Por favor, no hables de política

Dentro de poco empieza el Festival Internacional de Teatro de Bogotá. 22 años. Es increible que ya tenga ese tiempo, todo esos años. Porque hasta hace poquísimo Bogotá da un poco menos de vergüenza. Es decir, que da gusto la fuerte, variada, y enorme actividad cultural. Ya no sólo sale uno a ver cómo atracan a los pobres infelices, y a esto lo llamamos cine.

Es tal la emoción que esto causa entre la gente, que hubo uno que, por falta de martillo, desenfundó su zapato y termino de clavar la puntilla en la tarima. (Afotunadamente no hay fotos.)

He visto salir dos chinos de uno solo: sí, como si los hubieran partido por mitades. He visto a un italiano arrancarse la cabeza, pero quiso Dios asomarse un poco para ver qué era el ruido, y quisimos todos nosotros ver este cabeza de turco envuelto en una seda: y quiso Dios que sólo me acordará del último Festival viendo con la boca abierta unas 20 pulgadas con tendencia hacia la derecha después de las primeras diez. Corrijo, todos nos quedamos con la boca abierta viendo cómo la mosca nos saludaba desde su carruaje. Es decir, miles y miles de espectáculos, y lo que más recuerdo es una… polla enorme.

Dentro de poco empieza… y dentro de poco empezaré a hablar casi todas las lenguas del mundo. Vendrán las romerías, las largas romerías, y los ríos que corren. Porque como uno es buen ciudadano les dará a conocer a las visitantes todos los rincones, todas las bahías, cebras. Llegado el momento de explicar mis ojeras, y el estado de rijoso que suelo tener por esos días, qué es esa cara mijo, surgirá el aliento tan pesado, tan de haberlo metido en, y de haber lamido el, que en el acto terminarán las preguntas.

Lo simpático es que nunca El Festival me ha pillado en proceso, o casado. Mi pérdida de cabeza sucede justo después de mi cumple en junio: me imagino que otro año sumado dará al conjunto autoconciencia. Comenzará y esto qué es, y para dónde voy. Mis inicios de año siempre son ligeros. Lo siguiente es como un halonazo de orejas que nunca sirve. Los halonazos me los dan otras: sí, yo soy muy tímido.

A veces, cuando estoy empollando, me cuelgo la guitarra. y una sucesión de bufidos se escucha. Les enseño a mis agasajadas cómo es de uso en Bogotá saludar a tu amigo a una cuadra de distancia.

– Aaaandrés, veo que no has dejado la mano escondida.
– Ya ves, la tengo estrecha…. (aquí el ´hermano´ empieza su carcajada, porque nunca las visitantes se van a enterar de lo que hablamos. Entre varones tenemos nuestro código, y también nuestro sistema de señales.)
El hermano de la otra cuadra ha levantado su nariz, para ponerla en: en un segundo llevo la licuadora.
– Sí, porque el hombre solo no puede actuar en el escenario.
– ¿Dónde piensa plantar el karaoke?
– Barrio Galerías….
– Único sitio en Bogotá donde la disco va hasta el otro día.
– Y la cerveza empolla.
– Ey, whatt are iu toking abou?  Les dice en perfecto inglés el hermano.
– Es mejor que le sigan la corriente: se cayó del árbol cuando era pequeño.
– Las chicas me decían que dominan el español. Lo aprendieron en Buenos Aires.
– ¿En serio? Yo tengo allí un tío segundo por el lado de mi madre tercera.
– Sí, aquí el hombre ha recorrido mundo, sólo que lo dice por decir: nunca se ha levantado del colchón. Además, ya se sabe: colombiano que no tenga parientes alrededor del mundo y perro ladrando en terraza es que no es colombiano.
– Y que no haya comido mandarinas en el cole en clase de matemáticas….
– Claro: sin faltar el abuelo que en la familia se ganó el chance: quiniela le suelen decir, ¿cierto? Usted sabe más de esto, compa.
– Cuando estuve en los iunaites le decían lotto.
– Ud sí que sabe y nos ilustra. Y ahora, vaya y báñese: ¿al fin qué pasó con su primo Mario el de la peluquería?
– ¡Ja!, ese no me voltea a mirar desde que compró tele de 40 pulgadas.
– ¿Y eso qué tiene que ver con usted?
– Ya se sabe: colombiano que no tenga tele enorme encima de la nevera y parlantes tipo llama-al-poli-a-las-tres-de-la-mañana no está en nada.
– Sí, pero eso qué tiene ver con usted y Mario.
– Que ya no se llama Mario.
– Ah, lo hizo, llevaba su buen tiempo amenazando con anudarse el moño.
– jajaja…. chicos… este… andrés, nosotras los esperamos en el bar mientras ustedes terminan de arreglar el mundo…
– Sí, fuera de discutir seriamente el uso de un tercer delantero en la selección colombia.
– ahg!, no me hable de eso, hermano: ahora prefiero ir a la lucha libre, a los caballos.
– Hace bien.

¿CONTINUARÁ?

(Mientras tanto una de las que se baila. Banda local, oiga. Ritmo pegajosísimo. Para que mis amigos de afuera se vayan ambientando: mis puertas están abiertas, la comida ya la puse a calentar. No sé si alcancen los colchones, pero entre esteras y uno encima de otro nos apañamos.)

Sidestepper – Paloma
http://www.goear.com/files/sst4/21804189bd54db0c46ff9d23dc91fc61.mp3″

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7 comentarios sobre “Por favor, no hables de política

  1. A mí guárdame un par de esteras, que soy muy grande… tampoco me importa que alguien me caiga encima (según quién, a elección).
    Aquí empieza hoy el festival de teatro que dura cuatro años: la campaña electoral para la presidencia del Gobierno. Mejor momento para largarse a Bogotá o a cualquier sitio, no hay.
    Abrazos

  2. ..
    Tú vente para acá sin problema Alfredo, que lo de menos es la quedada, o la acostada: estoy seguro que más de una caería en tus brazos, pasándote la mano por los tornillos. Ahí está, puedes elegir: y este voto sí vale la pena. Un abrazo,
    .

  3. .
    A ver, a ver: te voy a pedir que cumplas tu palabra, a qué horas más o menos viajas,: con eso me organizo para llevar la papayera. De la mano de Alfredo vienes, ¿vale? Besos…
    ..

  4. No sé si viene a colación,amigo,pero me has hecho recordar que cuando yo era adolescente tocaba en un grupo musical.Yo tocaba el bajo.Teníamos un garaje para ensayar.Jamás llegamos a tocar en directo y uno de los temas compuestos por nosotros se llamaba:No política.Han pasado unos años,y los sueños de adolescencia no se borran del todo.Basta ver el panorama político mundial para darme cuenta que mi filosofía que todavía me guía,nació en un garaje,que por cierto,no pagabamos el alquiler,quizá fuimos los primeros okupas.
    Un fuerte abrazo,amigo.

  5. .
    Francisco: claro que viene a colación. La adlescencia tiene una mala fama inmerecida. Para mi es de las épocas más interesantes. Rápidamente pasada de largo por el ascenso a la madurez. jajajajaj…. maduros: maduran sólo los tomates. Y mi filosofía aún no cambia, tampoco: los adolescentes somos sabios…. un abrazo.
    .

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