afuera

Recuerdo que no estuve solo. Recordaré que no he estado solo. Salvo, miento: hablo, hablo. Como acontece a toda palabra. Como lo es para toda palabra capaz de comenzar.

Hablo, yo hablo. Veo en duda con pensamiento. Pensar que abre la boca para recordarse: recuerdo bajo un cielo que llamo cielo. Pongo en duda, y me es sueño la calma recomenzada. Y me es sueño, yo sueño, la morosidad de mi deseo. Hablo, hablaré.  Quietud masiva. Un tiempo, tiempo guarda todavía, empieza a cavar su ruido. Como un túnel hacia mí: como un naufragio que pone a prueba lo recibido.

Recordaré que no he estado solo. Estrecho el afuera, estrecho mío, calma mía envolvente: punto mío para envolver. Mirar para suprimir las causas, mirar para este cuerpo no cerrado. Interior, no me acostumbro. Interior sin costumbre: prenda y censura que ha dejado de tener un vigor tranquilo.

Afuera mío, afuera dejado: afuera no conocido. Tal vez hoy sea tu primer día público. Estrecho es afuera, y la nada ha pulido sus flancos. Ya está todo hecho, ya estuvo todo hecho, ya se ha hecho todo, no queda para ser creado. ¿A qué viene todo esto? Estrecho también el tiempo, hoy es tu cumpleaños. Estrecha la medida que no tiene la gracia de equivocarse. Recuerdo, he sido recordado. Ahora me recuerdan: ¿quién?, ¿qué?

Narrador no injuries.

Ahora recuerdo, recuerdo que algo por decir queda. Escucha mi mensaje: cansado de los poemas, cansado de los libros, cansado de las ciudades, de los perros y sus collares, cansado de los hombres, cansado de la humanidad, cansado de las palabras que se repiten, de los poetas sin poesía, de los libros y sus deposiciones. Muerte, deseo la muerte, deseo la muerte de todos. Pero deseo la muerte cuando todo es magnífico, sin que uno solo diga, pida la palabra, cuente la palabra, tase la palabra. Que ese uno solo diga: me pasa lo que me pasa, cuento lo que diré, diré lo que nunca ha sido contado. Que ese uno solo diga, ¡salvo para mí!

Botón

Los versos más tristes, los versos más rencorosos, sobre nuestras mesas los versos, los versos y su amargor, los versos y su queja, pero los versos expuestos en antros, los versos sin pasado, sin cadena.

Ya no oculto, puntúo mis tumbas, mis tumbas cuando lo quiera, con la existencia de un lenguaje que me sea fiel, con la sustancia de una labiada que consuma sus fuegos, sus ramas, sus techos parpadeantes de soles. Y con la vieja reserva, templo de la nada. Con el reservante patio de fiestas, ¡cambio del alma! Versos, versos para la nada, versos en los que no se dice nada.

¿Qué hubo constante que no llegué a comprender? ¿Qué agua niña, límite de mí mismo, que no hice serenar sobre mi teja? ¿Y qué tesoro sin moneda sembró entre los hombres, lo que de ahora en adelante, soberano, sereno desdén, pronto cae en deslíe? Edificios sin adoquines. Templos y palomas que ocupan las calles: sacrificios, mil destellos que ocupan lo que interrumpe. Un suspiro, afuera un suspiro. Afuera, propiamente dicho. Como cuando en las orillas del mundo veo, frágil veo, lo que el reiterar de la luz, sombra luz sombra sombra sombra luz luz, ofrece a mi abandono. Pulular y brillo de angustia: angustia que reposa en mi silencio de afuera.

Abro la boca. Temo, tiemblo: entre bocas temblando tiemblo. Temiendo, tiemblo, temblando. Tiempo: no una palabra sobre la altura, no una palabra, sino una palabra distinta, ya acostumbrada a lo que pueda callarse en las mudanzas. Yo mismo, para mí mismo, cambiado y expuesto, en mí mismo, sostenido. Y acto seguido la muerte, el sacrificio: no miro nada. Permanezco ciego. Miré con ojos de ella: más de cien ojos en el vacío. Ojos entre el vacío y la plenitud del vacío. Me hice ella. Más allá del sueño, y en noche. He preparado una visión de mí mismo. No era nada, me he preparado: para cuando muera y no me vea. ¿Quién me asustó tanto? Mitad cotidiano, mitad en anonimato. (Tiemblo, tiemblo, tiemblo, tiemblo, tiemblo, tiemblo: temo.) Aquello está entre ambos: entre lo que soy y ese otro mí.

Estrecho el afuera, visible lo invisible, exento de patria. Lenguaje sobre el afuera, lenguaje de nadie. De todo fuera. Fin y postura de fin: cada riguroso insecto, cada quilla de un rayo de sol. Me vestí a son de arena, luz de arena, cruda arena incesante. O me desvestí, mitad arena sumida, mitad recuerdo: hundiéndome en mi recuerdo. La arena: tomo y tomé un baño. Mitad cuerpo taciturno. Tomé y tomo, fuentes del poema, mitad hombre de manos desnudas, mitad corazón, todavía, como la huella justa a mi alcance. ¿De qué huella? ¿De qué espacio? ¿Y tierra, y lenguaje, y murmullo ahuellado? Hay punto, el misterio exhibe sus pisos.

¿Y quién fue el monstruo que dijo que el poema sólo habla de la muerte? Muero porque quiero vivir.

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tenías razón

En la fiel repetición de los mismos errores se encuentra la redención a través de la consecución de un estilo individual. Purgatorio.

*

*

Poesía. Agua. Residuo. Creer. Amor. Pérdida. Escucha: espera. Mira.
Ahora mira.

Así eran las vidas, el residuo de otras vidas. Escucha.
Ahora escucha.

Tenías razón, puedes creerlo. La tenías: y ahora esto. Estas cosas, esto que ha quedado. El recuerdo, o los recuerdos: quiero decir. O quiero decirte, quiero decir. Se acaba. Y ahora hay esto, que es lo otro, definitivamente. Digo que es esto, pero para ti es lo otro. Voy a creerlo.

Empieza. Ahora empieza.
Si me convirtiera en pájaro.
Si yo fuera, si fuera.
Si fuera árbol.
Si caminara.
Si dijera, si hablara. Si pudiera oír.

¿Lugar? ¿Fecha? Yo no sé nada de eso.
No sé nada. Yo, nada.
Yo no sé si debo extrañarte pero lo hago.
Te extraño.
Yo no sé si debo llamarte pero lo hago.
No lo hago.
Yo no sé, yo llamaba. Ahora es pronto. Yo, yo te.
Al menos sé lo que no sé, sé que éste soy yo,
el que no sabe si extraña.
El que extraña lo que mira y es él el mirado.

Éste soy yo, sólo éste, de lo que mirado
hace lo extraño: una maravilla que es rueda.
Yo, de lo extraño que deja de hablar. Dejó de hablar.
Yo no sé la fecha, yo no sé el lugar,
porque mientras la rueda gira,
puede que quiera ser el de antes,
que sabía y anduvo y estuvo y era.

Yo el que anduvo sabiendo lo que sube y
mientras sube se enreda. Y es niebla.
Hace niebla. Luego viene la primera palabra
y nos separa. Y para ti misma sea yo el que
se vuelve extraño. Y es por seguir,
y es la disciplina de no saber cuándo.
Y es este hombre nuevo
que queda, el que no sabe
si debe extrañarte pero lo hace.

Ya casi. Casi termina.
Soy pájaro.
Soy, no lo soy.
Soy árbol.
Camino.
Digo, hablo. Oigo, escucho.
Escucha esto, ¿por dónde?, cuando estuve.

Ahora es pronto para la niebla,
quiero decir, estar donde había
estábamos. Porque no sé tampoco
si me sigo siendo extraño
y en la rueda me quiera ver
mientras bajo.

Así son las vidas, el residuo de otras vidas.
Escucha. Ahora escucha.

Acaba. Ahora acaba.

*

serie renacimientos

*

Desde hace un tiempo exploro de nuevas maneras, o vuelvo sobre lo mismo de nuevas maneras: o aprendo lo mismo de distinta maneras. En todo caso: reaprendo. Este proyecto, junto con el dibujo, nació hace poco. Es como si lo que comúnmente fuera la obsesión de mis ideas, de la maña de mis expresiones, fuera hecho por la parte de atrás. En todo caso: otros caminos para lo mismo.

Me ha dado ahora por llamarlo «renacimientos», porque son eso. De dónde viene, dónde debe ser ubicado lo que ha sido vivido. (¿Dónde para el ahora?) Porque bien puede ser que de nuestra vida deba volverse a escribir la historia con cada año, con cada generación a fin de hacerla comprensible a esta «nueva» persona que la compone.

*

Se trata de hacer imágenes. (¿De volverse imagen?) Este es el primero: noise.

*

un segundo, el segundo

Y me fui pensando que iba a haber algo más, que iba a haber más, que ibas a estar, que íbamos  estar. Y te fuiste pensando que no había más. Nada más, te fuiste pensando que me extrañabas y que me ibas a extrañar, y me quedé pensando en esa respuesta, la respuesta que nunca llegó, que nunca llega, en que extrañabas e ibas a extrañar algo que estabas dejando. Y no había nada más, ahora no, ahora ya no, no habrá saber, ahoya ya no, ahora hoy, hoy que me has dejado de querer, que ya no me quieres más, ahora hoy no sabré, ahora hoy no llegaré a saber, no sabrás, no sabrás tú de qué lado dormiré esta noche, ahora ya no habrá saber, ahora no, ya nada más, cómo, nunca, nada más, ni por qué, ni si era esto lo que había, ni si era esto lo que estaba, ni si era esto lo que se precisaba, ni si era esta la idea que mediaba, ni si era esta la palabra que sobraba, que no iba, ahora ya no habrá palabra, ahora ya no más diálogo, nada más, nunca más, no llegaré a saber en el cómo ni en el por qué, no buscaré más en el cómo, ni si era verdad esto que me decías que estaba, ni si era verdad esto de que me escribías, ni si era verdad la mano en tus piernas. Ahora ya no, no habrá, ni estará, ni si era verdad lo que me decías cuando decías la verdad, ni si lo que dijiste estaba donde decías que estaba, ni si lo que yo mismo decía era verdad cuando te lo juraba era así. Ni quién fui cuando dije soy esto, ni quién era cuando no había nada más que añadir, que juntar, y lo que decía aparecía ahí para decir soy esto, ni quién era, ni quién fuiste para mí. Ahora ya no, no está, ni qué fue, otra para mí, otra cuanta no saldada, otro futuro arrugado, ahora no, ni cómo hubiera sido hacer lo que decíamos, vivir juntos, tener una hija juntos, ni cómo hubiera sido viajar juntos, y amarnos de este lado de la cama, esperarnos de este lado de la cama, mientras los canales pasan y van, como esto que ya no está, que no estará, que no se sabrá y donde no estaremos.

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Ahora soy yo. Eres tú, y ese tú no será ya no, nunca más, para este yo de ahora. Ahora eres tú sin este yo de ahora, ahora eres un tú que recorre el presente tuyo. Soy yo sin este día futuro en que eres y estás tú sin este yo de ahora. No sabré, no estaré, no sabré si te acuerdas de lo de ahora, no sabré si te acuerdas de lo que acaba de pasar y aun está aquí para mí. Sé dónde vives, vives donde digo yo que me acuerdo en estoy que aun soy ahora. Vives donde digo ahora que lo que más recuerdo es la primera vez que fui donde vives para esto de ahora: la primera noche, el primer chocolate en la mesa, la complicidad de los tres puestos, los tres platos, la charla, la complicidad de las cebollas rojas, luego la mañana mientras te bañabas en el único baño mientras la confusión y el disparo para este yo de antes pero que sigue aún en este ahora. Sé dónde vives y vivirás por un rato al menos. Yo soy no más que yo al menos en este momento en el que empieza la reconstrucción, ya no me acuerdo cuántas veces he vuelto. En este yo de ahora que empieza a ser siempre en el aquí ahora. No es si te acuerdas, no es quién eras en el ya no serás para mí, no es con quién en un día futuro, no es no me besarás, ni pasarás al siguiente programa, no es si me abrazarás y esperarás un abrazo, no es si te acuerdas, ni que me querías mucho antes de que estuviera contigo, de que me quisieras aun antes de saber quién eras, no es si te acuerdas, no es quién soy y ya para ti, no es ahora ya no, no estarás, no es ahora como esa noche nunca en el nada más que me acuerdo de la noche antes del disparo. No es si estarás o estaré en un día contigo, así lo sepamos, así lo vayamos a saber y pueda que esté ahí en un próximo, en un continuo ya no será, ya no: es si me acuerdo dónde vives, es si me acuerdo que no hay beso, ni abrazo, es si me acuerdo en el yo que sigue que esa noche en la que como ésta no volveré a tocarte porque no es como ésa noche nunca en el ya no ahora, porque no sé si te acuerdas, ni con quién porque no hay día futuro, no hay nada, nada hay, y está ese vacío para el aquí ahora en el que vivo y dice que no habrá más lado de la cama, porque se empieza en el ya no te veré morir, para terminar en el me sigo viendo morir nunca.

No debería ser.

Es así.

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Y nos fuimos a la cama pensando que lo siguiente éramos los dos, que lo siguiente era la palabra, que lo siguiente era la continuación en sueños de un sueño de sábanas, de almohada de enredos, de arrugas de sábana, de almohada llena de razones, estás a mí lado, no estás a mí lado, y nos fuimos a la cama pensando que lo siguiente era hablarlo cuando ya lo habíamos hablado todo y ningún orden en las palabras iba a cambiar este desorden, este mutuo llamarse, mi amor, mi gato, mi tesoro, este mutuo restregarse las palabras. Y nos fuimos cada uno pensando que la próxima vez lo íbamos a hablar, que la próxima vez todo ocurriría como habría ocurrido la primera vez. Y no, nos fuimos simplemente.

Y no hubo regreso.

Y ella se fue.

Y él se fue.

No a un lugar.

Cada uno por su lado.

Y se fueron pensando en lo que había pasado.

Cada uno pensando cosas distintas a lo que hasta hace un momento pensaban igual. Y se fueron, ellos se fueron pensando que lo siguiente era alejarse y nada más. Nada más que alejarse. Y ellos se fueron, y nos fuimos a la cama, cada uno por su lado, cada uno hacia su lado, pensando que lo siguiente era un recuento de necesidades, que lo siguiente era un recuento de particularidades, que lo siguiente era armar una escena en el ya no, en el hasta ahora. Ahora ya no lo sabrás, ahora ya no lo sabré, ya no sabré por qué, o por quién, ya no sabrás cuándo, ni en qué momento ocurrió todo, cuándo y por quién fuiste amada, vas a hacer amada. Ahora ya no, ya no será, ya no estará, ya no dirás ven acá, no dirás acércate. Ahora ya no, no estarás, ya no será, ya no habrá cama, ya no habrá ni cama, ni palabra. Ahora ya no, no serás tú y yo, ahora ya no, ya no será, ya no estarás esperando sentada a la cama, ahora ya no, no será, no estarás esperando una palabra mía al borde de la cama. Ahora ya no, no veremos películas juntos, ahora ya no, no estarás para escoger qué canal, qué programa, qué show bueno en la tele. Ahora ya no, no será, no seremos. Y nos fuimos a la cama pensando que nos iríamos juntos, nos fuimos a la cama prestándome tu lado de la cama, ahora ya no, no serás, no estarás, no seremos, ahora ya no hay tu lado de la cama, ya no hay mi lado de la cama. Solo cama. Ahoya ya no, no será, solo yo. Nada más.

zazen

+

Y uno se da cuenta que

lo quiere todo,

pero no es posible.

Es lo justo,

es la medida que nos va:

difícil encontrar aquella

medida. Uno va creciendo

y a veces uno también se encoge.

¿Qué tal tú con ropa más

grande o estrecha?

Pues eso. Es mejor

estarse tranquilo,

probándose ropa.

Yendo a la medida.

*

Botón

El problema de la objetividad es contrarrestar nuestras propias parcialidades.


A –

clavo es un dedo

clavo es un dedo

clavo es un dedo

clavo es otra manera de decir lobo


Si las paredes hablasen

1 – Era el tiempo en que Botón salia a recorrer el mundo. (NOCHE. Lámparas, velas, sombras, cortinas corridas).

2 – (Pies, caminar, ojos, manos). Botón salía de noche porque le gustaba la luna, le gustaban las sombras.

3 – Recorriendo el mundo de noche sentía que era libre, y pensaba que era él muy pequeño y el mundo demasiado grande.

4 – Pensaba que era pequeño, y el mundo grande, porque al mirar en el suelo, además de sus pies y sus zapatos, veía su sombra. Que era mayor que él.

5 – Y sentía miedo, y corría, y corría, y corría. Y corriendo se alejaba de su casa. Y corriendo a veces se tropezaba y caía. Caer. (Rodillas, sangre en las rodillas, mejillas sucias, llanto, llanto. Dolor).

6 – Botón estaba solo. Pensaba que no tenía madre, padre, hermanos vecinos, amigos. Botón creía que era el último sobreviviente de la tierra. Adelante estaban las mesas llenas de comida, de juguetes, de golosinas. Adelante también estaba el desierto.

7 – Por eso Botón abría, y abría, y abría, y abría sus ojos por si en algún rincón y en algún momento se asomaba alguien a quien llamar amigo. Tenderle la mano. Pedirle prestados juguetes. Pero no veía a nadie. (Botón de pie, mirando, mirando a lo lejos).

8 – Botón era libre de ir donde quisiera, hacer lo que quisiera. Porque era libre.

9 – Él quería ver, salir de su casa y divertirse. Aunque no sabía cómo. Nadie le tenía la cuerda para saltar, nadie estaba al otro extremo para devolver la pelota. Nadie hacia de portero para impedir el gol.

10 – Botón recorría el mundo sabiendo de antemano que nada ni a nadie iba a encontrar. Puede decirse que Botón no salía nunca de su casa, de las cuatro paredes de su casa, porque siempre veía lo mismo. No se sale de la casa, si de antemano ya se sabe lo que se va a encontrar.

11 – Cierta vez que estaba en el campo, donde había dibujos de vacas, pero no vacas, dibujos de elefantes, pero no elefantes, sintió que el mundo era un sitio extraño que nada le podía enseñar, pues a nadie le interesaría que estuvieras rodando libre por el campo si a nadie le podría dar envidia. Nadie estaría ahí para tomarte fotos, colgarlas en sitios, en paredes donde se escriba con amor, y ponerles tu nombre. Botón.

12 – Por eso el mundo era más bien gris, gris, gris, y Botón prefería quedarse en un rincón acurrucado. Y llorar. Porque había miedo, porque no había leche caliente, porque no había nada parecido a lo que llamar madre.

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13- Pero estando en un rincón vino algo. Era peludo, de colmillos largos, de hocico negro, de patas largas, de orejas largas, y respondía al nombre de «Lobo Malo de Los cuentos».

14 – Esta es la situación:

Botón es el personaje de esta historia. Botón espera que alguien venga a consolarlo, porque el mundo es grande, él es pequeño y está solo. Está solo, acurrucado en un rincón. Es de noche, no hay sol por tanto, sólo la la luz de las lámparas.

15 – Aparece entonces un ser un poco raro que responde al nombre de «Lobo Malo de Los cuentos». No es como él, en nada se parece a él. Tiene el color de piel distinta, habla en otro idioma, tiene otras costumbres. Pero es la única persona que ha visto en su vida, es la única persona además de él.

16 – Cuando el «Lobo Malo De Los Cuentos» abre los ojos, hay inquietud, hay miedo. También curiosidad. A Botón se le va el sueño. Y ya no puede descansar. Hay miedo, hay inquietud porque no se sabe lo que pueda pasar. Tal vez tenga hambre.

17 – Este extraño es su única compañía.

18 – Al abrir la boca larga, de colmillos largos, y de lengua roja y larga, Botón pensó que ése era su final. Cerró lo ojos, y pensó en algo más grande que él. Quería sentirse como una pequeña parte dentro de una más grande. Quería sentirse unido a algo. Pero ocurrió algo muy pequeño, tan pequeño, que si Botón no hubiera estado pensando en esto de las partes pequeñas partes nunca lo habría visto. Aunque más grande, y de colores y costumbres distintas, Lobo se parecía a él. Botón era un pequeño lobo malo de cuentos. Y esto era así,

19 – Porque Botón era el dedo meñique de la mano y nunca estaba solo, aunque podía decirse que vivía en su propia casa. Y el «Lobo Malo De Los Cuentos» era la línea de la mano que está ahí para que no olvidemos que somos más pequeños que el mundo, pero que el mundo está en nuestra mano para recorrerlo. Ahí estaba la raya, estaba Lobo, y Botón era una pequeña parte dentro de otra pequeña parte dentro de otra pequeña parte.

20 – Era el momento y el lugar en que Botón volvía a su casa, y estando con los suyos, su padre, su madre, le gustaba escuchar cuentos. Como éste.


Visión en Azul

*

*

*

Uno; no, no es así. Así
no debe comenzar
No rezo para pedir
favores, no rezo
para pedir gracias.
Rezo para no sentirme
solo. Solo. Solo. Solo.
Rezo para interrumpir ese
divagar,
y esa ambigüedad
de mi Yo. Rezo, porque
cuanto más creo conocerme,
más cerca,
más hacia acá,
casi tocándolo: más cerca,
y hacia mí,
se encuentra el Cerco.
Rezo para no
sentirme solo, para
no estar más,
no estar en mi Yo
por largo tiempo.
Aunque a título de nota
previa, también a título
de nota posterior,
he de añadir que en
el largo tiempo de no
verme, de no disolverme
una vez más en mi Yo,
mi parte anterior no tendrá,
no volverá a tener sentido.

*

Cualquiera dispone,
cualquiera puede
proponerse la nueva
experiencia de dejar de
adquirir
nuevas informaciones,
nuevas pistas,
nuevos hallazgos de lo
que está adelante
y va quedando en el gota
a gota, en el día a día.
Cualquiera lo puede
hacer,
para abismarse
en labores de
archivos.
Sí,
confundir las olas,
el mar de pensamientos,
para llegar, para estar,
para quedarse quieto,
aguardando, pero sin
esperar nada. Perturbable
e imperturbable. A la vez.
Todo a la vez. Sí, que hoy
no sea nada lo que
mañana veré. Que no ocurra,
y deje de ocurrir. Eso,
digo yo, dice uno que
puede decir Yo
todavía es Memoria.
Pero también es Respiración:
también es Energía
que abre, también es Teoría,
por qué no, que
reorienta en los inicios.
De tal manera que se de, o
ni siquiera eso: de tal manera
que pueda ir para
poder ir a morir.
Pero no hacia adelante.
Es decir: quiero ir a una parte
a morir anteriormente.
Esa sería una clase,
y es lo que quiero, de lluvia
de diluvio universal que
cae para uno solo. Pero que,
no obstante, que no haya
uno que lo espere: ver caer
sin que existan los ojos,
y el perfume de una
espera. Eso es, así está
bien. Queda concluida
esta oración.

Gracias.

hoy quiero decir que me gustan los naufragios

lo que me gustó de ella fue la dulzura: palabras escuchas con atención y como si valieran la pena. Oído junto a naríz: oído por la dulzura natural y como para permanecer relajado. Naríz, al mismo tiempo, como para conjurar una extraña maldición. Extraña, de una soledad mal entendida. Lo que me gustó de ella fue la manera en que no puede existir conclusión definitiva: lo que me gustó de ella era que la mentira era posible; pero mentira no por el engaño, por las dobleces de un secreto, por algún efecto secundario: mentira porque hablando era posible todo. Era posible afirmar el blanco, y el negro, a la vez, y no contradecirse. Decir, por ejemplo, ya no me acuerdo de qué lado de la cama duermo y si las pantuflas que dejé anoche van a continuar ahí. Decir, por ejemplo, nuestra muerte está pretederminada, por eso no debemos perder mucho tiempo, y sin embargo estar cogidos de la mano, o ver parejas cogidas de la mano mientras hay uno solo que los observa mientras el hielo de la cerveza se derrite, y ya es tarde y van a cerrar el bar, y pensar, él piensa, el que está sentado mirando piensa que mañana será otro día: pero el hielo de la cerveza se sigue derritiendo. Y, sin embargo, algo viene de las cosas mismas que impide volverse amargo por lo acaecido: algo en la manera de ver, antes que en la manera de ser presentado. Algo que tiene que ver con una obra, un producto estético tal vez, antes que con el progreso. No tiene que ver con el tiempo, sino con el tiempo sometido a discusión. Un incesante juego de motivaciones, de sucesiones y conveniencias.
(…) Y eso fue lo que me gustó de ella, que el lenguaje de antemano fijó lo que habría de gustarme.

no marques las horas

07.00 AM
Soy yo. Yo el que todo el tiempo ha sabido, y ella viniera a confirmarlo. Sé que cada uno ha entregado lo que no se ha pedido. Sé que cada uno acumula luz, sudor y olor dentro de la cama, y que el otro: que el otro ha empujado a ciegas los canales. Ella lo presiente, está ahí. Primer descubrimiento: el amor está cansado.
Hay allí una mujer, una mujer, cuerpo caliente al que muy pronto me habitúo, que no me acuerdo cómo hice mía. Que no me acuerdo cómo hice para hacerla venir. Y ahora velando como cualquier hombre, como el primer hombre que no sabe qué hacer, muestro a la hora lo que ha sido la noche sin sueño. No-che sin tema, y de bordes, y de lecho, y de gorgoteos ganados por el olor a jabón. A ropa limpia.
Duerme. Ella duerme sobre cada frase que hago aparecer. Y este amor cansado, este amor del que me ha cansado, este amor que uno escucha sin comprender es la brisa. Fue esa mano sobre los huesos de la espalda, y luego la risita tonta y larga. Ya no quiero palabras. Soy el otro hombre. El hombre, el dor-mido, que flota sobre la imaginación de los muslos: que flotó como brisa entre el pelo sin saber que ve-nían las lágrimas.
Yo no lo sabía, yo no estaba aquí. Límpiate con las sábanas. Duerme como la gente que ve una cama junto a la otra. Y se acuesta. Despierta, hazlo ahora, antes de que me vaya.

08.00 AM
Se levanta del lado izquierdo. Siempre el mismo lado, siempre la misma línea en la mejilla. Él lo sabe, la sabe ahí. La sabe a ella. Un poco saliente sobre líneas de cadera. Está lejos: está y no está. Se levanta del lado izquierdo sabiendo que la habitación está aún oscura, que no hay olor a nada, que no hay olor. No le hace nunca caso. Al diablo la juventud. Al diablo los caminos de las gafas: todo porque se siente sola. Y la cama va a quedar vacía. La línea en la mejilla está obligada a contar la misma historia. A contar la historia de noche sin sueño: o de sueño de pocos instantes. (…)

Pertenece al último número de la Revista Narrativas. Quiero agradecer la amabilidad de Magda Díaz y Carlos Manzano por haberme dejado partipar. De igual modo agradecerle a la amiga Mónica Gutiérrez por permitirme escribir junto a ella: me ha gustado mucho el experimento.