hoy quiero decir que me gustan los naufragios

lo que me gustó de ella fue la dulzura: palabras escuchas con atención y como si valieran la pena. Oído junto a naríz: oído por la dulzura natural y como para permanecer relajado. Naríz, al mismo tiempo, como para conjurar una extraña maldición. Extraña, de una soledad mal entendida. Lo que me gustó de ella fue la manera en que no puede existir conclusión definitiva: lo que me gustó de ella era que la mentira era posible; pero mentira no por el engaño, por las dobleces de un secreto, por algún efecto secundario: mentira porque hablando era posible todo. Era posible afirmar el blanco, y el negro, a la vez, y no contradecirse. Decir, por ejemplo, ya no me acuerdo de qué lado de la cama duermo y si las pantuflas que dejé anoche van a continuar ahí. Decir, por ejemplo, nuestra muerte está pretederminada, por eso no debemos perder mucho tiempo, y sin embargo estar cogidos de la mano, o ver parejas cogidas de la mano mientras hay uno solo que los observa mientras el hielo de la cerveza se derrite, y ya es tarde y van a cerrar el bar, y pensar, él piensa, el que está sentado mirando piensa que mañana será otro día: pero el hielo de la cerveza se sigue derritiendo. Y, sin embargo, algo viene de las cosas mismas que impide volverse amargo por lo acaecido: algo en la manera de ver, antes que en la manera de ser presentado. Algo que tiene que ver con una obra, un producto estético tal vez, antes que con el progreso. No tiene que ver con el tiempo, sino con el tiempo sometido a discusión. Un incesante juego de motivaciones, de sucesiones y conveniencias.
(…) Y eso fue lo que me gustó de ella, que el lenguaje de antemano fijó lo que habría de gustarme.

5 comentarios en “hoy quiero decir que me gustan los naufragios

  1. Qué bonito Andrés! Cada día que entro por aquí me doy cuenta, que cada vez más estás creando historias, relatos quizá hasta sin querer. Eso me gusta de ti.
    Cualquier día de estos hasta me pones un diálogo de regalo…

    Un besazo,

    P.S.: Me ha hecho recordar ese relato a cuatro manos. Laboriosa, pero preciosa experiencia habrá que repetir.

  2. Olvidarse del lado en el que se duerme en la cama no es un síntoma, es una sentencia. ¿Puede existir vida, convivencia, diálogo, después de constatar ese cataclismo? Si hay amor que resista ese olvido, no me cabe duda: es el verdadero.
    Un abrazo.

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