autoencargo (por ansiedad)

Llegará, pienso llegará el día en que esos sonidos se apaguen. Nada, nadie, todo estará tan limpio, solo, apagado como antes de que empezáramos a hablar. ¿Te fijas cómo se van, cómo pierden su ruido: cómo se vuelven palabras sin ruido dichas como si fueran dichas entre sueños? Hoy quiero ir más lejos: no sé si vine. Yo aquí tan solo, tan solo, pero sé que si comienzo a hablar habrá luego mucha gente por todo lado. Yo aquí tan solo, mírame la cara: nunca salgo, y sin embargo un vagabundear de gente se me ha metido tanto que todo piel adentro he quedado. En cuanto quiero o muevo algo empiezan a salir. Y a nadie le gusta verme cuando estoy rodeado de ellos. Que no empiecen a salir, que no anden sueltos por la calle. Sobre todo que no lleven mi nombre y muestren mis pecados, mis miedos, mis recuerdos, mis ansiedades. Hace un año no he visto a nadie, soy todo esto que quiero abandonar. Es tanto lo que quiero dejar, y yo tan poquito. Confírmalo, confímalo.
– Eres tú, tú lleno de espantos.
– Desde siempre, en medio de ellos he nacido. Si vieras lo que es verlos salir de mi casa llenos de vergüenza, y por eso las palabras se han quedado sin ruido, no hay ruido de palabra, porque la vergüenza se los ha robado. Y ahora sólo hay ansiedad, y ruido de vergüenza. Los vieras salir como yo los veo salir me dirías que calle, que las bicis siguen estando recostadas, que las llanuras se han vuelto grises, se han vuelto de asfalto, pero que aún así siguen siendo rectas, o bien continuas. Me dirías que me ves subir y bajar, que ves el todo y la nada. Me dirías que las luchas las hacemos de a poquitos, y que la escalera está contra el muro.
– Ver bajar, bajar también. Arrimar la escalera al muro.
– Tú perro se despertaba por lo ligero de mi sueño.
– ¿Cuándo descansarás, cuándo dormirás conmigo?
– Iré. Iré después.
Ahora, ahora estoy aqui en este cuerpo lleno de ruidos, y por azar me cae agua fría, agua sucia, agua del hueco del tejado. No sé por qué no me muevo. Quiero ir más lejos: no he visto a nada, aquí no hay nadie, pero te vi. Apareciste como se acostumbra cuando uno no es de aquí.
– No me acuerdo.
– Hay algo más que enfila saliéndose por la mano.
– No lo quiero oír.
– Ahora no estoy acostumbado al silencio tal vez porque nadie venía, y yo mismo estaba tan escaso de todo. Excepto de ruidos y voces.
– Ahora te seguirás acostumbrando a que no hay nada, ni hay nadie.
– No me gusta verlo así, me gusta ver el uno junto al otro.
– Pero no conmigo.
– Entonces por qué estás aquí.
– No sé, no preguntes más. Espera que salgan las penas.
– Ahora tiemblas.
– Yo lo sé, pero me puesto al frente. No quiero ir a tu casa.
– Y yo aquí tan solo viendo que no hay nada por todas partes.
– No exageres.
– Yo aquí tan solo vaya donde vaya.
– Tú ahí tan solo mientras venía yo de arriba.
– Estás en otro lado.
– Hay algo más que enfila saliéndose por la mano.
– ¿Cómo se va uno de aquí?
– Son mis palabras, hablas mi idioma, incluso me retas a que perdone poco.
– No te reto, ves lo que hace mi propio ruido. Ruido de vaciar: me estoy desocupando.
– Veo y siento lo que no puede servir para nada porque no añade dato alguno.
– No lo digas, no me acuerdo. O dilo con tal de que no me exponga y no me haga preocuparme demasiado.
– Escucho una voz de mujer. Y me gusta.
– Ya te dije lo que tenía por decirte ahora.
– Ahora cuando los dedos me han quedado rotos por intentar beber de aquello.
– ¿Qué?
– Hace tan poco nos conocemos, y digo mis oraciones cada noche para que la gente tan adentro se vaya, y me dejen ser un imbécil cuando es bueno serlo.
– Te refieres a la bici
– Acaso ahora estará rota y abandonada y yo habré perdido un tantito de vida que no quería perder. Daría lo que fuera por volverme a montar en ella para caer. La pasaba muy bien, nunca me acostumbré del todo a ella.
– Como yo. No te acostumbras a mí te quedas callado cuando más quieras hablar. Haces preguntas cuando lo único que quieres es acariciar. Me miras cuando lo que quieres no es mirar.
– Miro tu cuello, huelo sin permiso.
– ¿Por qué te cortas tanto conmigo? ¿Debo hacerte un documento una y otra vez por las veces que te he dicho: «no te basta que esté acá?
– Si vieras toda la gente que sale sin permiso.
– El remedio no es encerrar.
– Y sin embargo me quiero encerrar contigo.
– No lo digas, no quiero ir a tu casa. ¡No puedo!
– Y sin embargo lo que quiero es encerrarme contigo
– Basta ya, apártate.
– Y sin embargo yo mismo no sé qué va a quedar de lo que ahora se vaya.
– Nuevo ahora: sí, nos conocemos hace tan poco.

13 comentarios en “autoencargo (por ansiedad)

  1. Andrés, percibo nuevamente el mismo tema (o temas) que has mmanejado estos últimos posts, como que la despedida, la relación de pareja, la tristeza, la molestia, el enojo y la reflexión, son temas que están ahi. Para mi es un diálogo dificil, siento que tu sabes de lo que hablas pero yo me quedo como intrigada, no se bien a bien cual es el sentido “real” de este diálogo, hacia donde va.

    Creo que debo leerlo más veces. Allá voy.

  2. .
    Magda, querida: me encanta cuando eso pasa, cuando escribo algo y alguien, en este caso tú, tú Magda, te quedas pensando y este para dónde va, qué es lo que hace. Yo mismo no sé para dónde va, quiero irlo descubriendo con la escritura. Por lo menos sé que hace parte de una obra de teatro que estoy escribiendo en honor a mi ansiedad, al desamor, y la innata necesidad que he tenido de limpiarme, de dejar trás. También es un regalo para alguien en especial, que fácilmente ubico ahora mismo: ya he escrito tres escenas, por llamarlas así. Y entonces lo he dejado aquí con el propósito de recibir comentarios.

    Muchísimas gracias por ir, por buscar.

    un abrazo,
    andrés

  3. .
    Alfredo: las despedidas, tanto de personas, como de la persona que uno mismo ha llegado a ser, es de lo más jugoso, fructífero que puede existir para escribir. Qué vengan, qué vegan. (Quiero escribirte hoy, hermano: lo haré apenas duerma un tantico).
    fuerte abrazo,
    ..
    .

  4. En vista que parece no quedó el comentario, lo repito y por favor borra el anterior.

    Son difíciles estos procesos, quisiéramos acabar y resulta que nosotros mismos no lo entendemos. No queda mas que continuar y esperar un día salir.

    un gran abrazo

  5. .
    Alba: o saltar, o ponerse a escribir, o ser tan, tan cansón que hacer de una cosa pequeña sea lo último que se deba hacer en esta vida. Espíritu exagerado, por favor, jejeje. Un beso,
    .
    Marta: de acuerdo. Lo que siempre me ha gustado es guardar las cosas en un cajój y volvre y volver a ellos. Para escribir, para soltar la mano. Es simple literatura. Un beso, hermana, cómo va todo.
    ..
    .

  6. ¿Un texto lleno todo entero de diálogo? No puedo creerlo, será la hora, o la mudanza, o… Tengo que asimilarlo. Andrés escribiendo con diálogos, incréible.

    (Me gustó mucho)

    Un abrazo

  7. .
    Mónica: gracias. Y ya ves, debe ser la hora, la mudanza, el que me hago viejo, y mucho. Y luego me devuelvo unos años. ¿Quién sabe qué será? Pero lo escribí casi sin esfuerzo. ¡Qué cosa con los diálogos! Fuerte abrazo, (Cómo va la mudanza).
    ..
    .

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