…lecturas necesarias: Henry Miller

precisamente hablando de la mili se me da por pensar el momento en quise ser algo que no era: o por lo menos algo. Fue solo un instante: un repliegue. Una iluminación.

Feria del Libro. Algo había escuchado de Henry; un tipo obsceno, y simpático. Sobre sus libros: un total chitón. Con unos pesos en el bolsillo salté la reja, que no iba a desperdiciar mi dinero pagando entrada. Llovía. Llovía mucho: los compra libros gesticulaban como sonámbulos. No sé cómo en este país se lee poco, si estas ferias son un éxito. Pero es sencillo: la mayoría llena las salas, los pabellones, porque es un deber hacerlo. Es un deber leer, tener una opinión brillante. ES un deber ser obediente. Y ese es precisamente lo que me acercó a MIller: un momento de intimidad que me ganó. De los escritores, no; es el escritor más honesto que haya leído.

un estilo salvaje, brutal, animal, erótico, pornográfico, directo: y hermosamente literario. Todo eso mientras fuera llovía, el mundo seguía sus revoluciones, y yo parado, rodeado de cachetes, con los 17 años, lleno de fatiga: lleno de desesperanza. Me habia pasado por encima la maquinaria. Pero con este señor, con Val, con Alf, con Henry descubrí lo que quería ser: indestructible. Un ganoso.

¿Te imaginas lo que habrá sido que hace más de 70 años al abrir el libro se leyera esto?

Por la noche, cuando contemplo la perilla de Boris reposando sobre la almohada, me pongo histérico. ¡Oh, Tania! ¿Dónde estará ahora aquel cálido coño tuyo, aquellas gruesas y pesadas ligas, aquellos muslos suaves y turgentes? Tengo un hueso en la picha de quince centímetros. Voy a alisarte todas las arrugas del coño, Tania, hinchado de semen. Te voy a enviar a casa con tu Sylvester con dolor en el vientre y la matriz vuelta del revés. ¡Tu Sylvester! Sí, él sabe encender un fuego, pero yo sé inflamar un coño. Disparo dardos ardientes a tus entrañas, Tania, te pongo los ovarios incandescentes. ¿Está un poco celoso tu Sylvester ahora? Siente algo, ¿verdad? Siente los rastros de mi enorme picha. He dejado un poco más anchas las orillas. He alisado las arrugas. Después de mí, puedes recibir garañones, toros, carneros, ánades, san bernardos. Puedes embutirte el recto con sapos, murciélagos, lagartos. Puedes cagar arpegios, si te apetece, o templar una cítara a través de tu ombligo. Te estoy jodiendo, Tania, para que permanezcas jodida. Y si tienes miedo a que te jodan en público, te joderé en privado. Te arrancaré algunos pelos del coño y los pegaré a la barbilla de Boris. Te morderé el clítoris y escupiré dos monedas de un franco…

Ser alguien que no debe, sino que ama. ¡Qué descubrimiento!
(Termina ahora, pero otro la contara).

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6 comentarios en “…lecturas necesarias: Henry Miller

  1. Recuerdo que cuando me regalaron “Trópico de Cáncer” me quedo dos tardes leyendo, al finalizar el libro andaba un poco turulata (anda, busca traducción a la palabra)
    Luego me han divertido las cartas entre Miller y Durrell, tremendamente excitantes y divertidas.

    No se aburrian, no. ¿Os los imagináis posteando en blogs?
    Besos

  2. .
    turuleta, me gusta: ¿te va tuntunienta?
    No, esos dos no se aburrían. Y es más que seguro que serían los primeros en sacarle provecho a los blogs: ¿te imaginas los post, y los comentarios? Upa!
    Durrell no me ha hecho divertir como Miller: pero qué manera tan… no sé, atmosférica de hablar del pasado… Sí, atmosférica: hacer mover todo. No solo una parte: le mueve, y le remueve a uno.

    besos,

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