Es mi mano, y algún día…

Nadie es normal. La gente normal no existe: no hay gente normal. La gente normal no existe, porque si se diera cuenta de lo que pasa dejarían de ser personas. La normalidad, eso no existe. Nadie es normal, porque lo normal no existe. Si hubiera algo que se llamara normalidad, y por tal razón la gente fuese normal, lo normal no dejaría a nadie vivir, dar un paso más. Porque lo normal es no dar un paso más en la oscuridad. No es normal: no es normal vivir sin sueños. O tenerlos y no ir tras ellos. Y en este mundo tan homogéneo, tan él mismo, lo normal no existe. La gente normal no existe. Yo no existo, yo no existo, o deje de existir cuando fui normal. Y una vez me di cuenta, una vez se terminó la normalidad, deje de existir. ¿Sabes lo que es perder eso? ¿Sabes lo que es perder algo que te hace y te forma a ti mismo? ¿Sabes lo que es dejar de existir cuando alguna vez exististe? Yo ahora, ahora que lo pienso ni siquiera me supo a despedida. Nunca se dijo, nunca dije adiós. No se me dio la oportunidad, y no se me dio la oportunidad porque todo fue fácil. Tan de vernos al otro día, a la misma hora. En el mismo lugar. ¡Mierda! Debería uno a aprender a decir esos adioses. Para que no venga algún idiota a decir lo que se sabe, aquello de ¿y ahora para qué decirlo? Porque no deja de doler, o de mover, o de molestar: o de seguir esperando. De decir…. esta es la última vez que te vi. ¡Mierda! Debería ser posible la edición: quitar, poner, volver a poner, retrasar los actos que uno suele llamar importantes. Esta fue la última vez. O esta es la úlima vez que me vi en ojos de otro. ¿Sabes lo que es perder en unos segundos a ti y a mi en ti? Si te tienen no te dejan ir. Si te tienen ojos que te miran de ese modo, no te dejan ir. Porque los ojos que miran así miran todo lo otro como siendo tú mismo. Tú misma.
Si te tienen no te dejan ir. Los ojos. Si te tienes en frente tuyo no te dejes ir. Es lo que me digo, o lo que debería decirme siempre. Para dejar de ser, para no ser homogéneo; en cambio normal.
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6 comentarios en “Es mi mano, y algún día…

  1. Lo que pasa es que nos encanta engañarnos con eso de la normalidad. Lo peor es que los que se sienten “normales” le hacen la vida de cuadritos al resto. Debería poderse editar…

    Un abrazo

  2. La normalidad debe existir. Es precisa como contrapunto. ¿Cómo soy yo de especial y por qué? ¿Cuánto me siento? ¿Cuánto quiero serlo para otra persona, otra mirada? ¿Cómo de diferente, entre todo el ir y venir del mundo, es ella para mí? Es cierto, dejas de existir cuando eres normal, para los demás.
    Y es muy cierto, la edición debería de existir. Y la pausa. Y recuperar el tiempo para arreglar lo que has hecho mal y que te asusta y no te deja dormir.
    Que canción más bonita.

  3. Pero quién decide lo que es normal o no?
    Es un juego personal, abstracto, casi intangible.
    A mí hace un tiempo me dijeron- eres más rara que una liebre verde- vale, le dije.

    Juzgar es un error, pero cuando lo hacemos nosotros no nos lo parece.

    Un besazo,

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