Conversación entre persona sola

– Amo de la única manera en que sé hacerlo: profundamente, y para siempre.
– ¿Para siempre?: eso ya no se dice. Ya no se siente así. El ´siempre´ cayó en desuso.
– ¿Prefieres algo menos monstruoso: más saludable?
– Has dado en el clavo.
– Pero la salud es algo sobrevalorado. Además lo monstruoso no se opone a la salud: se opone a la línea recta. Lo monstruoso es tropezar con la línea recta, y preguntarse ¿esto para qué sirve? ¿Esto sirve de algo?
– Inventas mares para cruzar…
– Has dado en el clavo. ¿Y tú: qué fetiche para entre semana? Porque los fines de semana parece que todo cambia.
– Me he vuelto un fetiche: voy detrás de un fetiche. El pelo negro, negrísimo. Incluso cuando veo una cana asomar en la mancha negra, negrísima del pelo, invento, hago el de la vista gorda. A mi nadie me va a venir a aguar la fiesta.
– Pero tú sí que las aguas: das aguas.
– La gente se me acerca a hablar de las maravillosas vanalidades de la vida. Tengo muelita para ablandar el precio de la carne, para recomendar una receta, para distinguir a metros cuando un pan se va poner patatin y patatan.
– Tienes miedo: tienes mucho miedo. Miedo no es una palabra tan mala.
– Tengo miedo de no poder hacer lo que quiero hacer; no quiero que me apachurre el mundo.
– Yo por eso digo para siempre: es decir: siempre… como si aún (te) siguierá amando, aquí, conmigo: pero que tampoco eso fuera tan cierto. Hay tantas profundidades y malestares que mi corazón no me deja ver. Sigo, sigo…
– Yo soy valiente por pedazos. Me cuesta llegar rápidamente a la meta. Me demoro mucho más que cualquiera: me la pienso toda, por eso es. Pero tampoco esto es cierto: a veces ni me interesa pensar, y tanto que empleo el lenguaje, y me he dado cuenta que lo esencial sucede sin su concurso. Hay algo en mi que termina por comerse al lenguaje: por pasarle por encima.
– Anoche he soñado. En este mundo de los sueños no parece existir la ley del copyright, porque la idea se me hace familiar. MUY familiar. Es decir, la IDEA del color, el reflejo: y los vidrios empañados. …ambos vamos en un tren. Los vidrios están empañados, está oscuro afuera, y en el interior de nuestro vagón hay una luz tenue. Para ver en qué sitio vamos he pasado la mano para limpiar el vidrio. Me he asustado. Porque he descubierto una cara que flota en la oscuridad. Esta cara no es sino el reflejo de alguien que está sentado algunas bancas detrás de mí: diagonal, y hacia el frente. Desaparecido el susto siento mucha curiosidad por esta cara. La veo y la veo: veo el reflejo. Por algún extraño problema nunca puedo ver directamente la cara a quien pertenece el reflejo. Y con la gana que se me ha despertado de verla: de tocar la carne, de hablarle y preguntarle. De decirle cómo me llamo. De averiguar quién es… Deseo sentarme justo al lado de la cara cuyo reflejo he visto… Deseo, deseo. Me siento bien, me siento flotar cuando lo veo. Y es solo un reflejo: sólo he podido ver un reflejo. A mi me gustaría ver más… me gustaria flotar como flota el reflejo de tu cara… y se me olvidó qué iba añadir a continuación.
– Anoche has soñado: recae la idea de la línea. La línea recta es la forma más sencilla de unir dos puntos. Pero eso está bien para los trenes: no para mi. No me gustan las líneas rectas.
– Exacto: propio de cochecitos, de paraderos, y multas de tránsito
– Anoche soñaste: ese no es propiamente un olvido que te pase: yo creo que el lenguaje insiste en quedarse callado. Y no le hacemos caso.
– Pero callarse no sería dejar que entre el silencio cuando quiera: que haga lo que quiera. Que rompa y desmenuce. Y a veces que lo ponga todo en orden.
– Algo así: yo creo que el lenguaje está sepultado por las palabras.
– Lo sepultan los sueños, y el ser humano.
– He pensado que sería posible que el lenguaje hablara cuando no hay nadie.
– Pero es imposible…
– Sí, pero la ilusión del como si: es viable.
– ¿De qué hablábamos?
– De lo monstruoso..
– Ahí está: al fin el monstruo.
– Lo monstruoso hasta hace muy poco era lo divino. Lo monstruoso era por ejemplo la manía de la que hablaba Platón.
– Y crear, sea lo que sea ello, me parece que sigue siendo monstruoso. Con tal que de que se entregue a ello honestamente de seguro me gustara aquello que hagas.

_ y yo…. yo…. creo: yo creo que así es que deben amar los hombres: hasta el final, pase lo que pase. Y nada de líneas rectas.
_ Como en esta sorpredente canción:

The Sweetest Embrace – Barry Adamson/Nick Cave
http://www.goear.com/files/sst4/2ce11cec6b010eca615178e0885bcd11.mp3″

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8 comentarios en “Conversación entre persona sola

  1. Hay alguien a quien amar para la que la palabra “siempre” es demasiado poco. “Siempre”, “nunca”, “sí”, “no”, “bien”, “mal” , son trampas, la dictadura del lenguaje. Lo monstruoso.
    Abrazos

  2. .
    Alfredo: pero hay una vuelta de tuerca más. Creo que se debe decir SIEMPRE, para llevarle la contraria a la razón, y al lenguaje. Para dejar que no se vuelva un tramposo maníaco sobre nuestra propia manía… abrazos,
    .
    Fernando: Hombre con suerte. Hacer curvas es casi un talento natural: haye gente que así se le explique lleva la recta siempre.
    .
    Lucía: y de vértigo, de velocidad: de irreverencia… besos.
    .

  3. y por aqui tambien hay mostruo, fantasma y sobre todo dialogo…
    sabe que es lo mas impresionante, que tuve un sueño la otra vez,algo q asustaba, si me acuerda despues le comento, a ver como lo Ve

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