Viaje en Azul

Forma parte de una ciencia abstrusa, que no por ser extraña, densa, ilegible, deja de ser conocida. De molestar la cabeza que se agacha en cada esquina del mundo.

*

A veces oía miles de voces, pues Dios habla en muchas lenguas, que me susurraban cosas mientras yo yacía allí tumbado, totalmente solo. Todas las sensaciones de miedo, furia y desesperanza que eran mi alimento diario, como el pan, me abandonaban, y me sentía poderosísimo. Poderosísimo.
Me dijeron… Él me dijo cosas que yo sé que eran de un orden especial. De mí al principio. De otros luego.

Estoy tentado a creer que Nick Cave no existe. La figura, tal vez de cera, tal vez de leche, tal vez de cuajo y en medio de la cara… La figura de Nick Cave no existe, no se ha incorporado en un espacio al que algún notario le habrá dado nombre de cuerpo, y nosotros diremos luego que nació en Australia, que suele aparecer en películas, y que canta baladas repletas de puyas bíblicas.
Lo que conocemos o se conoce como Nick Cave es la suma de las máscaras, de los rostros, también de los fantasmas, que hablando siempre habla cada vez con voz distinta. A mi parecer Nick Cave es de aquellos que no quieren ser encasillados; aquel que no quieren ser llamado músico, guionista, o novelista. Quizá deberíamos llamarlo «el escapista»: aquel que se encuentra abandonando el mundo  para que en su retorno una vez nos preguntemos por lo que llamamos realidad: un señalamiento del dedo. Porque ¿qué es esa mano extendida que por una de sus extremidades señala algo que por mucho que nos esforcemos no lograremos alcanzar? Mundo: sí, claro. El ladrillo nuevamente: la primera piedra del edificio que nos tapa de todo, que nos protege siempre. Eso es lo que me ha gustado de «Y el Asno Vio al Ángel». ¿Qué es?… un momento.
Porque aquí, tras leer la novela, su novela: aquí lo que aparece es el recuerdo del nacimiento como algo imposible.  Como un sueño descarnado, pero un sueño que siendo soñado por un solo soñante señala a otro: un sueño del soñado. Un sueño para el que viene, un sueño para el que no ha estado, pero cuyo historia, cuyo porvenir comprende y conoce completamente.  Demos el siguiente paso: el recuerdo del nacimiento, como algo imposible.


En este momento tal expresión, tal retruécano para hablar de lo que viene y va, para aquello que no hace concordar el principio y con el final, el nacimiento, el nacer, es el grado íntimo de no estar, de no ser uno solo en el mundo. Muy sencillo: de estar rodeado, contaminado de las vidas y las muertes de muchos otros. Y es eso lo imposible: ese cansancio de ya haber muerto, de ya haber vivido otras vidas. Después, y después… y el nuevo nacer es el comentario de no morir y nacer del todo. El nacer es una media-tinta. Y quiero acentuar esta expresión, antes que decir simple y llanamente reencarnación. Porque aquí hay y existe algo distinto.

En cuanto al tiempo que estuve allí, enmudecido en la oscuridad del tabernáculo, es algo que no podría, en verdad, deciros, pero debe haber sido mucho tiempo, porque la imagen de su rostro comenzó a desvanecerse, a morir como una luna moribunda, hasta que apenas podría seguir viéndolo, y fue eso lo que finalmente quebró el hechizo, el agotamiento de las pilas de mi linterna. Eso, y la voz.
– ¿Acaso he retratado la santidad en lo humano, o quizá es que he mostrado que lo humano existe en la santidad?

Todo ello viene seguido y contribuye a un abandono del mundo de la siguiente forma: es la oscuridad la que me posibilita. Esta ignorancia me posibilita, abre mi futuro. El recuerdo de haber nacido es un recuerdo que en el momento de nacer se borra, aunque queda en forma de un no nacer, de una no venida: de un no volver a lo de siempre. Y sólo a mí, a este naciente que ya ha nacido: sólo a mí se debe que no me haya incorporado a mi propia vida hasta más tarde. Soy un llegado posterior a mi propio nacer reciente, y el ejercicio por el que me conozco, por el que afianzo mi confianza en la propiedad cognoscente que me hace conocer como yo mismo es  un ejercicio posterior: mi no-recuerdo de mi nacimiento es mi característica existencial. Todo ello viene: también se podría decir de la siguiente forma: todo ello es encerrado por el conocimiento mediante un cuidadoso y ciertamente ágil ejercicio de encerrar al mundo en un mecanismo de espejos.  Por lo que si uno se rompe, se parte, se astilla, existe el posible grado de una fisura: nos perdemos. Esta pérdida, y este perderse, me interesa. Me fascina.


Suena tan pesado, tan denso, tan lejano el propósito y el sentido de palabras claras.
Cada sujeto, cada quien, cualquiera, mira su propio venir sabiendo de antemano que la razón última de la caída en este mundo, en esta vida, sigue estando oscura. Oscura, se mire por donde se mire, se vaya donde se vaya: se camine, o se quede para siempre sentado. Así que este imposibilidad del nacimiento o, utilizando una forma contraria, está posibilidad de ir, de caminar, de avanzar, de «provenir» donde se pueda y se quiera, sabiendo de antemano que nada puede dar por sentado sigue siendo una tentativa sobre la negación y el acabar: justamente eso, del nacimiento. Y el extremo de la novela de Cave es la historia de un venir al mundo relatada como historia del Ser: del ser en general. Un ser radical, amorfo, oscuro, sangriento, maldito. En fin.
Papá soltó los ladrillos que tenía en las manos. Hicieron un ruido sordo y húmedo al chocar contra la tierra ensangrentada. Papá respiró, superficial y brevemente. Un gemido muy agudo se derramó de sus labios en una serie de estallidos cortos y extraños. En el puño derecho tenía una mata de pelo gris. Se quedó allí de pie, sin hacer nada, hasta que sus botas fueron dos islas a la deriva en un mar de vapor escarlata.
Hablo de Nick Cave como no siendo él mismo, como no siendo el que ha sido señalado desde el nacimiento: como aquél que ya no se pertenece a sí mismo. Pero en sus palabras, en el recuerdo, mejor, en el recuerdo de sus palabras, cuando el contenido vital de un Yo comienza a señalar a otras figuras dentro de una pequeña totalidad, y así sucesivamente… Cuando digo no está, cuando estoy tentado a creer que Nick Cave no existe, trato de apartarlo de su propio existir señalando lo que ha hecho.  Para que Yo mismo, pero no éste, no andrés: para que cualquiera despierte: levante la cabeza en cualquier calle. Ya no esquina.
Es un marcado metafísico. Suena tan pesado, tan denso, tan lejano…  Para terminar de una vez: leí la novela de Cave también por la simple curiosidad de saber qué pudo escribir. Y lo nuevo, mejor; lo renovado es el encontrar de nuevo el frágil límite que existe poesía, palabra, literatura y mística, mediante una jornada, mediante un tiempo lleno de venganza, salvación. Castigo.

Para seguir: Portnoy

5 comentarios en “Viaje en Azul

  1. Portnoy: muchas gracias por la visita y el ánimo. Un saludo,
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    Alfredo: con todo y lo que dice esta entrada, y sigo prefiendo a Tom Waits. Un abrazo
    .
    Lucía: quisiera que hubieran más. Abrazos.
    ..
    .

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