afuera está el miedo

.

Y me pregunto en qué momento termina un texto de ser corregido. Me pregunto en qué momento voy a terminar lo que alguna vez he escrito. Lo fácil es seguir haciéndolo hasta que se piense que está listo: lo cierto es que un texto jamás termina de ser corregido. Un texto se abandona. Se abandona a su suerte. Se deja sin más. Y entonces por más de que lo sepa sigo y sigo y sigo y sigo corrigiendo y editando lo que he escrito. Sigo con el sentimiento de no poder dejar atrás mis textos. De abandonarlos a su suerte. ¿Puedo ser padre para mis textos si no les dejo la puerta abierta? ¿O es que se necesita ser un padre de cada texto que escribo? Ya no lo creo. Pero entonces en qué momento, me repito, debo dejar a un texto irse. En el momento en que se me ha vuelto empalagoso su cuidado. Que se me ha vuelto pesada y casi inútil la rutina de poner una coma para enseguida quitarla. (Y volverla a poner en una ulterior revisión.)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s