplino en ello. Por último: si no CREO en que puedo ser alguien modestamente bueno con la palabra.

Y escuchar a ESTOS ´seres consagrados´: ¿pero quién lo dice? ¿Lo dice el que hayan publicado uno, dos, tres mil libros? Para mí un consagrado es aquel que le habla directamente a mi corazón: no a mi voluntad de sobresalir, de estirar el cogote para que me vean. De ser un sobrador.
Consagrado es para mi aquel que me conmueve sin que realmente me enseñe mucho. Es el contacto que tengo con un consagrado lo que me convierte en mejor hombre. En alguien que empuja con el hombro para abrir las puertas. Las únicas.

Y escuchar a ESTOS ´seres consagrados´ como si su actuación quisiese llamar la atención de un juez, la postulación de un Oscar. Y escuchar lo que dicen estos consagrados de lo que debe ser consagrado, me parte el alma. Me duele mucho el que lo que menos esté presente en la gente que se ´dedica´ a la poesía sea, aja, ella misma.
Excepto la participación del público menor de 18 años, no tuve ocasión de reír verdaderamente. O aunque sea soltar un Pero qué bueno está.

Esta poesía consagrada tan de mentiras, tan forzada, como queriendo hablar no de las ´simples´ cosas que pasan: aduciendo cualquier circunstancia para un tonto lujo de léxico, de palabras. De placeres nunca antes vistos por humano alguno.
Esta poesía tan aburrida: tan ´dolorosa´ porque las palabras no alcanzan a describir completamente. Es mentira; a estos poetas les sobra la palabra: les viene a la boca igual que babas. Para mí el problema es que no no viven a través de la poesía aquello que es importante.
– Y esa Es la diferencia entre ESTOs, ESOs, y Yo.

El poema anterior lo escribi sin corregir nada, y de un solo tirón. Para mí fue posible porque lo CREí posible. Porque para mí era importante escribirlo, y que alguien lo supiera… déjame amarte en vida. Y aunque crea que no necesariamente se debe vivir lo que se escribe: por lo menos se hace el intento. El COMO SI… (Si no yo mismo, que lo haga DON SESTo).

No digo que mi palabra sea la mejor, sea perfecta: al menos tomo el chance de equivocarme en palabras como lo haría yo mismo en vida. Punto más para decir: por eso lo que escribo es imperfecto. Es humano.

Me hubiera quedado en mi casa escuchando a Silvio Rodríguez. (Y no es que sea un hincha furibundo).

P.d. Querida Yo: te dejo aquí la nota colgada. Espero estés bien… ojala bien planchadita y olorosa: nada arrugada y triste. (Te he comprado un esmalte para las uñas…)

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