Las historias son un pretexto

Lo interesante del ejercicio consiste en sostenerlo a lo largo de un período de tiempo. Llegar a la rutina llamada rutina de ejercicio. Al ser rutinario, persiguiendo una y otra vez el sostenimiento de una rutina, me ubico por fuera de la rutina que se hace aburrimiento, que se enfrasca en horarios. Y entonces me veo generando un espacio que me saca del tiempo, un camino distinto al conteo de horas y de minutos, de las gotas que vacían cualquier punto de referencia que quiera dejar para asegurarme que no estoy desperdiciando mi propio tiempo.

Queda el ejercicio, la doctrina de las repeticiones. Tiempo y continuidad. Entonces digámoslo: cuando escribo, o llevo un diario, busco un albergue en la escritura.

(Lo otro que llamo escritura, lo otro que llevo llamando escritura sin saber hacia qué, sin saber cómo. Lo otro que no es mero ejercicio sino quizás algo que por momentos tiene la chispa del abandono de la rutina llamada ejercicio. Eso otro de lo que, quizás, depende el ejercicio.)

Curioso que sea el ejercicio sostenido lo que lleve a la mano que escribe a estar por fuera del tiempo. Porque algo has hecho, porque has añadido un nuevo paso. Porque la rutina sostenida me sostiene. Me crea un mundo. Porque se sale del mundo porque entrega continuidad. Porque haciéndose continuo me comunica con algo, incluso en el caso de que sea yo ese algo. Por sostener un hábito, por hacerse de una rutina. Por escribir diariamente, por llegar a una meta y a un objetivo, que suspenden en cada movimiento rutinario su línea de llegada para empezar de nuevo. Es en ese círculo en donde comienzo a salvarme, donde comienzo a entender, donde la comprensión llega de la mano de algo que al principio hace huir por aburrimiento, por pereza o falta de concentración.

Esta mano que escribe sale del tiempo para hacerse con los tiempos. No me queda claro, se me oscurece el motivo de la mano escribiendo, o ya tecleando, ¿escribe desde el mundo?, ¿escribe para salir del mundo y quedarse en un momento de plena escritura? Escribo para seguir escribiendo, escribo para salir y volver al mundo. La escritura es mi puerta de regreso. La mano se mueve como un temblor, se mueve como cielo que cambia en la palma de la mano: dice ella dolores del corazón, dice ella alegrías bien rojas son. Sabe la mano que la escritura es camino de ida y de retorno. Sabe la mano que el cansancio acumulado entre palabras de escritura es su propio camino de extravío: un descanso gigante que conduce al retorno.

Escribo porque me resisto a vivir por entero en el mundo: vuelvo a él porque me resisto a ocultarme en los pretextos que crecen como historias. Vuelvo al mundo para salir de él. Mi búsqueda de resistencias es un pretexto para conservarme en movimiento. Y por eso escribo para sostener esta frase ya recurrente: me parece bien que haya que buscar.

Las historias son un pretexto entre búsquedas.

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