… una cuestión de monedas

hace siglos, cuando el mundo no era tan ancho y ajeno, me presenté al Premio Alfaguara de novela. Mi comentario al salir: vaya, al parecer esto de la literatura es un oficio de viejitos y derrumbados. Simplemente no podían creer que YO fuera a participar. (Aunque ese año no gané, yo me creí campeón. Palmaditas en el lomo, diplomas, y amaneceres en la cintura).

Un fragmento: oh oh oh oh… aunque horrendo y un adefesio fue mi primer hijo. El idiotica me dio alegrias.

En la cocina tuve uno de mis más grandes logros. Una hazaña que ni los más aturdidos de los asistentes de la ONU ha logrado: la paz entre los ángeles y lo demonios. Todo por querer expedir un plato inolvidable en la mesa. No quiero parecer orgulloso, pero solo conmigo las lentejas se volvían un acontecimiento. Es una fiesta que se festeja en los baberos y que se corona en las barbillas manchadas. Es esa receta de las lentejas con tomates amargos y curry el abracadabra capaz de poner en orden las cosas. De atemperar los ánimos. Cierto martes decido invitar tanto a los monstruos como a los lindos. Barro, sacudo, limpio la casa, desalojo el caballo muerto que estorbaba el paso de la puerta y les prohíbo a los perros hacer el amor en la mesa-comedor. No sé la razón, pero llegaron primero los monstruos y hubo que esperar largamente la llega de los lindos. Rápidamente reformulé mi plan y empecé a servirles a los feos primero para que, con el plato en la mesa y la cuchara repleta en la boca, se disminuyera la ira a la vista de los idiotas de los lindos. Iban por el segundo plato cuando cada uno de los monstruos leyó el espanto en la cara del otro al ver la arribada de los lindos. Y claro: éstos llegaron sin presentes para el anfitrión. Se iba a armar jaleo y seguro los cobardes lindos iban a ser azotados. Hasta que moviendo la cuchara de palo en la olla les dije: hey, andobas, ¡hay para todos!… No sé si fue la calidad de la papilla o el soberbio mosto que trajeron los feos o lo que no trajeron los lindos son lindos, pero todo estuvo a pedir de boca. Hasta el cejijunto de Belcebú se avino alegrón y nos regaló a todos una ingente marejada de chistes verdes. Como aquel de: ¿porqué las mujeres siempre ven hasta el final las pelis porno? Porque esperan que se casen los protagonistas. Ni siquiera la Convención del Aguardiente ha podido lograr lo que he logrado hoy: la paz del mundo. Todo por las lentejas con tomates amargos y curry.

6 comentarios en “… una cuestión de monedas

  1. Ya sabemos que, en general, los premios literarios son muy conservadores, poco osados, poco amigos de apostar por algo nuevo y diferente. Tiene una pinta estupenda tu primer hijo.
    ¿Quién ganó el premio aquel año?
    Abrazos!!

  2. Noe: venga ese aBrazo. Aunque no he vuelto a participar, al menos para novelas, pueda que el otro año tenga algo terminado, o aunque sea preparado, o en cocción…. Yo a una orden ASï le obedezco. Vale.
    Y tranquila que si te sacan del movimiento, pues que no estaria bien si se quedan con una de sus principales figuras: ya no habríai mucho MOVImiento …..😉

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