No vale lamentarse y no es presentable hacerse el pequeño

Me gusta recibir cartas o, en este caso, correos, porque cuando me las mandan, cuando llegan a la bandeja de entrada estoy seguro que no voy a estar de acuerdo con lo que allí se dice. Me gusta la contradicción, juego en ella, me gusta la ambigüedad: porque es una respuesta satisfactoria que puede dar inicio a una clase de efímeras devociones. (Estar completamente errado por un momento es algo digno de alabarse.) Basándome en el hecho personal, pero no dilucidado previamente, de que no deseo interpretar ni transformar el mundo, sino abandonarlo, me atengo a lo siguiente: cuanto todos dicen Sí, y están prestos a no dejar que ninguno de el paso, ofrezca su brazo y profiera un No: sin embargo alguien diga No. Todo es magnífico, salvo para mí. Todo esto aumenta mi cinismo, como bien se diría. Y aumenta mi cinismo del modo en que pudiendo decir Sí, empleo el No. Da gusto formar un brote en este mundo temblante, y que ese brotecito sea algo tan sencillo como un No, incluso un No sé; un tal vez.
No quiero cambiar ni intrepretar al mundo, sino abandonarlo, y aquí está lo que quiere decir: porque quiero hacer un mundo a imagen y semejanza mía. (Esta idea no está en modo alguno finalizada.)

No quiero un mundo terminado, concluido, en sumario, porque no es tan cierto, dejemoles así… no es tan cierto…. que sólo se puede obrar sobre el presente. Toda ciencia histórica, y a esto me voy a atener… toda ciencia histórica, llámese literatura, cine, música, y tantas otras surgen del propósito de abandonar el presente para obrar sobre el pasado. Incluso las que nos hablan de lo que está delante nuestro, los retratos de sociedad, de familia, no son otra cosa que un previa formación por parte del escritor referida hacia un detalle del presente: sin una previa elaboración, sin un previo conocimiento nunca se llegaría a entender lo que está pasando. Y es eso por lo que puede reiteradamente volver a escribir el mismo detalle del presente. Uno no obra simplemente sobre el presente sin previamente reelaborar el pasado. El presente es el modo de mirar, y el modo de configurar: el pasado es el material. Así que uno no puede olvidar en el presente si previamente no ha obrado sobre el pasado. Y por eso el adiós de ahora es una sucesión de adioses anteriores. Cada adiós presente requiere un convecimiento de parte de adioses anteriores. Te equivocas,
te equivocas cuando pides justamente eso: los adioses son casi eternos, porque hay que traducirlos al menos a veintisiete idiomas, y cada repetición de adiós debe persuadir al anterior para que se despida. Te equivocas:
nuestro pasado nos pertenece, podemos cambiarlo si queremos.
Entonces ese cambiar, entonces ese convencimiento de adioses: entonces todas esas cadenas de persuasiones nos lleva situarnos en la EDICIÓN que podemos tener sobre el mundo para hacer del presente algo sobre lo cual, en última instancia, se obra. Es como decir: el presente es el punto inextenso, un punto que no puedo ver porque estoy sobre él, y es por eso que debo ir hacia el pasado para cambiarlo. No,
nunca se obra sobre el presente. No se olvida sin haber ya olvidado. Pues ese olvido, esa clase de olvido requiere siempre un olvido superior que siendo convencido por un olvido anterior tratándose de diferenciarse de él aceche una última verdad. Y hablo de edición. (Ideas previas, o parecidas, había sido presentadas en la entrada Ya Casi Te Olvido.)
Es esta una nueva búsqueda vital de formas de la verdad que empieza una vez nos deshacemos de esas pesadas cargas: cargas humanas…
**    *
El titulo de esta entrada se refiere no exclusivamente, porque no me gusta mucho la imagen del dedo que señala: se conecata de alguna forma con una hipotética sinopsis, o crítica de la película Be Kind Rewind de Michel Gondry. La cual, pese a Jack Black, pude ver. Y ciertamente a Black se la paso: por esta vez.

Contra la indolencia

Fracasado es, para mí, quien no quiere ser cómplice. Quien obvia el éxito y la comodidad que puede tener la vida académica. Yo nunca he dicho que haya sido exitoso. La única vez que escribí una ponencia para la facultad de filosofía fue un éxito: se debió a mi irreverencia. Si en mi sustentación de tesis la cosa se llenó, fue porque era el segundo lance contra la filosofía. Yo nunca quise el éxito académico, me la pasaba con la espalda mojada por irme al Parque Nacional a leer a Miller. Nunca quise el éxito académico, pero si lo hubiera querido, si hubiera estirado, ni siquiera del todo, tan sólo un poquito la mano, es muy probable que estuviera haciendo mi doctorado en europa. Pero mi fracaso: fracasar, para mi, es tener conciencia. Hacer carrera de fracasado es estar comprometido con la conciencia. No he defenido nada, ni me he metido en nada de lo que estuviera con todo lo que soy yo comprometido.

Compromiso, eso es algo de lo que se habla muy poco. Y en los pasillos de las facultades de filosofía se cuchichea, se incrementa el rumor, y los comentaristas se reproducen como conejos. Puede decirse que todo filósofo ha tenido sus seguidores y adeptos. Todos, incluso los que ya no hacen sino comentan: comentario sobre comentario. Coma sobre coma sobre coma. Unos brutos, y unos expertos atajadores de penaltys: pero no por pararse frente al jugador del equipo contrario. Por escamotear el balón: por desinflarlo. La razón le dispara a las pelotas para que nunca más haya un partido.

Los filósofos, aunque leen, o parecen que leen, no saben leer, porque para saber leer hay que saber asociar. Es es este un requisito necesario para quien quiere pensar por sí mismo. Pensar por sí mismo, es pensarse: qué relación tengo yo con esto que me rodea. Qué soy yo, qué puedo hacer. Qué no debo hacer. Un filósofo dice: cómo puedo comentar esto. Cómo puedo justficar esto. Cuántos seguidores me seguirán: acaso será más conveniente decir que no quiero seguidores.

No sólo la razón está ciega, y sentada frente a una chimenea, como en el caso de Descartes: es que vale más que esté ciega. El gremio se encarga de hacerla sentar. Y una razón sentada en tiempos turbulentos y de gran agitación produce esto: (Respiración Artificial, Ricardo Piglia…)

(…) En fin, dijo Tardewski, que me pasé la tarde y parte de la noche en la biblioteca del British Museum leyendo ese extraño y delirante monólogo autobiográfico que Hitler había escrito, en realidad había dictado, en el castillo de Landsberg, en 1924, mientras purgaba (es un decir) una pena de seis meses de condescendiente prisión. Lo primero que pensé, lo que comprendí de inmediato fue que Mein Kampf era una suerte de reverso perfecto o de apócrifa continuación del Discurso del Método. Era el Discurso del Método escrito no tanto (o no sólo) por un loco y un megalomaníaco (también Descartes era un poco loco y era megalomaníaco) sino por un sujeto que utiliza la razón, sostiene su pensamiento y construye un férreo sistema de ideas sobre una hipótesis que es la inversión perfecta (y lógica) del punto de partida de Rene Descartes. Esto es, dijo Tardewski, la hipótesis de que la duda no existe, no debe existir, no tiene derecho a existir y que la duda no es otra cosa que el signo de debilidad de un pensamiento y no la condición necesaria de su rigor. ¿Qué relaciones había, o mejor, qué línea de continuidad se podía establecer (fue lo primero que pensé esa tarde) entre El discurso del método y Mi lucha..? Los dos eran monólogos de un sujeto más o menos alucinado que se disponía a negar toda verdad anterior y a probar de un modo a la vez imperativo e inflexible, en qué lugar, desde qué posición se podía (y se debía) erigir un sistema que fuera a la vez absolutamente coherente y filosóficamente imbatible. Los dos libros, pensé, dijo Tardewski, eran un solo libro, las dos partes de un solo libro escrito con la distancia de tiempo necesaria entre uno y otro para que el desarrollo histórico hiciera posible que sus ideas se complementaran.¿Podría ser ese libro (pensaba yo mientras anochecía en la biblioteca) considerado como una flexión final en la evolución del subjetivismo racionalista inaugurado por Descartes? Pienso que sí, pensé esa tarde y lo pienso también ahora, dijo Tardewski. Me opongo con esto, por supuesto, como usted habrá notado enseguida, a la tesis sostenida por Georg Lukacs en su libro El asalto a la razón para quien Mi lucha y el nazismo no son más que la realización de la tendencia irracionalista de la filosofía alemana que se inicia con Nietzsche y Schopenhauer. Para mí, en cambio, dice Tardewski, Mi lucha es la razón burguesa llevada a su límite más extremo y coherente. Incluso le diré más, me dijo Tardewski, la razón burguesa concluye de un modo triunfal en Mein Kampf. Ese libro es la realización de la filosofía burguesa. Es la filosofía como crítica práctica; no la filosofía (dicho sea de paso) según la entendía ese otro filósofo alemán que se pasaba los días en una sala del British Museum leyendo los escrupulosos informes escritos por los honestos y británicos inspectores de fábrica en la época de la Revolución Industrial; sino la otra filosofía como crítica práctica: la que yo estudiaba en Cambridge.
Dijo entonces Tardewski que si la filosofía siempre había buscado el camino de su realización ¿cómo extrañarse que Heidegger haya visto en el Führer la concreción misma de la razón alemana? No hago un juicio moral, dijo Tardewski, se trata para mí de un juicio lógico. Si la razón europea se realiza en este libro (me decía yo al leerlo) ¿cómo extrañarse que el máximo filósofo viviente, es decir, aquel a quien se consideraba la mayor inteligencia filosófica de occidente, lo haya comprendido de inmediato? Entonces el cabo austríaco y el filósofo de Friburgo (con el Ser habitando la casa de al lado, según decía Astrada) no son otra cosa que los descendientes directos y legítimos de ese filósofo francés que se fue a Holanda y se sentó ante el fuego de la chimenea para fundar las certezas de la razón moderna. Un filósofo sentado frente al hogar, dijo Tardewski, ¿no es ésa la situación básica? (Sócrates en cambio, como usted sabe, me dijo entre paréntesis, se paseaba por las calles y las plazas) ¿No está allí condensada la tragedia del mundo moderno? Es totalmente lógico, dijo, que cuando el filósofo se levanta de su sillón, después de haberse convencido de que es el propietario exclusivo de la verdad más allá de toda duda, lo que hace es tomar uno de esos leños encendidos y dedicarse a incendiar con el fuego de su razón el mundo entero. Sucedió cuatrocientos años después pero era lógico, era una consecuencia inevitable. Si al menos se hubiera mantenido sentado. Pero usted sabe lo difícil que es mantenerse mucho tiempo sentado, dijo Tardewski y se incorporó y empezó a pasearse por el cuarto.

O sentados, o como dice Heráclito, les valdría ahorcarse, cerrar el pico. Pero, atentos, no son sólo filosóficos los que estudian filosofía. Son un clan amplio y dominante cuya razón de ser es la más honda preocupación del ser humano, cuando su misma esencia, y por definición ESO ES el ser humano: el miedo a meter la pata. Por el contrario: somos una total metida de pata. ¿Cuál es el problema?

Contra la indolencia: por el contrario que nos duela, que nos importe. Porque lo importante de vivir no es conservar la vida, por cualquier medio: es la conservación de la propia dignidad.

La zona oscura = la familia

Cuando tienes la autoridad es tan sencillo decir de otro que no tiene la razón: que está equivocado. Que es un loco. Aquí la palabra no señala algo que existe. Aquí la palabra ´loco´ designa un lugar: el hecho de que contradices mi autoridad. Basta que levante mi mano: basta que diga que eres loco para que nadie te crea. Para que nadie arriesgue: ponga en tela de juicio mi autoridad. Este sería el monólogo, o pseudodiálogo de la autoridad: de aquel que llama a su hijo ´loco´.

(El diálogo siguiente pertenece a la película The War Zone, dirigida por Tim Roth).

Padre – No necesito esto, Tom.
No entiendo esto. Sabes que nos hace daño.
¿Estás mintiendo o de verdad lo crees? Se tiene que terminar.
No puedes tenerlo, compañero.
Disculpa por golpearte, pero me hiciste daño.
Tú no sabes cómo me siento.
Mamá está enfadada…
Es por falta de atención. Alice… ¿es eso?
A veces sucede cuando se tiene a un bebé.
Ya sabes, son cosas de la vida.
Nunca te internaría.Te amo, nunca te pondría…
Hija –  Me follaste por el culo…me follaste…
¿Por qué lo hiciste? Eso duele.
Padre – ¿Ves lo que pasa cuando le metes ideas a la gente?
Se empieza a difundir… y otra gente comienza a creerlo.
Tienes que deshacerte de esos pensamientos, Tom.
Tienes que detenerlo. No son ciertos, tú lo sabes.
No estás enfermo,Sólo estás, eh…
…pasando por la adolescencia.A mi me pasó.
¿Estás embarazada?
¿Eso es lo que tienes?
¿Es eso?
¿Ves cómo le metes ideas a la gente?
Me imagino que lo próximo será hacerlo con él.
No puedes seguir diciendo estas cosas, querida.

Diálogo: pseudodiálogo. Oídos sordos.

Quien aseguró que la familia es la base de la sociedad estaba muy equivocado. Basta que exista un pleito de herencia para ver como los parientes van detrás de lo que dejó el viejo: perros tras un hueso. (Con el debido respeto a los canes).

En mundo justo y democrático se debería poder elegir a los parientes: así como se elige los amigos. Puede ser que a ninguno se le de por ser un cabroncete: probablemente nadie lo querría como papá, como tío, como hermano. Eso sería democracia. Nada de esta cuestionable idea de que debes respetar a tus parientes porque existen lazos sanguíneos. El respeto, como el amor, se gana. Nada más inseguro que pedir ayuda, apoyo, una mano… amiga dentro de la familia. Debo añadir: dentro de mi familia. Porque es desde mi intimidad que encuentro el matiz, y la razón de ser de mi argumento. Frente al mundo: esta el hecho de que yo vivo en él. Sin intimidad no se entenderia lo que pasa a mi alrededor. De ahí el título personal: soy yo el que hablo. Soy yo el que cuestiona. Aún.

Pero si alguno de los que me leen, esos grandes amigos, llegan a sentirse identificados con la idea, es porque la intimidad ha producido algo que se por lo general se obvia en las familias: comprensión. Esto se suele llamar simpatía: ver el lugar del otro. El lugar que ocupa el otro. Hoy lo quisiera llamar PERSONALIDAD.
Personalidad es saber que el espacio se construye con el otro: se teje. Como si el fenómeno Yo fuera algo así como un terreno. Y entonces aquel que venga a mi, es porque quiere hacer buen uso del terreno. Quiere habitar: no invadir.

Da un poco de verguenza hablar de este modo de aquello que ciertamente debería causar alegría: ser un placer por el refugio y el abrigo. Da vergüenza, ciertamente. Puedo decir que planteo una hipótesis: desaprender. Poner en duda lo que nos pone en duda. Si se me permitiera quisiera empezar de nuevo. Elegir un terreno: tener allí un lote. Colgar de la puerta este título: bienvenido; o bienido.

La familia: siempre hay razones para decir que mejor hubiese sucedido de otro modo. Y esta no es una manera de preterizar el presente. En cambio de volver a pensarlo. Pensar.

El Derecho a Ver – Cinco

Finalmente. El Derecho a Leer. Fábula (?) escrita por Richard Stallman: principal figura del Movimiento por el Software Libre (GNU): así como del Copyleft. Así es: no pierdo los derechos que tengo sobre mi obra; la hago del dominio público. Fabuloso.

¿Qué pasaría si por prestarle un libro a un conocido tuviera que ir a la cárcel? Stallman se adelanta hasta el 2047 y nos da su respuesta. Lo interesante no solo son las conclusiones que saca, todo se vendrá abajo y tendremos que irnos a la luna: lo más emotivo es que siempre hay gente dispuesta a luchar por su arte. A dar la pelea por lo que se ama. Y, lo mejor: a unirse.

No estamos para nada equivocados si esperamos un mundo mejor: nuestro error consiste en desearlo. Y nuestro deseo se vuelve una carga. Como dice uno de los ¨Mayores Piratas de la historia de la humanidad¨:

En cierto modo la comprensión de que no había nada que esperar tuvo un efecto saludable para mí. Durante semanas y meses, durante años, durante toda mi vida, de hecho, había estado esperando que algo ocurriera, algún acontecimiento intrínseco que transformase mi vida, y en aquel momento, inspirado por la desesperanza de todo, sentí como si me hubieran quitado un gran peso de encima…. Nada de lo que me había ocurrido hasta entonces había bastado para destruirme; nada había quedado destruido, salvo mis ilusiones. Personalmente estaba intacto. El mundo estaba intacto. Mañana podría haber una revolución, una peste, un terremoto; mañana podría no quedar ni un alma a la que recurrir en busca de compasión, de ayuda, de fe. Me parecía que la gran calamidad ya se había manifestado, que no podía estar más auténticamente solo que en aquel preciso momento. Tomé la determinación de no aferrarme a nada, de no esperar nada, de vivir en adelante como un animal, como un depredador, un pirata, un saqueador.

Ser pirata, es algo así como un viaje zen. Ser pirata es un poco de humor, y una visíón ciertamente amplia, amplisima de la vida. La Historia, como tal, es un gran demonio: una gran ayuda. Nada queda, y nada quedará. ¡Qué alegría!

Aquí queda una figura sui generis. La leyenda lo hace llevando a las conferencias que dicta por el mundo: un colchón. Parece que lo que necesitamos es gente poco cuerda, poco sana, poco sensata: pero muy despierta. Pero decidida a exigir un mundo mejor. Aquí queda Richard Stallman. ¡Qué vivan los locos inspirados, los romántcos empedernidos: los idealistas, los soñadores!

Cada uno de nosotros se ha vuelto un país, un límite. Sin embargo, parece que la especie que disiente, que toma otros caminos nunca muere. No estamos tan solos en este mundo lleno de fronteras, de visas en el que para hablar con el otro tienes que tener una clave.

Mi balance, pese a todo, es positivo. Y por ello finalizo el tema dejando una canción completamente pirata. ¡Al abordaje!

Antes: tal vez luego le dedique algo de espacio a Linux: el oponente directo de Windows. Recomendado: no dejen de visitar sus foros, los más chistoso, encarnizados: escriben window$$. (Para el problema de llamarlo simplemente Linux: el artículo de Stallman. ¨Linux, GNU y la libertad¨

Rf & Lili de Mora – Throug The Tree

El Derecho a Ver – CUATRO

Nunca un texto es libre: siempre lo elegimos, lo saboreamos, lo tomamos, lo engullimos según el gusto de boca que actualmente tengamos. Ningún texto es inocente: no existe el crítico neutro. El Critico literario impone sus prejuicios: los prejuicios son su trabajo. Precisamente porque depende del ´estado lector´ en el que se encuentra. No hay que satanizar su figura, tampoco volverla un ícono. Frente el crítico literario también nos podemos dar el lujo de una segunda opinión.

Es que no se puede estar en la vida sin prejuicios: son nuestra piel y sangre. Vivir es un prejuicio. Trabajar, soñar, es un prejuicio. Y lo que llamo ´estado lector´ es la manera poco sana que tienes de abrir el libro: de estar frente a él. Y por tanto no voy a leer fervientemente un título porque a Saramago se le ocurrió recomendármelo. (Lo de Saramago es un ejemplo).

Lo que me va mal es cuando YO escribo algo, y se lo paso a alguien: ¡cómo duele el que no lo pongan a uno en un altar! Dos bombillos más para mi hornacina, por favor. La cosa es que me  han herido mi odgullo, como dicen los chicos. ¿Ven chicos y chicas cómo explico todo lo de la segunda opinión pero quiero que se queden con la mía?

– Así es el ser humano: eso es. Una contradicción en esencia. Una cosa de uña plana que se lleva la contraria desde que empieza. Bueno, ya me dio risa. Y esa era la razón de ser de esta entrada.

besos,

El Derecho a Ver – TRES

Ya no hablo de la ´piratería´. Abandono esa parte: ahora es simple Derecho a Ver. Abandono el arte-economía. Me ubico por un momento en el arte-objeto.

Además de estar en el mundo como cualquier otro utensilio, el arte es algo más. Ese algo más, posición ambivalente, porque no se sabe qué es, hay que buscarlo en quien ve: arte-público. (Es imposible decirlo todo ahora, porque aún en el arte-objeto, se puede dejar de lado al público. Y hablar del arte. Pero esta es un simple reflexión).

Arte-público, arte como algo más que un objeto. Sí, para aquel que goza. Para aquel que vuelve a descubrir el mundo, las cosas, los colores, de pie viendo una obra, o en una silla de cine, o caminando con unos audífonos. O leyendo un libro prestado por un amigo.

Quien defiende el Derecho a Ver no es más que uno cualquiera: alguien que poco sobresale de la multitud. Alguien para pedirle la hora, y no volverlo a ver. Alguien cualquiera, de carne y hueso que es UNO solo: que si le acorrala gime y pide ayuda. Alguien que siente miedo, que no tiene a su alrededor Asistentes. Secretarias. Gerentes, Presidentes. Alcaldes. Secretarios de la ONU. Aqui yace un individuo. (Casi diría Kierkegaard).

Quien defiende el Derecho a Ver es alguien como este, que está a mi lado: que huele, que suda, que va hacia delante y hacia atrás. Nadie especial, que nunca hará algo que se recuerde. Que no tendrá legado. No dejará una herencia considerable.

Quien defiende el Derecho a Ver es lo REAL: que calza estos zapatos, teniendo en uno de ellos un hueco, un descosido de tanto usarlos. ¿Existe Sony: alguien lo/la ha visto? ¿Existe el Capitalismo: alguien lo/la ha visto? ¿Existe la/lo Ley: alguien la/lo ha visto? ¿Y qué esto que cuando utilicemos el nombre cultura empecemos a hablar de farándula? Existe, existe, existe.

Qué tan alto quieres llegar: qué tan amplio es el presupuesto cultural para este año. Al diablo: no voy a esperar que según la actual vigencia de cultura se me eduque. ¡No acepto como natural el que el gobierno recorte, qué será esto, el presupuesto para la cultura, porque sencillamente existen asuntos más serios! ¡No acepto como natural que la cultura sea un asunto exclusivamente del Estado! ¡No acepto como REAl el que aún siga pagando lo mismo por un libro cuando los Derechos de Autor han caducado!… .

Quien usa estos zapatos es alguien REAl. Es uno solo más que surge de un estruendo de despertadores y panecillos con mantequilla. Uno que otro cítrico según los días de lluvia. Quien usa estos zapatos es aquel del Derecho a Ver: no un fantasma, una industria. Quien usa estos zapatos aún se deja sorprender por el mundo.

Luego se podria decir que más importante, o más arriba que cualquier derecho se encuentra el Derecho a Dejarse Sorprender. (Siento si doy muchos pasos, si busco y enuentro, si me pierdo, si me repito. Estas reflexiones me vienen sin consultar un libro, sin ir a internet, sin consultar a un profesor. Vienen sin organigrama, vienen sin ´la prueba demostrada bajo el brazo´. Sin embargo vienen. Y aquí las dejo de forma franca. Yo sigo aprendiendo. Gracias por los comentarios: han sido estimulantes).

el derecho a ver – dos

¿De qué manera la `piratería´ puede ser un bien?: es el lugar de una afirmación. En ella me afirmo como individuo. La piratería se opone a la prohibición.

uno – En el momento en el que DECIDO descargar una película, un disco, tomar una foto, ser lo que es una mierda que se llame ´ser pirata´, afirmo mi derecho de tener un bien cultural. Afirmo el lugar de un bien cultural. Esto que parece tan sucio, de gente en las esquinas tomando impulso para ir detrás de un futuro cliente y robarles la paga, olvida que si hubo uno que escribió, que tocó, que pinto, etc, es porque queria que el Otro participara de un espectáculo. El arte no existe sin la participación del otro.

Es esta manera de confundir arte (coma) economía lo que nos trae problemas: un autor no solo quiere, como todos los demás que no somos artistas, ganarse el pan; quiere un público. No existe una sola obra de arte que no muera si no se la ve. El arte no solo es consumo económico. Es consumo orgánico. Es aire, alimento: es mi educación.

El Derecho a Ver es este último sentido del consumismo: ¿si el comercio no me da los medios para tener en mis manos algo que es para mi necesario debo hacerlo por mi cuenta? Mi respuesta es SÍ.

Dos – Como es un debate hay que ser provocador. He dicho García Márquez. He señalado a la Iglesia. Para mi es un acto delictivo el tener una fortuna amasada. Tres millones de dólares cobrados no cabe en la maleta. No me va bien el que un jugador de fútbol por patear un caucho gané más de lo que pueden ganar mil personas. Tampoco me va bien que el cine haya invertido 110 millones de dólares en Titanic: se lo hubieran guardado si me lo preguntan. ¿Desde cuándo el cine se volvió un negocio? No me van bien los remates de cuadros, de gafas, de pelos, de firmas. No me van bien las limusinas de los raperos, rockeros, productores. No me va bien el que un poeta viva en una mansión rodeado de guardas, rejas y pantallas de circuito cerrado.

Sí, para mi es un delito tener una fortuna. Los ricos deberían ir a la cárcel. A Paris Hilton le vendría una escoba. A 50 cent le vendría bien limpiar mis vidrios.

Sí, sueno utópico, exagerado: pero ¿porqué al ejercer EL DERECHO A VER debo enfrentarme a jueces, policias…? Esto también es exagerado. ´Piratería´, está bien: ¿pero para quién? Como dice Juan Domingo: la piratería también parece tener una caducidad. Parece depender de muchos otros factores, ser un pecado temporal. Por supuesto, y por eso me reafirmo en mi Derecho a ver. A consumir lo que quiero consumir, y es mi sangre.

el derecho a ver – uno …

Expreso mi necesidad individual de ser ´pirata´. Escribo ´necesidad´: no deseo. En la mal llamada ´piratería´existe un interesante debate. La ´piratería´ aún espera para ser discutida. Para mi no es buena o mala. Mi punto: es necesaria.

Primero voy a hacer un bosquejo: lanzar algunos datos, algunas ideas. Porque quiero saber qué piensa cada uno de ustedes, de los que me visitan del tema. Y luego vienen mis propias ideas: mis ases bajo la manga.

No pretendo ser original. Quiero hacer una pregunta: ¿existe el derecho a ver? Ampliando: ¿en qué momento el (derecho) a ver es un deber de compra?

UNO – Dejo entre paréntesis la palabra, que en la mayoría de las veces es solo eso UNA PALABRA, ´derecho´, porque es lo que está discutido. Lo que parece siempre quedar… entre paréntesis. Del otro lado tenemos el DEBER que nadie pone en duda, ni entrecomillado, ni al abismo. Podemos comprar cuerpos, conciencias, viajes a la luna: e incluso metros en el paraíso. (Si hubiera tenido precio no hubiera existido la manzana prohibida).

Lo que dice Duchamp de la cantidad de libros según el tamaño de la maleta debería ser global. Demasiada importancia al dinero: mucho más de la que merece. Me da verguenza el que nuestro Nobel García Márquez cobre por derechos de autor tres millones de dólares: pero su pueblo natal, Aracataca, carezca de un decente servicio de acueducto y alcantarillado. ¿Y qué decir de nuestro sabio, canoso, benevolente Papa que en su delicado dedo lleva un anillo que calmaría el hambre de muchos?

Demasiada importancia al dinero: pero no es dinero, es acumulación. Al fin y al cabo el dinero nació, sí, el dinero, como todo lo humano alguna vez nació, para ser intercambiado. En este sentido estoy del todo de acuerdo con el consumismo. Pero bien entendido, claro está. Un consumismo que hace pasar de mano en mano: que rota lo que está arriba hacia abajo.

DOS – La piratería no es un invento reciente. ¿Qué oficio era el de los amanueneses, el de los copistas? Lo que ha sucedido es que hemos tenido un añadido reciente: derechos de autor. Copyright. Pero no solo eso: derechos de industria, comercio, intermediarios, y muchísimos más. Pagando los derechos de autor agrego mi grano de arena al todopoderoso imperio cinematográfico, editorial, y musical. No lleno sus neveras, o sus tazas de café: me conformo con los cubitos de azúcar. Con las rodajas de pan.

– ¿Debemos pagar por (todo) lo que vemos, escuchamos. Olemos?

No hablo de asalto, de hurto, de asesinato. Hablo de cine, y de la necesidad que tengo que verlo, y de sorprenderme cada vez que me REENCUENTRO en él. Pero no solo cine: hablo de las pinturas, de los libros, de la música.

Para mí el cine, la música, los libros, deben llegar a cualquier rincón del mundo, estar al alcance de todo el mundo. No defiendo el lucro que se desprende de las descargas de internet: ¿pero acaso no son los mismos que distribuyen los discos, Sony, por ejemplo, quienes fabrican los discos grabables y las grabadoras? Nos dan todos los medios para piratear la música: pero simplemente quieren que nosotros compremos, y nos portemos bien. ¡Al diablo!

– Defiendo el derecho individual de ver lo que necesito ver. Lo que quiero ver. Lo que es una urgencia ver. Escuchar. Leer. Palpar. Ver.

TRES – Creo que si nos quedamos en el mero hecho privativo, como suelen decir los milis, por aquello de ´uso privativo de las fuerza armadas´, en un tiempo futuro vamos a dejar los que más queremos en las manos de unos pocos. Leer se convertirá en un delito. Solo podremos leer lo que nos DEJEN leer: lo que sea LEGAL leer. Y tal vez cuando muera el último incorformista se terminará el mundo. Razonar es disentir.

Espero que sea este un buen debate. Nada de Hermanos Mayores: o síntomas de ´La Granja´. Defiendo mi derecho a rebelarme, a ir contracorriente. Pero necesito el cine, necesito mucho de lo que, por Ley jurídica, se me priva. Tal vez, como en Antígona, se nos esté olvidando la Ley moral: para con nosotros mismos.

andrés,

aquí estamos todos solos y estamos muertos…

bucear en la inmadurez es lo que siempre me ha gustado. De siempre he perseguido el desatino, la sandez. La lentitud. Y eso que debido a mi estado de maduro-adolescente me la paso corriendo, dando brincos. Apurando dos sorbos, cuando solo puedo con uno.
Mi hermano menor es quien fue primero padre. Es quien me hizo tío. Y el tío guarda en su monedero la esperanza de que su sobrina no muerda el sebo pudiendo ver el sedal.
Lo real, ¿eso qué es? Algo así como los ojos de una vaca: siempre abiertos, siempre pacíficos. Siempre constantes, y nunca eufóricos. Siempre admonitorios. Algo así lo real. Seamos justos: lo real es que a otro le vaya bien: no a mi.

estar a un lado planeando el siguiente asalto ha sido lo mío. Planeando el siguiente golpe: pero a mi cara, pero a mi costado, pero en mi contra. Porque siempre estoy en movimiento. Mantengo moviendo esas piernas que provocan mis desventuras. A cambio me dan un consuelo: realizar una actividad paralela a lo que se llama vivir. Ello es crear; tener mayor claridad de lo que pasa ahí fuera, y que sea para mí. El resto, la continuación de un tren de vida que a mi no me suena, ni me sabe a nada podéis metérselo a otro: soy un completo sordo.

fui a la universidad. Me meti a la filosofía: cada uno tiene sus pisotones a la cáscara de plátano. Aparte de pulir y raspar la silla no hice absolutamente nada en cinco años. Apenas me gradué, o me jubilé, según se le mire, con una tesis sobre Schopenhauer y la alegría, soltando el esfero le pregunté al que era mi tutor, ¿es todo? ¿Este joven que empezó a afeitarse hace media hora se le va a llamar filósofo? No me lo podía creer. Y nunca lo hice. Yo a ese no le creo. ¿Cómo se llamaba? Creo que Martin Heidegger.
Pues nada mejor que esta vieja consigna entre los cínicos: no por ser profesor tiene razón, no por estar publicado es bueno y verdadero. ¿Algo más? Todas las veces: no por estar agasajado por la mayoría vale la pena. Lo que realmente cuenta para uno es lo menos democrático. ¿La polítca?: a otro perro con ese hueso. Ser individuo es defenderse.

Sí, soy el peor enemigo de mí mismo. Soy mi enemigo, cuando ser amigo es no volar en pedazos. No estar al borde de la cama, fatigado por el insomnio, al recordar lo que fue el ver tu nombre repetido en una boca amada. Soy mi enemigo, cuando ser amigo es encajar bien, no distanciarse: o no tener una chispa de pasión.

mis enamoramientos siempre han sido ridículos. Por fortuna, porque no me sale el cálculo. Soy demasiado evidente. El mundo es mucho más grande de lo que veo y pienso de él. Y aunque siempre he agarrado demasiado deprisa, nunca me ha ido mal. Un poco de peso perdido, si acaso, y eso está bien, porque soy demasiado vanidoso como para ir arrastrando arrobas.

Y ahora, me he perdido. Basta por hoy. Este adolescente se pone enseguida a cocinar.

…hace una vida

ayer hace doce años estaba con los milis: esta torva figura con un fúsil más grande que él al lado. Bonita estampa: me apellidaban Karamazov.

La milicia la sacaba por lo poros. ¡Cuántas veces en formación no tocaba volverlo a hacer todo porque a un sargento listo me dejaba de último en la fila! Y yo que tengo mi tumbaito. El Sargento, creo que de apellido Villanueva, nunca entendía porqué le tocaba quedarse de SS en puente largo. El hacia todo lo que le ordenaban, incluso abrir esa horrible boca para dejar salir vulgaridades. En realidad lo buscaba, porque no le gustaba quedarse en casa. Todos los que estamos en formación lo entendiamos: le llevabamos lindas flores. Le regalábamos medallas. Siendo aquí un terrible mandón, en su casa no pasaba de soldado raso. Pobrecillo.
Uno de los peores castigos era contemplar durante más un minuto la foto de su esposa. Lo que no sabía era que por la noche nos reiamos con el color sepia, con la cara de no saber en lo que se estaba metiendo: de aquella vez que dijo el SÍ. La corbata le iba chueca el día de su matrimonio. Sí, lo entendiamos. Estaba con el asunto de la formación… militar.

Si de los que estábamos allí dependiera la defensa abnegada del país, hace rato nos hubiera invadido un salvaje con una goma y una piedra. Formados dábamos espanto. El lindo rectángulo que por días y días nuestro SS nos habia inculcado, se volvía un horrible paralelepípedo. O eso decía el SS, que para lo de la geometría no andaba con sus puntos. Y para todo lo demás, también.
No afirmo que los milis sean brutos: lo parecen, que es distinto. Lo parecen, porque es nada más buscar un poco más para encontrar… nada. Y en la Tercera Meditación Descartes se preguntó si lo que eran hombres no podían ser animaluchos con capas: autómatas bajo camisas a rayas. Y como entre el ser y la nada se encuentran los militares. Que me ha salido bien el silogismo.

Sí, hace doce años estaba allí. ¿Y los olores? Aún guardados, y recién planchaditos.

He aquí las gentes de
poco peso.
Los nítidos recuerdos,
las pistas de sombra.