libros leídos: lecturas anotadas

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Y a veces me sorprendo pensando en la lista de los libros que he leído, y la memoria empieza su ruedo de piezas por encajar, empieza su agua que suda de tanto echar memoria. Y no puede, y no puedo, Señor Juez, decirle, darle el parte completo, hablarle puntualmente, título tras título de los libros que he leído.

Soy incapaz.

Lo que le puedo decir, palabra, es que siempre he tenido un libro, leyendo un libro, un libro cerca para cuando todo se acabe, es decir, el día lunes, o el día martes, siempre voy leyendo, siempre, siempre, ni siquiera cuando escribo dejo de leer, por más de que Nietzsche siempre me haya contagiado de la idea de que cuando se escribe hay que dejar de leer, para no dar lugar al contagio.

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pensamientos

que salen a

la superficie

como una

herencia poco

grandiosa.

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Y a veces me pasa que me veo criticando las listas de libros leídos, el conglomerado de libros leídos. Y me burlo, y chiflo la manía de anotar lo que fue leído. Pero entonces vuelvo y considero, y creo que me engaño, y me voy de manos diciendo que es inservible. Cuando lo más saludable es recordar lo que se leyó. Tal recuerdo hace que la lectura del libro que hice continúe.

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Lo tendré en cuenta: más bien es mi manía de decir no cuando todos dicen .

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Lo que empezó como una anécdota, «ay, la ñoña haciendo su lista de lecturas», terminó en un sentimiento, una posición y un pensamiento que van hacia el futuro: un nuevo futuro invadido.

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Paisaje.

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