el abuso de la belleza (también)

Y al final me encontré en medio de la llovizna del día moribundo, con los limpiabisas en pleno funcionamiento, pero incapaces de apartar mis lágrimas.
Lolita, Vlaimir Nabokov, Segunda parte, 29.

Antes yo no sabía, pero quiero seguir sin saberlo. Antes yo no sabía, pero realmente prefiero seguir en ese hueco que me brinda la ignorancia de no saberlo. Porque no quiero que mi cuerpo aguante hasta saberlo, no quiero que mi cuerpo resista tanto hasta que la posibilidad, la posibilidad completa de seguir siempre hasta adelante me haga saber: saber que es necesario que el cuerpo aguante. Prefiero evadirme, prefiero quedarme atrás. No quiero seguir día tras día hasta que el cuerpo no aguante. Porque no soy mi cuerpo, no soy simplemente boca, no soy ojos, no soy dueño de mi cuerpo. Soy un arrendatario de mi cuerpo. La imagen me sirve para dar un paso más, para traer otra imagen: la que se desprende de ese libro intenso, atroz, herido, de cuerpo constantemente en movimiento. Lolita.


Yo no lo quiero, no quiero amar, ni que me amen de esa forma.No quiero la ternura constante, no quiero la evocación constante de mi amada. O de mí mismo como amado. Porque quiero también el desamparo que me trae cuando no lo puedo todo y necesito ayuda: pero ayuda no amorosa: comprensiva. Quiero la herida, quiero la búsqueda que me deja el amor, la necesidad, y una como lujuria que no tiene reposo. Pero no quiero la invasión, no quiero tomar y que me tomen siempre por fuerza. Quiero la conquista, pero también la rendición. Prefiero el amor que martilla la realidad, mi realidad, que desarma, para volver a armar. No quiero de nuevo el amor que me es espejo, y contento me sumo a los que se zambullen en él hasta que la alberca se desocupa: el agua se seque y no de para más. Quiero martillar al mundo con amor, pero que ese amor cambie lo que de cambio hay en el reposo. Lo que de reposo hay cuando otro fantasma más no viene a reencarnarse. Quiero querer, amar, como se dice, pero hasta cuando el cuerpo que sigue adelante no soporte más y me convierta en un monstruo. Prefiero el mudo gemido, mudo, o más bien silencioso: lo que de silencio hay en un susurro.Continuo. Prefiero el mudo gemido de la ternura, así me sea más difícil verla en alrededores, y que yo mismo esté lejos de esa afirmación de mudo gemido. Prefiero… como para decir que no es esto es lo que me gusta, pero continuo por esta tendencia. Importante la tendencia, antes que el objeto que cierra, que obstruye y que concluye el camino

Cada vez me gustan más las máscaras: porque me mantiene despierto, porque me hacen simular como monstruo. Cada vez me gusta más el silencio: porque me vuelven cínico. (Sobre el cinismo deberé volver una vez más.)

8 comentarios en “el abuso de la belleza (también)

  1. .
    Alfredo: jajaja. fenómeno lo de las moscas. Y precisamente eso, la máscara de reír incluso cuando no hay que reír. O la máscara de seriedad cuando hay que dejarlo de ser. Me gusta mucho cuando todos se ponen de ecuerdo y de pronto uno solo, solo un pelma, dice. ¡no!
    abrazo hermano.
    .
    Noé: En eso sí estamos de acuerdos. Aunque ni siquiera hay que pensar en la madera, en el caucho, cuando una de piel nos basta.
    ..
    .

  2. No se tu..pero yo jamás renunciaria a un amor vibrante o silente aun a riesgo de conocer su fecha de caducidad. El amor, cualquier amor, pero sobre todo el verdadero nos transforma… la vida, los días, la piel del alma,la luz,la edad y el color de la mirada…

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