compañía

Me sigue interesando este Tabarovsky. Y como va unido a la idea que tenía del arte, arte no es arte señalado por una mano que dice esto es arte: así como novela no es un estrechón de manos de alcalde, suscribo punto por punto el artículo que publicó en Babelia. Dejo aquí lo que me hace llorar de contento.
A mi estos bocones me fascinan. (Hay esperanza).

«Hace unos días pasó por Buenos Aires Vargas Llosa. El jefe de Gobierno le otorgó el diploma de huésped de honor, junto con una medalla recordatoria con el escudo de la ciudad. ¿Qué interés puede tener un escritor en ser recibido por el alcalde? ¿Es allí, en el apretón de manos oficial, que el escritor consuma su legitimidad? (el otro punto de consagración es novela llevada al cine. Como si la literatura necesitara de un reconocimiento externo a ella misma -el estado o el mercado- para alcanzar su propia legitimidad)
(…) recuerdo una entrevista de televisión realizada hace cierto tiempo. Vargas Llosa establecía una especie de división internacional del trabajo intelectual. Según decía, a Europa le toca La Razón, la filosofía racionalista; y a América Latina, la literatura entendida en su faceta realista y mágica. En un sólo movimiento dejaba de lado las tradiciones más críticas y agudas de ambas orillas del océano… Ese olvido también parece imperar en Reglas para la supervivencia de la novela, el decálogo que Vicente Verdú publicó en este mismo suplemento en noviembre del año pasado… lo que realmente me asombra es el comienzo del manifiesto de Verdú. Entre fastidiado y decepcionado, señala que los últimos cinco premios Herralde de novela han recaído sin cesar sobre escritores latinoamericanos.
“La novela que todavía se premia responde al molde tradicional y este producto no se cultiva con la debida dignidad sino en la periferia del sistema (…) La novela con argumento son productos que caducaron en territorios de la Metrópoli mucho antes de iniciarse el siglo XXI”. Es curioso, pero Verdú parece no haber registrado una obviedad del mercado español. Las editoriales españolas vienen publicando con fruición, desde hace más de una década, a autores que encarnan una tradición absolutamente opuesta a la que describe Verdú: de Bolaño a Fogwill, de Aira a Bellatin, de Villoro a Levrero, cada uno con sus diferencias bien marcadas, son sin embargo autores que se salen de la linealidad narrativa, de la idea de que la novela tiene que tener una trama ascendente, personajes bien construidos, comienzos atrapantes y desenlaces inesperados. Al contrario, sus textos son raros, transgresores, eruditos, sofisticados, casi vanguardistas.
Precisamente lo más interesante (y a la vez preocupante) es que el mercado español le ha dado gran lugar, quizás como nunca antes, a la más insolente tradición literaria latinoamericana: la que hace de la excentricidad su pasatiempo favorito, del desdén por los lugares comunes su carta de presentación, del malestar frente al estado de las cosas su tema de conversación y de la ruptura con las formas establecidas su tarea cotidiana.
Si algo debería preocuparnos a los escritores latinoamericanos no es escribir bajo “el molde tradicional”, como supone Verdú, porque eso sólo ocurre con los ganadores del Premio Planeta y con algún que otro escritor de taller literario, sino el hecho de que esa otra literatura, la más radical, la más desafiante, ocupe una posición cada vez más central en el mercado. ¿Se puede ser excéntrico y central a la vez? Supongo que esta pregunta debe ser demasiado compleja para Verdú, más allá de que él use términos parecidos, como “periferia del sistema” y “Metrópoli” (así, con mayúscula).»

7 comentarios en “compañía

  1. ja, hoy estamos a full!
    Intuyo que la cuestión no pasa por ser o no un outsider sino, como en el fútbol, jugar con la ley del off side. En otras palabras, que de todos los que se fueron por la puerta grande, siempre preferí a los que habían entrado por la ventana.

  2. . eso, porque el outsider ahora nos los venden en bolsa de pástico: me gusta lo de la ventana, porque entre menos profesionalismo mejor, escribir no es lo mismo que levantar un edificio. Nada de ladrilleros, por favor.

  3. Vargas Llosa hace tiempo que flojea… ¡pero si se durmió en su propia conferencia! Desgraciadamente, las editoriales también buscan la audiencia. Si Bolaño es un éxito, publicarán todo lo que recuerde a Bolaño, aunque sea de lejos; si nadie lo hubiera leído, seguiríamos perdiendo el tiempo con la literatura del XIX (que a mí, personalmente me encanta, y sin la cual no existiría, probablemente, ninguna otra). Lo importante es que la literatura se mueva, que no fosilice… como Vargas Llosa.
    Abrazos

  4. Estoy de acuerdo con Alfredo.Vargas LLosa tuvo sus mejores momentos.A mí me gustan todavía La casa verde y Conversaciones en la catedral.Su postura política y su novela fascista;Lituma en los Andes me hizo retroceder.
    Me alegra tu mención a Levrero,es un autor que me fascina,me recuerda mucho a Dino Buzzati,otro autor de adoro.De Bolaño te puedo decir que lo ví un día en una librería a la que era muy asiduo en Blanes,yo vivo cerca de allí.Tuve unas palabras con él y me firmó Los detectives salvajes.Yo ya tenía el libro en mi casa,pero volví a comprarlo para que me lo dedicara.Buena persona,gran escritor.

    Un fuerte abrazo,amigo.

  5. .
    Alfredo: la literatura del S. XIX es literatura con mayúsculas, nada qué hacer. Soy unos cabrones geniales. A Dostoievskiy lo he leido hasta que se gastan las letras: tengo las obras completas en Aguilar. Le adoro. Ahora, como ya no hay grandes hombres, sino cada vez más pequeños, la literatura como que debe hacer un cambio; ya no hay almas, hay instantes, hay momentos, y hay mucha mierda. Lo que me gusta de esto es que puede uno estar preguntando siempre, y por eso Vargas L. es un pesado con sus teorías y sus puntillas y sus tables de la novela.

    abrazos,
    .
    Francisco: no he podido con un solo de sus libros. Siendo grosero y niñaco te digo que huelen feo y saben a verduras. Es de lo más dogmático, que me da rabia.
    Levrero es un escritor a seguir, al que parece se está recuperado. Ese diario de un escritor, escribir un diario para saber si puedo escribir una novela, y hacer de ello mismo una novela, es bárbaro.
    Y lo de Bolaño, nada qué hacer, otro libro había que comprar para que te lo firmara, dan como cosquillas en el estómago cuando eso pasa. Una lástima absoluta que se haya ido tan pronto. Digo, que 50 años no es nada. Estaba muy, muy joven.

    abrazos, amigo
    .
    ..
    .

  6. Vargas Llosa nunca me ha llenado,y con el tiempo menos.
    Ya me conoces. Estoy totalmente de acuerdo en que el arte y la literatura nos hagan pensar no importando el nombre del autor. No soy del tipo de persona que lee por la superficie y que se aprende textos sin saber lo que significan. Vamos de erudita no tengo nada.
    Creo que para apreciar hace falta aprender, educarnos para ir profundizando. Claro hay autores que se supone son elevados y sin embargo no sabemos por qué nos tocan. Lo importante es realmente mirar y no andar con prisas.
    Abrazos

  7. Ladrilleros versus escritores/artistas. Interesante contradicción.
    El decálogo de Verdú es una boutade muy de las suyas; provocación sin más. Pero cuidado con lo radical y desafiante: es un filo de navaja.
    Abrazos.

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