Opciones de entrada, y de salida

Discurso de Despedida Año Lectivo

Familia, profesores, amigos

Empecé a escribir esto hace poco, con la reciente emoción de haber terminado algo, con la esperanza de pasar a algo nuevo. Para mí se está creando una atmósfera de incertidumbre inexplicable, sólo calmada por el sueño de lo venidero. Pretendo ser casi totalmente sincera al relatar mi historia reciente de los últimos tres años hasta hoy. Digo casi, no por la intención de mentir, sino por la real incapacidad de recordarlo todo. Soy de las personas que cuando hablan de sus recuerdos los confunden con sueños, deseos y pasiones exageradas.

La vida para mí es un lapso de tiempo indefinido, en el cual lo más importante es descubrirse a uno mismo, experimentar, probar y conocer cosas nuevas. Para mí la vida en este momento no sé ni qué significa, digamos que en este momento estoy en un trance, en estado de pausa, estoy en coma. Creo que estas son las palabras que definen la adolescencia. En estos últimos años sólo he estado pensando, no sé que lado coger, no sé a qué masa pertenecer, peor aún, no sé si quiero pertenecer a la masa. Esto me lo he empezado a cuestionar y ahora estoy al término de un año. Y lo digo en nombre propio simplemente por la fuerza argumentativa, porque sé muy bien que no soy la única que se encuentra al término, a punto de pasar a algo nuevo.

Es por eso que pienso tanto en mí, que soy tan observadora, tan pensativa y que analizo tanto a la gente y también es por eso que tengo la misma incógnita desde hace tres años, no sé qué camino coger, no veo que ninguno de los tantos que hay me traiga beneficios. Pero, alto.

Entrar en la adolescencia, una tarea heroica:

Extrañamente en esa época, al inicio, en Séptimo, no tenía mayores problemas, porque a pesar de no tener problemas gigantes (por lo menos que recuerde) sufría por mis frecuentes y aún habituales confusiones existenciales, tal vez por las hormonas o quizá por mala suerte.

Y quedan recuerdos, y son recuerdos de agradecimiento los que me quedan. Agradecimiento hacia todas aquellas personas que me permitieron ser la que hoy en día soy. Recuerdos de agradecimiento, porque estoy segura que ese espacio y ese encuentro de formadores me acompañarán hasta el momento en que de nuevo empiece a construir la persona que quiero ser. Es por ello que aparte de la papelería, de las menciones y de las felicitaciones lo que me llevo es quizá lo que en futuro conserve: el recuerdo de lo que me han entregado y me han dejado aquí.

La invitación queda: quiero molestarlos para que balbuceen un simple cómo, un mudo por qué, pues esa es quizá la meta que como personas y como seres vivientes más nos importa: llegar a saber por qué somos lo que somos. Es aquí donde reside la importancia y el recuerdo de estos tres años de cambio. Gracias amigos, gracias personas, gracias profesores.

Última recomendación:

Con nuestras costumbres, con nuestras psicosis y paranoias por alguna razón existentes, preferimos aceptar que el tiempo continúa sin que en realidad algo pase, sin que algo vaya más allá de lo enteramente evidente. Quizá porque la casi invisible familiaridad tal vez sea una reacción a lo ya vivido, a lo conocido, y sea también miedo al cambio, a lo que va a pasar a continuación. Pero basta volver la mirada a lo vivido, a un anhelo, a una experiencia que viene desde la más lejana infancia, para que los primeros pasos, los primeros que se olvidan casi por completo, los que nos indican y que como pequeños reflejos nos instruyen sobre el autoconocimiento. Y eso es finalmente lo que importa, lo que me han enseñado y lo que quiero mostrar a los que me rodean.

La recomendación es a no olvidar por completo, pues son esas primeras experiencias las que nos formaron y las ignoramos totalmente, ¿cómo podemos olvidar nuestras bases? ¿Por qué todo se empieza a volver tan irrelevante? ¿Por qué estamos condenados a olvidar? No, no lo estamos. No estamos condenados a repetir.

Somos capaces de aprender.

Gracias.

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3 comentarios en “Opciones de entrada, y de salida

  1. No es tarde para expresar buenos deseos para el año nuevo y para todos los demás. Te repito que sigo soñando con Bogotá. Si algún día voy para allá, sentiré que voy al encuentro de mi destino, como me sucedió cuando fui a Nueva York. Luego, allí, no pasó nada. Fui, volví y siguió sin pasar nada.

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