No he llegado, ni ha llegado tarde

Me han dejado callado. Por fin, y ¡qué bueno!

En el bus venía afectado: que no es sencillo ver los puros y los trajes y las mujeres y las ventanas enormes de casas que dan a la calle para mirar cómo un pobre pendejo llega con sus poemas, sus ensayos, sus cuentos, sus ideas corregidas con lápiz. Con sus ´obras´ inéditas: con sus cosas y sus trapos sin título. No es fácil, no es fácil bajarse del bus, llegar al centro de Bogotá, sintiéndote como una mierda. Ver a los amigos, y yo sin saber cómo decirles que estoy bien, pero afectado. Nada que hacer cuando el mundo pasa por encima. Y sin embargo….
no me esperaba este espectáculo.

Bocón, boquiflojo, y boquirrubio he sido con las bandas locales. Pareciese que en 10 años no ha pasado nada. Y si a eso le agregamos lo poco dados a la música que han sido los músicos, haciendo lo que pega y hace plata ya mismo, razones me sobraban para desconfiar. Incluso cuando salieron a escena le dije a mi amiga de al lado: ¡qué pinta de marica que trae el cantante! The Hall Effect.

Y me dejaron callado: un solo tema me dejo callado. Es decir: ver cómo tocaban, cómo funciona esto llamado The Hall Effect. Ver la increible base sobre la que se levanta el grupo. Ver que hacen lo suyo. No he llevado mi cámara, por eso no es posible ver la maravilla llamada Andrés Rodríguez, tocando y destruyendo la batería. Es tal la intensidad con la que toca, que en el primer acto partió una baqueta. (El pedazo saltó al público, y a quien le cayó salió malherido. Los médicos se acercaron y se lo llevaron a la clínica. Pronóstico reservado). Eso me ganó, y me derritió como gelatina. Porque para que algo me guste debe enamorarme: debe tener esto de tripas y sesos y sangre para que lo acepte. Para comprender, para que guste de algo es necesario entregarme. De ahí lo poco, o lo difícil que soy en mis gustos, pasiones, amores. Pero cuando lo hace, me enamora. Fin del impulso.

Aquí va el piscolabios. Become

Así estos cuatro se traigan su pinta de gomelos y de estar forrados en plata, hombre, que no me importa: hacen lo suyo, y lo hacen jodidamente bien. Me encanta cuando esto pasa: estar ahí como un maldito aguafiestas, como la mugre en el ojo, como la piedra en el zapatos, y que venga alguno con su música arrancando las chapas de las puertas. ¡Gracias por cerrarme el hocico! Fue tal la cosa que me compré el cd: y me lo autografiaron. A las fotos no me quede, porque habían como mil personas esperando. ¡Y qué paciencia la de los fanáticos!: me empujaron y al hacerlo me preguntaron si lo podían hacer, y que si lo hacían iba en nombre de la banda. Y yo… de acuerdo chiquitina.

Estoy muy contento: Bogotá al fin rock. (Queda una entrevista que yo no sé si es que ya en este punto la nube cubre mis ojos, y vea lo que no es: pero me gusta).

Y no es todo.

Al mediodía escucho en D.C. (Distrito cultural, programa radial de la Universidad Nacional) una entrevista que le hacen a Teresa Grandas. Teresa es la curadora de la exposición que arranca desde hoy en el Mambo (Museo de Arte Moderno de Bogotá). El invitado: el español, fallecido hace poco, Pablo Palazuelo. Y entonces el conductor del programa le hace la pregunta más cliché del mundo: ¿ha probado el ajiaco? Si no hubiera sido por la respuesta ya se enterarían de mi queja. Pero, ¡qué voz tan bonita la que ha sonado!

– Me ha encantado.

A la Teresa no la puedo ver porque se devuelve, o ya se devolvió a España. Pero a Pablo, hombre, esto no es de todos los días, y se agradece. Viene directamente desde el Guggenheim de Bilbao. (Ciudad de la infaltable en este blog, Noemí Pastor).

5 comentarios en “No he llegado, ni ha llegado tarde

  1. Rock, más rock, por favor, en Bogotá y en cualquier sitio. Durante décadas se ha dicho que el rock era inmortal, las mismas décadas que la industria musical lleva intentando matarlo.
    Fenomenal, e infaltable.
    Abrazos

    PD: ¿cómo van esas ideas para guiones?

  2. .
    Noemí: pues… siempre hay una primera vez. Es infaltable que eso pase. Y me agrada ser embajador: ¿hasta ahora cómo me ha ido?
    .
    Marta: ya quisiera yo que vinieras. Me pondría muy feliz. Te aseguro que ni te dejaba dormir de l acharla, unos tragos, de ir a tal lado, que mira ese perro tal gato, etc, etc… oye, no me ilusiones si no piensas venir.
    .
    Susana: ahí voy, ahí voy. Gracias por la visita.
    .
    Alfredo: es que estos son los primeros que estando en Bogotá no me averguenzan. Y sí, llevan y llevan matándolo, pero el condenado es duro. Menos mal: lo has dicho, infaltable.
    En cuanto al guión: oye, que tengo todo, todo, toitico. Me falta lo primero: ponerme a escribir… ya te hablaré de eso.-
    .

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