Contra la indolencia

Fracasado es, para mí, quien no quiere ser cómplice. Quien obvia el éxito y la comodidad que puede tener la vida académica. Yo nunca he dicho que haya sido exitoso. La única vez que escribí una ponencia para la facultad de filosofía fue un éxito: se debió a mi irreverencia. Si en mi sustentación de tesis la cosa se llenó, fue porque era el segundo lance contra la filosofía. Yo nunca quise el éxito académico, me la pasaba con la espalda mojada por irme al Parque Nacional a leer a Miller. Nunca quise el éxito académico, pero si lo hubiera querido, si hubiera estirado, ni siquiera del todo, tan sólo un poquito la mano, es muy probable que estuviera haciendo mi doctorado en europa. Pero mi fracaso: fracasar, para mi, es tener conciencia. Hacer carrera de fracasado es estar comprometido con la conciencia. No he defenido nada, ni me he metido en nada de lo que estuviera con todo lo que soy yo comprometido.

Compromiso, eso es algo de lo que se habla muy poco. Y en los pasillos de las facultades de filosofía se cuchichea, se incrementa el rumor, y los comentaristas se reproducen como conejos. Puede decirse que todo filósofo ha tenido sus seguidores y adeptos. Todos, incluso los que ya no hacen sino comentan: comentario sobre comentario. Coma sobre coma sobre coma. Unos brutos, y unos expertos atajadores de penaltys: pero no por pararse frente al jugador del equipo contrario. Por escamotear el balón: por desinflarlo. La razón le dispara a las pelotas para que nunca más haya un partido.

Los filósofos, aunque leen, o parecen que leen, no saben leer, porque para saber leer hay que saber asociar. Es es este un requisito necesario para quien quiere pensar por sí mismo. Pensar por sí mismo, es pensarse: qué relación tengo yo con esto que me rodea. Qué soy yo, qué puedo hacer. Qué no debo hacer. Un filósofo dice: cómo puedo comentar esto. Cómo puedo justficar esto. Cuántos seguidores me seguirán: acaso será más conveniente decir que no quiero seguidores.

No sólo la razón está ciega, y sentada frente a una chimenea, como en el caso de Descartes: es que vale más que esté ciega. El gremio se encarga de hacerla sentar. Y una razón sentada en tiempos turbulentos y de gran agitación produce esto: (Respiración Artificial, Ricardo Piglia…)

(…) En fin, dijo Tardewski, que me pasé la tarde y parte de la noche en la biblioteca del British Museum leyendo ese extraño y delirante monólogo autobiográfico que Hitler había escrito, en realidad había dictado, en el castillo de Landsberg, en 1924, mientras purgaba (es un decir) una pena de seis meses de condescendiente prisión. Lo primero que pensé, lo que comprendí de inmediato fue que Mein Kampf era una suerte de reverso perfecto o de apócrifa continuación del Discurso del Método. Era el Discurso del Método escrito no tanto (o no sólo) por un loco y un megalomaníaco (también Descartes era un poco loco y era megalomaníaco) sino por un sujeto que utiliza la razón, sostiene su pensamiento y construye un férreo sistema de ideas sobre una hipótesis que es la inversión perfecta (y lógica) del punto de partida de Rene Descartes. Esto es, dijo Tardewski, la hipótesis de que la duda no existe, no debe existir, no tiene derecho a existir y que la duda no es otra cosa que el signo de debilidad de un pensamiento y no la condición necesaria de su rigor. ¿Qué relaciones había, o mejor, qué línea de continuidad se podía establecer (fue lo primero que pensé esa tarde) entre El discurso del método y Mi lucha..? Los dos eran monólogos de un sujeto más o menos alucinado que se disponía a negar toda verdad anterior y a probar de un modo a la vez imperativo e inflexible, en qué lugar, desde qué posición se podía (y se debía) erigir un sistema que fuera a la vez absolutamente coherente y filosóficamente imbatible. Los dos libros, pensé, dijo Tardewski, eran un solo libro, las dos partes de un solo libro escrito con la distancia de tiempo necesaria entre uno y otro para que el desarrollo histórico hiciera posible que sus ideas se complementaran.¿Podría ser ese libro (pensaba yo mientras anochecía en la biblioteca) considerado como una flexión final en la evolución del subjetivismo racionalista inaugurado por Descartes? Pienso que sí, pensé esa tarde y lo pienso también ahora, dijo Tardewski. Me opongo con esto, por supuesto, como usted habrá notado enseguida, a la tesis sostenida por Georg Lukacs en su libro El asalto a la razón para quien Mi lucha y el nazismo no son más que la realización de la tendencia irracionalista de la filosofía alemana que se inicia con Nietzsche y Schopenhauer. Para mí, en cambio, dice Tardewski, Mi lucha es la razón burguesa llevada a su límite más extremo y coherente. Incluso le diré más, me dijo Tardewski, la razón burguesa concluye de un modo triunfal en Mein Kampf. Ese libro es la realización de la filosofía burguesa. Es la filosofía como crítica práctica; no la filosofía (dicho sea de paso) según la entendía ese otro filósofo alemán que se pasaba los días en una sala del British Museum leyendo los escrupulosos informes escritos por los honestos y británicos inspectores de fábrica en la época de la Revolución Industrial; sino la otra filosofía como crítica práctica: la que yo estudiaba en Cambridge.
Dijo entonces Tardewski que si la filosofía siempre había buscado el camino de su realización ¿cómo extrañarse que Heidegger haya visto en el Führer la concreción misma de la razón alemana? No hago un juicio moral, dijo Tardewski, se trata para mí de un juicio lógico. Si la razón europea se realiza en este libro (me decía yo al leerlo) ¿cómo extrañarse que el máximo filósofo viviente, es decir, aquel a quien se consideraba la mayor inteligencia filosófica de occidente, lo haya comprendido de inmediato? Entonces el cabo austríaco y el filósofo de Friburgo (con el Ser habitando la casa de al lado, según decía Astrada) no son otra cosa que los descendientes directos y legítimos de ese filósofo francés que se fue a Holanda y se sentó ante el fuego de la chimenea para fundar las certezas de la razón moderna. Un filósofo sentado frente al hogar, dijo Tardewski, ¿no es ésa la situación básica? (Sócrates en cambio, como usted sabe, me dijo entre paréntesis, se paseaba por las calles y las plazas) ¿No está allí condensada la tragedia del mundo moderno? Es totalmente lógico, dijo, que cuando el filósofo se levanta de su sillón, después de haberse convencido de que es el propietario exclusivo de la verdad más allá de toda duda, lo que hace es tomar uno de esos leños encendidos y dedicarse a incendiar con el fuego de su razón el mundo entero. Sucedió cuatrocientos años después pero era lógico, era una consecuencia inevitable. Si al menos se hubiera mantenido sentado. Pero usted sabe lo difícil que es mantenerse mucho tiempo sentado, dijo Tardewski y se incorporó y empezó a pasearse por el cuarto.

O sentados, o como dice Heráclito, les valdría ahorcarse, cerrar el pico. Pero, atentos, no son sólo filosóficos los que estudian filosofía. Son un clan amplio y dominante cuya razón de ser es la más honda preocupación del ser humano, cuando su misma esencia, y por definición ESO ES el ser humano: el miedo a meter la pata. Por el contrario: somos una total metida de pata. ¿Cuál es el problema?

Contra la indolencia: por el contrario que nos duela, que nos importe. Porque lo importante de vivir no es conservar la vida, por cualquier medio: es la conservación de la propia dignidad.

11 comentarios en “Contra la indolencia

  1. Querido Amigo, hoy acaso y después de leer líneas y entrelíneas, estas palabras tienen un agregado más de calidez.
    No voy a “humillarte” con cumplidos, no porque no los merezcas, sabés de sobra que sí, pero necesito ir directo a lo importante: Vos.

    Y quizás me pase de la raya, pero tengo sabido que el inconformista y rebelde Andrés difícilmente deje que el árbol le tape el bosque.

    Quiero que tome la palabra alguien que conocemos, no presumo decir mejor que él estos pensamientos:

    “En un tiempo pensé que ser humano era el objetivo más alto que podía tener un hombre, pero ahora veo que estaba destinado a destruirme. Hoy me siento orgulloso al decir que soy “inhumano” que no pertenezco a los hombres ni a los gobiernos, que no tengo nada que ver con credos ni principios. No tengo nada que ver con la maquinaria crujiente de la humanidad: ¡Pertenezco a la tierra!. Digo esto con la cabeza reclinada en la almohada y siento los cuernos que me brotan en las sienes. Veo a mi alrededor a todos esos antepasados míos bailando en torno a la cama, consolándome, incitándome, flagelándome con sus lenguas viperinas, sonriéndome y mirándome de reojo con sus siniestras calaveras. ¡SOY INHUMANO!. Lo digo con una sonrisa demente, alucinada y voy a seguir diciéndolo aunque lluevan cocodrilos. Tras mis palabras se encuentran todas esas calaveras siniestras que sonríen y miran de reojo, unas muertas y sonriendo hace mucho tiempo, otras sonriendo como si tuvieran trismo, otras sonriendo con la mueca de una sonrisa, el sabor anticipado y las consecuencias de lo que ocurre siempre. Más clara que nada veo mi propia calavera sonriente, veo el esqueleto bailando al viento, serpientes saliendo de la lengua podrida y las ampulosas páginas de éxtasis sucias de excrementos. E incorporo mi lodo, mi excremento, mi locura, mi éxtasis al gran circuito que circula a través de los subterráneos de la carne. Todo ese vómito espontáneo indeseable, de borracho, seguir manando sin cesar, a través de las mentes de los que han de venir, a la vasija inagotable que contiene la historia de la raza. Codo a codo con la raza humana corre otra raza de seres, los inhumanos, la raza de los artistas que estimulados por impulsos desconocidos, toman la masa inerte de la humanidad y mediante la fiebre y el fermento de que la imbuyen, convierten esa pasta húmeda en pan y el pan en vino y el vino en canción.
    Con el abono muerto y la escoria inerte producen una canción que se contagia. Veo esa otra raza de individuos saqueando el universo, dejando todo patas para arriba, con las manos vacías, siempre tratando de agarrar y asir el más allá el dios inalcanzable: matando a todo lo que está a su alcance para calmar al monstruo que les roe las entrañas. Lo veo cuando se arrancan los pelos en su esfuerzo por comprender, por aprehender lo que es eternamente inalcanzable, lo que veo cuando braman como bestias enloquecidas y se precipitan dando cornadas, veo que está bien y que no queda otro camino. Un hombre que pertenezca a esa raza ha de subir al lugar más alto y arrancarse las entrañas, mientras pronuncia palabras incoherentes. ¡Está bien y es justo, porque debe hacerlo! y todo lo que se quede corto con respecto a ese espectáculo espantoso, todo lo que sea menos escalofriante, menos aterrador, menos demencial, menos embriagador, menos contagioso, no es arte. El resto es falso. El resto es humano. El resto corresponde a la vida y a la ausencia de la vida.”

    Como ves, y por más que le pese al puritanismo actual, no estás solo.
    Hoy me da por desearte un cuarto sucio y un barrio sustituto del Paris surrealista, dadaísta, generoso, con o sin hetairas, quizás una Anais.

    Lo demás, se lo sigo dejando a Miller:”Un hombre escribe para expulsar el veneno que ha acumulado debido a su estilo de vida falso. Está intentando recapturar su inocencia, pero todo lo que logra hacer (escribiendo) es inocular el mundo con un virus de su desilusión. Ningún hombre pondría una sola palabra en un papel si tuviera el coraje de vivir aquello en lo que creía”

    Sí amigo, fracasado es quien no quiere ser cómplice.

    Te tengo en muy alta estima, sabelo.

  2. “fracasar, para mi, es tener conciencia. Hacer carrera de fracasado es estar comprometido con la conciencia”
    Y yo digo:
    “qué gusto da volver de estas minivacaciones blogueriles con afirmaciones como estas”
    Y añado:
    “fracasemos pues ¡y al carajo con la impostura!”😀

  3. Frontón (fragmento)

    Frontón le escribe a Marcus: “Sucede que el filósofo puede ser un impostor, pero el aficionado a las letras no puede serlo. Lo literario es cada palabra. Por otra parte, su propia investigación es más profunda a causa de la imagen”.
    ………..
    Pero los filósfos hablan y en sus indagaciones olvidan la fuente de su oración, dejan a un costado del camino su materia, oscurecen y obstaculizan el impulso murmurante que subyace a su tardía especialización. La filosofía se apega a los entes y su investigación no toma en cuenta en su despliegue la retórica fundamental a la que divide y de la cual no es más que ua rama. Las imágenes no dejan de surgir en el seno de la litterae mientas que el sermo de los filósofos se esfuerza por descartarlas. “Es como si al nadarin natando) tomaras como modelo a la rana antes que al delfín(ranam potius quam delphinus aemulari). La filosofía no es más que un herrumbe(robignoso) en la espada(gladio). Es como si yo no fuera Frontón sino Séneca-no deja de repetir el rétor imperial- y como si tú no fueras Marco Aurelio sino Claudio Nerón. Es como si antes que la majestad del águila(aquila) prefirieras las cortas plumas de la codorniz(cotornicum pinnis breviculis). No prefieras la tregua antes que el combate. Combate con el lenguaje cuya hoja tienes que pulir día tras día para hacerla resplandecer.”

    De: Retórica especulativa, Pascal Quignard, El cuenco de plata, 2006 Argentina.

    Lo anterior no lo puse en mi post, sentí que aquí quedaba. Un abrazo

  4. Andrés, debo decirte de inicio que yo no creo en el fracaso ni lo que éste comúnmente representa. Para mi, y siempre lo he tenido claro de esta forma, solo existe la experiencia, de ella se aprende o no, eso ya es particular.

    Por otro lado, la vida académica es preciosa, llena de satisfacciones y frutos, y también de dificultades y sinsabores. Como todas las cosas en la vida. Al igual que la vida académica, en mi opinión, es precioso cualquier camino que decidamos tener o ir construyendo. Lo esencial, me parece, es hacer lo que deseamos realmente, pero hacer, no dejar de hacer.

    Estoy totalmente convencida que el fracaso es inexistente, solo es la experiencia lo que existe. La vida, además, está siempre ahi, con nosotros, para vivirla de la mejor manera posible y conforme queramos vivirla. Hermosa libertad.

    Un abrazo
    Magda

  5. .
    Susana: Yupi!
    Me has dado una alegría grande: siento recargar las baterias. ¿Sabes?, qué bueno que te pases de la raya, que bueno que lo hagas, te animo ha hacerlo. Eso vale mucho, para mi la gente que va más allá de lo que se pide, de lo que es la raya, me entusiasma. POr otro lado, ¿qué es esa maldita raya? Todo un ismo, un artilugio que se inventa el ser humano para andar de bruces: para estar pegado a la tierra… yo siento crecer esos cuernos cada noche, cada vez que me pregunto por las cosas que hago. Así suene hoy en día ridículo, casi no me gusta lo que toda la gente hace: voy contracorriente, como el salmón, como Calamaro, sí, señor, que ese también es uno de mis héroes.
    Y la imagen que creas para mi: ojala fuera un altillo, me gusta estar pegado al techo, con eso, así no use, capa, me voy volando ligero como un globo. Y una Anais: no, eso es un deseo. ¡Que las palabras vayan delante!

    Disfruto mucho estas visitas tuyas: mucho, y todos estos piropos, que yo no sé responder porque me sonrojo con facilidad extrema. Gracias, Susana. Gracias por la energía que veo, y que siento… grande, grande. un abrazo…
    .
    Esther: ¡Qué largas vacaiones has tomado! La última vez que te vi estaban flotando a una pulgada del suelo. Eres la única filósofa que me visita, y con la que me entiendo. Un abrazo,
    .
    Alba: tremenda cita que me dejas acá. La he leído varias veces, me gusta mucho el primer párrafo. Un abtrazo..
    .
    Magda: Yo tampoco creo en el fracaso. Digamos que lo mío es más sanguíneo, más vital. Lo que me molestan son las imposturas. Y a veces ni siquiera creo en la experiencia: creo en la ilusión. Es como si no sólo se necesitase vivir para saber: cuando ver, y tomar una distancia.
    Yo tampoco creo en el fracaso: pero en cambio veo en ello una moralidad: la de detenerme en la corriente y volver a hacer las cosas. Eso es el fracaso para mi: volver a mirar de forma poco cómplice.
    Es aquello de mi eterno Miller: un mundo sin esperanza, pero nada de desesperarse. No sé si me entiendas. No creo en el fracaso com un tipo psicológico, en cambio creo en la entereza y el valor de mis actos. Es eso. No me siento un fracasado: por el contrario. Fracasado es quien obstinadamente sostiene una y otra vez sus puntos de vistas, y jamás los pone en duda.
    Un abrazo,
    .

  6. querido malvisto, yo tengo un buen amigo que es filósofo y un gran asociador de ideas ya que además es escritor de ficciones… otra cosa es que su vida mental, intelectual, esté a la altura de su vida real (o mejor dicho al revés)

    y… puestos a pedir… yo quiero una comentarista como susana que me escriba esas parrafadas del gran Henry, (¿esta es de ‘Sexus’?) para irme a dormir con los angelitos… ahora mismo

    abrazo intercontinental
    :

  7. .
    Luis: ése es de Trópico de Cáncer. Sexus tiene otra clase de perlas. Como aquella… y saber que esta mujer salió de unas gotas de semen. Sin dejar atrás lo que dice de la escritura: y todo eso en un libro llamado Sexus. Estoy leyendo a Bukowski, La senda del perdedor, pero no ha habido esa chispa del primer amor…..

    un abrazo…
    .

  8. Lo más importante ya está dicho: compromiso, pensamiento propio, nuestro papel en el entorno, el uso de mecanismos racionales que tiene como resultado la irracionalidad… Sólo una duda, ¿estás seguro de la igualdad éxito = doctorado en Europa? Como residente en Europa y responsable académico de tres doctorados, yo jamás utilizaría esa palabra…
    Abrazos

  9. .
    Es exactamente mi punto, querido Alfredo: por eso pongo allí fracaso. Para mi el ´éxito´ viene de otro lado: no de irme a Europa. Mi ´éxito´ no tiene título, no es para mostrar: es como un dominio… Abrazos, hermano.
    .

  10. Me ha parecido admirable la exposición, pero sobre todo la defensa de la dignidad.
    El fracaso, como otras muchas sensaciones, es una mera creación nuestra, un reflejo social que puede ser interpretado por cada cual de manera muy distinta.
    Un abrazo.

  11. .
    Fernando: muchas gracias, y completamente de acuerdo, me has entendido muy ben la idea. Porque no es que sobrevalore el fracaso, lo que valoro más es la dignidad, y a veces para defenderla hay que echar mano de cosas, y palabras un tanto extrañas. Un abrazo,
    ..

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