Deseo de ser nube

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Hay un niño en esta historia: y soy yo. Para llegar a esta conclusión la historia debe inventar primero un pretexto: el de una búsqueda. Y ello porque hoy los pretextos crecen como hierba entre dedos descalzos.

Empiezo. Quedan, pues, advertidos.

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Alguna vez fui niño. Fui más joven de lo que soy ahora. (No, no es así, me confundo: ha de ser la edad cuando queda sólo la edad para razonar. Debería decir que cierta vez fui niño. Debería decir Era niño.)

Escribo que fui niño en el momento en que leo lo que acabo de escribir. Escribo buscando un pretexto para seguir buscando. (Enredado, eso espero. Enredado como ha quedado la hierba entre mis dedos.)

No es solamente ser niño por decir soy niño. No es precisamente el hecho de ser joven lo que me hacer niño. Es el hecho de poder encontrarme con el niño que fui, que soy, cada vez que recuerdo que no es de niños actuar como niños: que lo más común es ver a los adultos actuando como niños.

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Alguna vez seré adulto. Seré más viejo de lo que soy ahora. Creeré saber algo: lo real es que la edad que tenga será mi argumento.  Creeré que ser adulto es el paso que necesitaba para ser y conseguir lo que he querido siempre. Puede que sea así: pero es como si en la niñez hubiera sabido mejor lo que quería ser y lo que quería conseguir. Y entonces es como si ninguno de los puntos pudiera encajar. Lo que quiero ser puedo conseguirlo quizás  en un punto en que al parecer he olvidado lo que quería ser.

Así que algunas veces me doy el gusto de no saber hacia qué voy y para qué. Todo eso que solía llamar juego.

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No es que crezca y me convierta en adulto por el resto de mi vida. Soy todo a la vez: niño y adulto, hombre y mujer. Mi brazo izquierdo y todo aquello que lo ha formado. No puedo dejar de ser niño, a menos de que deje de ser lo que me ha formado. ¿Qué sería jugar a ser tierra? ¿Qué sería jugar a ser lo que uno es y ha sido: mujer, agua, luz, madre, padre, estrellas? Puede decirse de otra manera: alguna vez volveré  a vivir como si fuese la primera vez.

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Sobre el presente

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Patria es lo que hacemos en la infancia. Lo que vayamos a hacer más adelante es una repetición de lo que hicimos cuando fuimos niños. Si hablo en nombre propio es porque quiero ahora ser los demás: quiero que lo que me hace hombre hable a través de mí porque cada átomo que me hace ha hecho a todo lo demás. Lo que me ha hecho hizo y es el universo entero. Y creo yo que lo que hagamos a la humanidad es lo que hacemos con nuestros niños. ¿Qué hemos estado haciendo con ellos y ellas para que sea necesario nombrar un día reconociendo algo que debería ser obvio? Día del niño, día de la mujer, día del hombre, día del agua, día de la paz. Y así sucesivamente. Lo que pido y quiero hoy es que sea natural lo que es natural: que nos amemos los unos a otros, que cumplamos lo que en público decimos de amarnos los unos a los otros. Creo en la alegría, creo en la importancia de compartir y estar para el otro. Creo en las palabras, como creo en el amor que se vuelve vida y pide la vida. Pero ahora: también se hace vuelo. Vuela grulla.

¿Qué haremos con los que han dejado de ser niños? Es aquí, quizás, donde las ideas, la poesía, las palabras y los actos de quienes son el presente, no el futuro de la humanidad, deben nacer y empezar a mostrarse.

Ahora habla presente: ¿qué tienes para ser dicho?

muévete

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Le escribo a una amiga:

… nada es seguro, nada está hecho completamente, nada está perdido para siempre.

Le sigo escribiendo:

… Cada vez estoy más convencido que no hay nada seguro, que todo es contingente, que somos imperfectos y pasajeros, que somos aves de paso escondidas en un armario. Y lo sabemos de hecho, sabemos que somos nada entre una nada llamada ciudad, entre una nada llamada país, dentro de una nada llamada tierra, y sin embargo siempre nos salimos de la ruta, siempre nos salimos de nuestros límites y pensamos que es posible, que es sensato pensar como si todo fuera seguro, como si nada fuera contingente.

Primera conclusión: lanzamos ganchos de izquierda al aire.

Nos mentimos.

Y lo que sigue es una idea que continúa idea de la anterior entrada:

… tenemos una visión limitada de lo material: entendemos pero seguimos como si no hubiésemos entendido. Nos creemos más pensamiento que materia. Y verdaderamente es la materia las más inteligente de las dos. Creo que habría que superarse, o, más bien, utilizando una palabra para mí una palabra en extremo hermosa y valiosa, habría que liberarse desde la materia y no desde el pensamiento.

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Y el añadido: siempre el añadido. Un nuevo ritmo de vals.

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Me di cuenta de una cosa: quizá la misma de siempre; el alma humana está hecha de paradojas. El hecho mismo de su existencia es una paradoja: lo importante no es si hay o no hay, si hay dualidad mente-materia y qué hace que se comuniquen y se complementen.

Lo importante no es la existencia y dónde base encuentra. Dónde va ella: ¿cuál es su lugar? La pregunta es por la necesita: ¿qué se necesita? ¿Uno qué necesita?: uno necesita que haya, uno necesita que exista. Porque a algo hay que achacarle las consecuencias. Algo tiene que cargar con ellas.

El deseo de señalar, de ser señal de algo, cumple el hecho de que haya algo.

Una nueva consideración es el momento en el que uno se pregunta por qué sucede así. ¿Por qué habría de haber señalamiento? (De ir hacia otro dentro de sí mismo.)

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Opciones de entrada, y de salida

Discurso de Despedida Año Lectivo

Familia, profesores, amigos

Empecé a escribir esto hace poco, con la reciente emoción de haber terminado algo, con la esperanza de pasar a algo nuevo. Para mí se está creando una atmósfera de incertidumbre inexplicable, sólo calmada por el sueño de lo venidero. Pretendo ser casi totalmente sincera al relatar mi historia reciente de los últimos tres años hasta hoy. Digo casi, no por la intención de mentir, sino por la real incapacidad de recordarlo todo. Soy de las personas que cuando hablan de sus recuerdos los confunden con sueños, deseos y pasiones exageradas.

La vida para mí es un lapso de tiempo indefinido, en el cual lo más importante es descubrirse a uno mismo, experimentar, probar y conocer cosas nuevas. Para mí la vida en este momento no sé ni qué significa, digamos que en este momento estoy en un trance, en estado de pausa, estoy en coma. Creo que estas son las palabras que definen la adolescencia. En estos últimos años sólo he estado pensando, no sé que lado coger, no sé a qué masa pertenecer, peor aún, no sé si quiero pertenecer a la masa. Esto me lo he empezado a cuestionar y ahora estoy al término de un año. Y lo digo en nombre propio simplemente por la fuerza argumentativa, porque sé muy bien que no soy la única que se encuentra al término, a punto de pasar a algo nuevo.

Es por eso que pienso tanto en mí, que soy tan observadora, tan pensativa y que analizo tanto a la gente y también es por eso que tengo la misma incógnita desde hace tres años, no sé qué camino coger, no veo que ninguno de los tantos que hay me traiga beneficios. Pero, alto.

Entrar en la adolescencia, una tarea heroica:

Extrañamente en esa época, al inicio, en Séptimo, no tenía mayores problemas, porque a pesar de no tener problemas gigantes (por lo menos que recuerde) sufría por mis frecuentes y aún habituales confusiones existenciales, tal vez por las hormonas o quizá por mala suerte.

Y quedan recuerdos, y son recuerdos de agradecimiento los que me quedan. Agradecimiento hacia todas aquellas personas que me permitieron ser la que hoy en día soy. Recuerdos de agradecimiento, porque estoy segura que ese espacio y ese encuentro de formadores me acompañarán hasta el momento en que de nuevo empiece a construir la persona que quiero ser. Es por ello que aparte de la papelería, de las menciones y de las felicitaciones lo que me llevo es quizá lo que en futuro conserve: el recuerdo de lo que me han entregado y me han dejado aquí.

La invitación queda: quiero molestarlos para que balbuceen un simple cómo, un mudo por qué, pues esa es quizá la meta que como personas y como seres vivientes más nos importa: llegar a saber por qué somos lo que somos. Es aquí donde reside la importancia y el recuerdo de estos tres años de cambio. Gracias amigos, gracias personas, gracias profesores.

Última recomendación:

Con nuestras costumbres, con nuestras psicosis y paranoias por alguna razón existentes, preferimos aceptar que el tiempo continúa sin que en realidad algo pase, sin que algo vaya más allá de lo enteramente evidente. Quizá porque la casi invisible familiaridad tal vez sea una reacción a lo ya vivido, a lo conocido, y sea también miedo al cambio, a lo que va a pasar a continuación. Pero basta volver la mirada a lo vivido, a un anhelo, a una experiencia que viene desde la más lejana infancia, para que los primeros pasos, los primeros que se olvidan casi por completo, los que nos indican y que como pequeños reflejos nos instruyen sobre el autoconocimiento. Y eso es finalmente lo que importa, lo que me han enseñado y lo que quiero mostrar a los que me rodean.

La recomendación es a no olvidar por completo, pues son esas primeras experiencias las que nos formaron y las ignoramos totalmente, ¿cómo podemos olvidar nuestras bases? ¿Por qué todo se empieza a volver tan irrelevante? ¿Por qué estamos condenados a olvidar? No, no lo estamos. No estamos condenados a repetir.

Somos capaces de aprender.

Gracias.

Carta a los (nuevos ) maestros

Bastaría reflexionar por un momento sobre la posibilidad del diálogo, la buena voluntad, el libre y respetuoso empleo de la palabra, para establecer que lejos de producirse llega a fluir desbordándose sin que el otro llegue a comprender cabalmente lo que pensamos y decimos: y es por esto que lejos de mejorar nuestras relaciones con los demás parece fundirse en el estado en que simplemente aceptamos un pensamiento ajeno porque quien lo dijo nos cae bien.

Mi primera idea es que el diálogo conlleva superar las palabras.

Comunicarse es muy importante; cada uno lo hace a diario tratando de transmitir aquellos valores que cree necesarios. Si ahora les escribo es porque sé por experiencia que para llegar a ser más eficientes en la solución de problemas se hace necesario llevar cierto protocolo; entendiendo por protocolo la palabra escrita.

Con los niños y niñas de mi salón suelo emplear el mismo sistema: les hablo, pero también les escribo, diciéndoles de antemano que lo que espero es que luego cada uno en casa lea el correo y simplemente tomen de él lo que consideren necesario. La invitación también es para ustedes.

Si somos consecuentes con la filosofía y el PEI del colegio, sitio en el que trabajamos, pero al cual también nos gusta ir, no debemos perder de vista lo que es la dirección que toma cada acción y pensamiento desde que somos parte de él, esto es, el sentido de lo que hacemos, y lo que hacemos es educar, dentro del mundo que vivimos.

Digo ´sentido´ como podría decir ´dirección´, incluso ´elección´, porque personalmente soy consciente del valor que se debería dar a estar en el salón con niños y niñas de determinada edad. Quiero decir: diferencio entre un profesor que «transvasa conocimientos», a otro que que se encuentra al servicio de una promoción o visión humana.

En ello coincidimos como coincide el Colegio desde su lema: no es para la escuela sino para la vida. ¿Acaso el Colegio no nos recomienda esa flexibilidad para con nuestros niños: lo importante no sería la determinada enseñanza de una materia, cuanto el sentido personal y social que podemos transmitir como profesores?

Desde que soy profesor, y debo añadir, que es éste mi primer colegio, como añado que me encanta esta profesión en lo que tiene de, por llamarla así, narración humana de lo que es importante para mí, confieso que lo más atrayente y lo que es verdaderamente un tesoro por disfrutar, es la dirección de grupo, y las conversaciones de pasillo, por llamarlas de alguna forma. Sin esto último creo que no sería posible entender al colegio y, sobre todo, lo que es el funcionamiento de una Etapa. En este caso: la tres. Creo yo que sin tener en cuenta la edad, el momento que atraviesan nuestros niños difícilmente penetraremos en el por qué de sus acciones. Es mi segunda idea: sin tener en la cabeza la edad a la que pertenecen los niños y niñas de la Etapa Tres difícilmente penetraremos en sus acciones.

Quizá esto último es lo que no se deba perder de vista en el momento en que como profesores nos reunimos. La edad y lo que representa. Los conflictos.

Me gusta debatir, porque en modo alguno me considero un indiferente, me gusta pertenecer a algo: y en este momento pertenezco al colegio, a la Etapa Tres, y a mi curso: 7B. Ello hace que en ocasiones actúe con vehemencia y que me equivoque. Pero lo que no se debe perder de vista, creo yo, es que educar es una misión: la pequeña misión de cambiar la actividad humana a través de las clases. Lo demás, dictar cualquier cosa, me parece que es redundante si olvidamos que nos referimos a personas cuando hablamos de estudiantes.

Este correo: lo quería y necesitaba decir, para que esta confesión o correo, como lo quieran tomar, funcione para algo. Así sea para recibir un mensaje que no sea un reenviado, sino algo escrito por alguien.

Hasta entonces,

no anochece

En otras palabras.

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Sigamos las indicaciones. Me veo desde mi propia ventana, seamos justos, la conversación de un pelo largo, dedos pequeños, o simplemente la conversación, las caricias, o simplemente el dormir abrazado, esto es mirar también, a alguien, en alguien, quien ha dado aliento tan tibio, quien me ha dado turno, quien tiene para mi disposición, para mi juego, su vida, su cuerpo, su alma, hasta los tobillos, para lo que es una baratija pase a otro medio, por otras manos, se trastorne en la mirada, y de inicio a una nueva aventura, todo por el primer contacto de una sombra junto a su cuerpo. ¿Será posible?, podría ser una aventura más. Le daría comienzo, necesitaría un ojo, una historia en la cama, puliría mis comienzos, pondría mis condiciones, hasta podría ser amado. Y eso era lo que buscaba cuando me dije en el hielo «Estáte tranquilo». ¡Qué vuelta! ¡Qué evolución de mis viejas costumbres ha sido este nuevo fin de raya! Trataré de estar a la altura, tendré un cuerpo para pararme en el medio. Será mi único medio de conocerme: de conocer y saber lo que ha estado pasando hasta este punto en que voy a encontrarme con un cuerpo que no es mío.

y si no me gusta perder

Había una vez un pintor que cuando leía leía un hombre enroscado dormido a una mesa, y cuando dormía profundo soñaba con monstruos. El pintor se llamaba Goya, el durmiente razón. Pregunta: si los sueños de la razón dan monstruos, ¿qué dan los sueños de la sinrazón? ¿Qué daría la vigilia de la sinrazón si el durmiente no quisiera estar más dormido? ¿Qué es estar dormido? ¿Y quién no está nunca despierto?
Conjunciones –

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píntame el día

Estoy desarrollando un programita que el Colegio me pide para dictarlo en forma de taller todos los miércoles. No se me ha ocurrido otra cosa que llevar todo lo que me interesa, motiva, fascina, inquieta, de lo que siento curiosidad, a este espacio. Este es el documento que escribí para iniciar el taller. Buena Fortuna.

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«Buscaremos, pues, como si fuéramos a encontrar, pero nunca encontraremos sino teniendo que buscar siempre». San Agustín

Es este un borrador, una tentativa, y sirve como documento inicial del taller: inicial porque es una declaración de principios de parte mía. Es decir, del guía, no del profesor. Sólo con ese propósito hay que leerlo. Es un borrador que cada uno de ustedes puede cambiar, enriquecer.

Por alguna parte hay que empezar…

No creo que la escritura sea la realidad, se parezca a ella, la simule. No creo que la escritura sea la verdad: pero se le parece. De la forma en que viendo a través de la palabra un solo momento, aquel instante importante, empieza a ser recalcada como una de tantas maneras de ver la realidad. Sin embargo, la escritura, o el proceso mediante el cual elaboramos un ensayo, subvierte a la realidad misma: lo que nos queda es la realidad como una más entre otras posibilidades. Y no como la realidad, y sólo una realidad. La escritura tiene ese añadido: frente a ella cualquier objeto, cualquier posesión pierde su carácter de restricción. No hay realidad, como no hay razón restrictiva y unidimensional. Y es ese parecerse a la realidad, esa acción que hace cambiar a la realidad: lo que re-crea. Y es ese volver a hacer lo que nos interesa. Porque volver a ver, quiere decir volver a reunir, volver a juntar de otro modo. En una palabra: en relacionar. Con la música, con el arte, con la poesía, con lo que cada uno puede aportar desde el fondo mismo de lo que nos toca. Desde el fondo mismo en el que se nos va la vida. Es ese buscar lo que interesa en este taller: que consistirá en una exploración por los universos que habitualmente quedan fuera del registro de los medios. Un taller para saber contarlos. Un taller para poder desarrollarnos como cronistas de lo cotidiano, queriendo con el término de cronista romper con la rutina. Porque la rutina es terrible, porque la monotonía mata más que cualquier guerra.

Segundo punto: Todos somos noticia, aunque estemos lejos del poder.
El poder: se tiene para abusar de él: pero también se cuenta, se escribe con el fin de que cambie de manos. De que lo empleen otros. Porque finalmente es el poder, aquel que lo tiene, el que hace noticia y la hace describir a su acomodo. Los fuertes son los que hacen la historia: también la escriben. La hacen escribir. La pregunta sería: ¿de qué forma escribiendo dejaríamos de ser cómplices con el poder? Y no hablo únicamente del poder político. Hablo una vez más de la monotonía, de lo gris. ¿Cómo pintar al mundo, llenarlo de color?

Se pretende trabajar el color. Y es el tercer punto.
Aprender a ver distintos tipos de abordar las realidades que se encuentran por fuera del poder. De lo que nos dice lo que es la vida, de lo que nos dice es la única vía a seguir. ¿Cómo contar un color naranja, un color verde: uno violeta? ¿Cómo contarlo y transmitirlo a un público más amplio: y transmitir para persuadir. Para, una vez más, pintar al mundo. Cada participante desarrollará la descripción de uno de estos mundos. De estos colores: se abrirá la paleta para pintar un cuadro; para aprender a describir una realidad específica. Particular, específica, porque por algún lado hay que empezar. Uno de los puntos centrales sobre el que se quiere profundizar se centra en incluir la mirada subjetiva de quien escribe y de quienes protagonizan la historia que se cuenta. Por eso mismo el carácter personal de este propuesta. Emplear el pronombre propio es asumir responsabilidad: es ponerse en el centro del debate. Es ponerse de lleno: es rellenar con color al mundo. No me gustan las fórmulas de manual que nos dicen que el periodista, o aquel que ve las realidades que lo envuelven y circundan no debe sentir la información sino sólo transmitirla. Creo más en un proceso de comunicación, de compartir, de generar un espacio de diálogo con el público, y estoy convencido de que eso sólo se logra desde la honestidad y desde el desarrollo de escritos que
trabajan las sensaciones de las. De lo que está moda. De ahí mi insistencia de que nos olvidemos del mundo durante las horas que trabajemos en el taller.

De nuevo, y en breve:
lo que vemos y nos sorprende, lo que está donde no debería estar, las lógicas que están a nuestro alrededor sin que seamos del todo conscientes acerca de sus funcionamientos. Nos entusiasma sentarnos a escribir sobre nosotros y nuestro contexto, sin necesidad de pensar que noticia es lo excepcional, lo que le pasa a los otros. Todos somos noticia, porque somos parte de este mundo. Y todos somos posibles personajes ficcionales, personajes posibles para un ensayo, para una novela, para una crónica, porque cada uno genera acciones sobre los otros: como sobre sí mismos.Si la noticia periodística, si el ensayo, si todo aquello que escribimos respondiese únicamente a la tarea de informar, no tendría mayor interés. Es porque existe alguien detrás, pero también adelante, a los lados: es porque, pese a todo, seguimos siendo seres de carne y hueso, por lo que escribir es tan importante: es algo así como reunir lo mejor de nosotros para transmitirlo a alguien. Pero también lo malo…

La propuesta consiste en alentarlos a adentrarse en un modo singular de contar lo real que priorice tanto el acontecimiento como los contextos y las miradas del redactor. El equilibrio entre estos tonos, sumado a la apuesta por una escritura intensa, variada, polifónica, se convierten en laidentidad del taller que trabajará sobre temas que interesen, y que tampoco estén al alcance de la mano. Porque hace falta una buena labor de investigación. Y es intensa, porque no está mal, después de todo, tener la esperanza de cambiar al mundo. Lo siguiente sería: ¿qué es y qué clase de mundo es este?

A trabajar:
– Discutir este documento
– Luego: taller de fotografía. Lugares habitables e inhabitables.
– Cine-Foro: La Ola, Dir. Dennis Gansel
– Etc.

el pasado

A decir verdad, yo no estaba allí cuando ocurrió. Todo pasó, y todo quedo pasando por alto el hecho de que lo hubiera vivido. Ya está, ya pasó, y yo no estaba allí. Y por qué no: por qué no de nuevo. Sin que esté yo, que sea de noche, y que esté todo callado. No poder oír tampoco, tampoco saber que el silencio se encuentra tan cerca. Precisamente eso: dejar que el tiempo ruja y gruña sin que nadie, pero preciamente yo. Sin que nadie esté, y esté todo tan callado y que el mar del tiempo pueda continuar solo, lejano y tenue, hecho polvo por el estruendo del tiempo, y preciamente eso: que nadie esté, precisamento yo, para que lo haga suyo. Para que luego lo reclame. Y por qué no, por qué no dejar que de nuevo pase sin que el deseo de uno solo, y que precisamente sea yo, se acerque a reclamarlo. Me gustaría pensarlo así: que precisamente el tiempo, tan callado, y de noche, piense que no hay nadie: que no habrá ninguno esperando su llegada. Y que por eso se presente. Sea uno más, uno desapasionado, y todo nuevo de recuerdos. Y no a punto de ser desterrado, y no a punto de llegarse a la punta de la lengua para saber a exilio. Y todo nuevo, precisamente eso: esa terapia y el deseo, ambos, que llegan para quien no está. Para quien aún no lo ha probado. Y que sea yo: uno nuevo, y de dientes y boca pequeña. Este solo, andrés.
Eso sería la Juventud.

Ahora me gustaría tener una ventana, y no un fantasma. (Por qué no)

el abuso de la belleza (también)

Y al final me encontré en medio de la llovizna del día moribundo, con los limpiabisas en pleno funcionamiento, pero incapaces de apartar mis lágrimas.
Lolita, Vlaimir Nabokov, Segunda parte, 29.

Antes yo no sabía, pero quiero seguir sin saberlo. Antes yo no sabía, pero realmente prefiero seguir en ese hueco que me brinda la ignorancia de no saberlo. Porque no quiero que mi cuerpo aguante hasta saberlo, no quiero que mi cuerpo resista tanto hasta que la posibilidad, la posibilidad completa de seguir siempre hasta adelante me haga saber: saber que es necesario que el cuerpo aguante. Prefiero evadirme, prefiero quedarme atrás. No quiero seguir día tras día hasta que el cuerpo no aguante. Porque no soy mi cuerpo, no soy simplemente boca, no soy ojos, no soy dueño de mi cuerpo. Soy un arrendatario de mi cuerpo. La imagen me sirve para dar un paso más, para traer otra imagen: la que se desprende de ese libro intenso, atroz, herido, de cuerpo constantemente en movimiento. Lolita.


Yo no lo quiero, no quiero amar, ni que me amen de esa forma.No quiero la ternura constante, no quiero la evocación constante de mi amada. O de mí mismo como amado. Porque quiero también el desamparo que me trae cuando no lo puedo todo y necesito ayuda: pero ayuda no amorosa: comprensiva. Quiero la herida, quiero la búsqueda que me deja el amor, la necesidad, y una como lujuria que no tiene reposo. Pero no quiero la invasión, no quiero tomar y que me tomen siempre por fuerza. Quiero la conquista, pero también la rendición. Prefiero el amor que martilla la realidad, mi realidad, que desarma, para volver a armar. No quiero de nuevo el amor que me es espejo, y contento me sumo a los que se zambullen en él hasta que la alberca se desocupa: el agua se seque y no de para más. Quiero martillar al mundo con amor, pero que ese amor cambie lo que de cambio hay en el reposo. Lo que de reposo hay cuando otro fantasma más no viene a reencarnarse. Quiero querer, amar, como se dice, pero hasta cuando el cuerpo que sigue adelante no soporte más y me convierta en un monstruo. Prefiero el mudo gemido, mudo, o más bien silencioso: lo que de silencio hay en un susurro.Continuo. Prefiero el mudo gemido de la ternura, así me sea más difícil verla en alrededores, y que yo mismo esté lejos de esa afirmación de mudo gemido. Prefiero… como para decir que no es esto es lo que me gusta, pero continuo por esta tendencia. Importante la tendencia, antes que el objeto que cierra, que obstruye y que concluye el camino

Cada vez me gustan más las máscaras: porque me mantiene despierto, porque me hacen simular como monstruo. Cada vez me gusta más el silencio: porque me vuelven cínico. (Sobre el cinismo deberé volver una vez más.)