aviso de incendio

El latido de la vida exige un intersticio…

Ernesto Sabato, La Resistencia

 

Puedo estar equivocado y con frecuencia lo estoy, puedo equivocarme y las respuestas que doy puede que sean solo mías. Mi prudencia parece rondar la frase, a mí prudencia parece irle la frase del orgullo, aquel que dice que en algo puedo tener la razón y las respuestas que pueda tener no son solamente mías. Son promesas de que algo pueda llegar a suceder desde ahora solo por decirlo. En ese caso lo que diga y afirme como un es, tendrá que ser. En ese caso, y por haberlo dicho, será para otros.

Lo que es, tendrá que ser. Y eso es, es esto. Esta vez puede que la educación suceda pese a los que se llaman a sí mismos profesores.

Promesa de camino, camino para ser hecho. (La ambigüedad puesta, y ahora, como para levantar la cabeza del texto y empezar a divagar).

Como aprender a contar. Una, luego otra.

El valor de educar, el valor de educarse.

La educación es educarse.

1. Este simplemente es un borrador. Lo digo así porque lo que sigue, las clases, los días, irán disminuyéndolo, lo agotaran, lo tiraran a la basura. Mi esperanza es que algo del borrador, de estas propuestas, quede en forma de apuntes, de instrucciones, de acervo escolar para poderse plantear al final lo que se elabora, se espera y se hace en la Clase de Literatura para la Etapa Tres, no; esta vez quiero ser más ambicioso: decir, Para lo que se hace y se debería hacer en el proceso de la expresividad. Sí, no está mal saltar al vacío de tanto en tanto. Un poco de riesgo para hacer del viaje algo emocionante.

Lo primero, el viaje. Se hace camino.

Puede que todo esté mal, (¿está mal decirlo tan pronto?), porque aquí lo importante es el fin, que es enseñar, no el medio, que es la manera en que digo qué es lo importante y lo que debe quedar. La enseñanza, creo yo, es un arte que pule, que resta, que quita lo sobrante. La enseñanza es un arte que quita aquello que impide ver a la figura escondida en la piedra. Piel y mármol. Y no está mal decirlo así, emplear la metáfora, porque tal vez enseñar a expresarse tenga que ver con lo que es la esencia de la metáfora: con transportar. Llevar a.

Como aprender a contar, como contando. Por fuera, y también adentro. La educación sucede en el estudiante: la educación es educarse. Un paso más, autoexpresarse. El profesor ayuda a ver, no elabora largas frases, ni debería estar en el origen de toda rutina, siendo esto otra manera de decirlo. De dejarse llevar y luego dejar de preguntar quién y qué otro que no sea yo me ha llevado.

2. Niñas y niños, clases y profesores, horarios y descansos, fiestas de fin de año y entrega de calificaciones. ¿Es esto la vida real? Parece existir una trampa, parece haber una trampa cuando ante la pregunta que pregunta por la vida respondemos es esto, no otra cosa. No lo de allá, no lo que eres y tienes. No tú.

Ya nada va quedando.

¿Qué es la vida ahí fuera, la vida que nos rige y conforma como seres dentro de una red llamada vida social? Lo pregunto para poner sobre la mesa, una mesa que no tiene que ser la de un juzgado, lo siguiente: ¿qué tipo de discurso se precisa para conocer lo que suele hacerse en el colegio: «educar y ser educados»?

Las comillas en su lugar, pues ése es el tema que corre el riesgo de dejar de suceder: el colegio quizá ya no ofrece lo que normalmente creemos su mérito: educar y ser educados. ¿Qué clase de discurso?, porque si el ideal del conocimiento es la visibilidad de aquello que tratamos, ¿qué necesitaríamos desvelar o desocultar en la educación? ¿Qué se necesitaría decir de nuevo que hasta ahora no hubiese aparecido? Lo real y la apariencia. Las palabras que desaparecen, los ecos que atraviesan el tiempo. También el espacio de las preguntas.

Como si existiera una esencia constitutiva que dirige y planea las apariencias y nosotros fuéramos víctimas o bien ejecutores de ellas. Y a veces sin darnos cuenta, y actuando, y suponiendo, y a veces sin darnos cuenta. ¿Qué necesitaríamos saber de la educación? Nueva pregunta para el espacio donde se hacen preguntas. Como si.

Quizá lo primero para decir de la educación es que es el espacio de las preguntas, el espacio donde preguntarse es lo real, lo que pasa cotidianamente. Este es un supuesto, claro está, porque la educación podría asemejarse en lo que tiene de vida real: que no se suelen escuchar demasiadas preguntas y la curiosidad por saber algo estaría dirigido por un resultado puesto en calificaciones. Tal y como sucede en el mundo que llamamos ahí fuera, vida ahí fuera: es bueno lo que es útil, deficiente lo innecesario. Esta actitud la encuentro molesta. Por naturaleza son las notas las que rigen la educación: lo común es hablar de que al niño le va mal porque tiene malos resultados. Importa lo que está al final de la raya divisoria. ¿Y el resto? ¿De lo que no se habla no existe? Se podría preguntar qué clase de existencia es la que entregan los números. Lo primero que se dice de los números es que sirven para medir algo: ¿qué mediríamos cuando tratamos con niños y niñas? Importa la pregunta, pero no el número de preguntas. Importa el camino, tanto como la meta. Quisiera olvidarme de conocer o de ver algo. Me conformaré con acercarme, con aproximarme al tema, con dar mi parecer, lo que sería una clase de discusión en un salón de clases y este artículo por tanto deberá llevar nombre propio: es el convencimiento y las experiencias de uno solo. De cualquiera.

un segundo, el segundo

Y me fui pensando que iba a haber algo más, que iba a haber más, que ibas a estar, que íbamos  estar. Y te fuiste pensando que no había más. Nada más, te fuiste pensando que me extrañabas y que me ibas a extrañar, y me quedé pensando en esa respuesta, la respuesta que nunca llegó, que nunca llega, en que extrañabas e ibas a extrañar algo que estabas dejando. Y no había nada más, ahora no, ahora ya no, no habrá saber, ahoya ya no, ahora hoy, hoy que me has dejado de querer, que ya no me quieres más, ahora hoy no sabré, ahora hoy no llegaré a saber, no sabrás, no sabrás tú de qué lado dormiré esta noche, ahora ya no habrá saber, ahora no, ya nada más, cómo, nunca, nada más, ni por qué, ni si era esto lo que había, ni si era esto lo que estaba, ni si era esto lo que se precisaba, ni si era esta la idea que mediaba, ni si era esta la palabra que sobraba, que no iba, ahora ya no habrá palabra, ahora ya no más diálogo, nada más, nunca más, no llegaré a saber en el cómo ni en el por qué, no buscaré más en el cómo, ni si era verdad esto que me decías que estaba, ni si era verdad esto de que me escribías, ni si era verdad la mano en tus piernas. Ahora ya no, no habrá, ni estará, ni si era verdad lo que me decías cuando decías la verdad, ni si lo que dijiste estaba donde decías que estaba, ni si lo que yo mismo decía era verdad cuando te lo juraba era así. Ni quién fui cuando dije soy esto, ni quién era cuando no había nada más que añadir, que juntar, y lo que decía aparecía ahí para decir soy esto, ni quién era, ni quién fuiste para mí. Ahora ya no, no está, ni qué fue, otra para mí, otra cuanta no saldada, otro futuro arrugado, ahora no, ni cómo hubiera sido hacer lo que decíamos, vivir juntos, tener una hija juntos, ni cómo hubiera sido viajar juntos, y amarnos de este lado de la cama, esperarnos de este lado de la cama, mientras los canales pasan y van, como esto que ya no está, que no estará, que no se sabrá y donde no estaremos.

get

Ahora soy yo. Eres tú, y ese tú no será ya no, nunca más, para este yo de ahora. Ahora eres tú sin este yo de ahora, ahora eres un tú que recorre el presente tuyo. Soy yo sin este día futuro en que eres y estás tú sin este yo de ahora. No sabré, no estaré, no sabré si te acuerdas de lo de ahora, no sabré si te acuerdas de lo que acaba de pasar y aun está aquí para mí. Sé dónde vives, vives donde digo yo que me acuerdo en estoy que aun soy ahora. Vives donde digo ahora que lo que más recuerdo es la primera vez que fui donde vives para esto de ahora: la primera noche, el primer chocolate en la mesa, la complicidad de los tres puestos, los tres platos, la charla, la complicidad de las cebollas rojas, luego la mañana mientras te bañabas en el único baño mientras la confusión y el disparo para este yo de antes pero que sigue aún en este ahora. Sé dónde vives y vivirás por un rato al menos. Yo soy no más que yo al menos en este momento en el que empieza la reconstrucción, ya no me acuerdo cuántas veces he vuelto. En este yo de ahora que empieza a ser siempre en el aquí ahora. No es si te acuerdas, no es quién eras en el ya no serás para mí, no es con quién en un día futuro, no es no me besarás, ni pasarás al siguiente programa, no es si me abrazarás y esperarás un abrazo, no es si te acuerdas, ni que me querías mucho antes de que estuviera contigo, de que me quisieras aun antes de saber quién eras, no es si te acuerdas, no es quién soy y ya para ti, no es ahora ya no, no estarás, no es ahora como esa noche nunca en el nada más que me acuerdo de la noche antes del disparo. No es si estarás o estaré en un día contigo, así lo sepamos, así lo vayamos a saber y pueda que esté ahí en un próximo, en un continuo ya no será, ya no: es si me acuerdo dónde vives, es si me acuerdo que no hay beso, ni abrazo, es si me acuerdo en el yo que sigue que esa noche en la que como ésta no volveré a tocarte porque no es como ésa noche nunca en el ya no ahora, porque no sé si te acuerdas, ni con quién porque no hay día futuro, no hay nada, nada hay, y está ese vacío para el aquí ahora en el que vivo y dice que no habrá más lado de la cama, porque se empieza en el ya no te veré morir, para terminar en el me sigo viendo morir nunca.

No debería ser.

Es así.

polaroid

Y nos fuimos a la cama pensando que lo siguiente éramos los dos, que lo siguiente era la palabra, que lo siguiente era la continuación en sueños de un sueño de sábanas, de almohada de enredos, de arrugas de sábana, de almohada llena de razones, estás a mí lado, no estás a mí lado, y nos fuimos a la cama pensando que lo siguiente era hablarlo cuando ya lo habíamos hablado todo y ningún orden en las palabras iba a cambiar este desorden, este mutuo llamarse, mi amor, mi gato, mi tesoro, este mutuo restregarse las palabras. Y nos fuimos cada uno pensando que la próxima vez lo íbamos a hablar, que la próxima vez todo ocurriría como habría ocurrido la primera vez. Y no, nos fuimos simplemente.

Y no hubo regreso.

Y ella se fue.

Y él se fue.

No a un lugar.

Cada uno por su lado.

Y se fueron pensando en lo que había pasado.

Cada uno pensando cosas distintas a lo que hasta hace un momento pensaban igual. Y se fueron, ellos se fueron pensando que lo siguiente era alejarse y nada más. Nada más que alejarse. Y ellos se fueron, y nos fuimos a la cama, cada uno por su lado, cada uno hacia su lado, pensando que lo siguiente era un recuento de necesidades, que lo siguiente era un recuento de particularidades, que lo siguiente era armar una escena en el ya no, en el hasta ahora. Ahora ya no lo sabrás, ahora ya no lo sabré, ya no sabré por qué, o por quién, ya no sabrás cuándo, ni en qué momento ocurrió todo, cuándo y por quién fuiste amada, vas a hacer amada. Ahora ya no, ya no será, ya no estará, ya no dirás ven acá, no dirás acércate. Ahora ya no, no estarás, ya no será, ya no habrá cama, ya no habrá ni cama, ni palabra. Ahora ya no, no serás tú y yo, ahora ya no, ya no será, ya no estarás esperando sentada a la cama, ahora ya no, no será, no estarás esperando una palabra mía al borde de la cama. Ahora ya no, no veremos películas juntos, ahora ya no, no estarás para escoger qué canal, qué programa, qué show bueno en la tele. Ahora ya no, no será, no seremos. Y nos fuimos a la cama pensando que nos iríamos juntos, nos fuimos a la cama prestándome tu lado de la cama, ahora ya no, no serás, no estarás, no seremos, ahora ya no hay tu lado de la cama, ya no hay mi lado de la cama. Solo cama. Ahoya ya no, no será, solo yo. Nada más.

Para el nuevo año

Se acordaba de haber leído que Charlie Chaplin hablaba de la necesidad, al terminar una película, de sacudir el árbol de modo que las ramas superfluas, las hojas superfluas, los frutos superfluos cayesen, y solamente se mantuviera, por así decir, la desnudez esencial, y de la profundidad con que esta idea se había grabado, desde siempre, dentro de sí, obligándolo a repensar constantemente su vida, los libros que había compuesto o que proyectaba componer, los planes que de continuo le hervían en la cabeza, contradictorios y vehementes, las personas que lo buscaban para viajar con él en las difíciles aguas del análisis.

António Lobo Antunes, Conocimiento del Infierno

por favor, no ahora ya no

*

*

Comienza bajo los ojos. Creo recordar que la muerte comienza bajo los ojos. Comienza bajo los ojos. Creo recordar que la muerte llega al sueño con estruendos a algo que solo tiene que ver con la muerte.

Ahí estás tú llenando mi sueño con gotas tuyas. Estás tú. Luego.

Estás tú. Ya no.

El universo pálido. Como tú, no ya no. Como yo. Yo. Para sueño pesadilla vaciando la realidad. Vuelta.

Fui yo, yo soy quien: seré quien fui, hasta cuando ya no quiera oír lo que fui, hablar con el que ya no soy.

Vuelta al transporte: actualidad.

Yo escribiendo esto.

Ahora, ahora yo.

¿Solo esto?

Solo esto, con una voz de fragmentos de espejo. No ya no.

Fragmentos de vidrio.

*

zazen

+

Y uno se da cuenta que

lo quiere todo,

pero no es posible.

Es lo justo,

es la medida que nos va:

difícil encontrar aquella

medida. Uno va creciendo

y a veces uno también se encoge.

¿Qué tal tú con ropa más

grande o estrecha?

Pues eso. Es mejor

estarse tranquilo,

probándose ropa.

Yendo a la medida.

*

estado de cuentas

El simple deseo de que las cosas salgan bien y salen mal. El deseo de seguir hablando, de añadir algo más, de seguir hablando: y no callarse. El deseo de no mentirse, el deseo de ser completamente sincero, de ir hasta el fondo, el deseo de indagar, el deseo de explorar sanamente: y seguirse mintiendo. Yo no hablo ni me quedo callado, yo no miento ni digo la verdad: y quiere uno después de todo ir ligero. Y quiere uno ir sin fardo. Y quiere uno no mirar lo que hay dentro de la carga: y quiere uno no ver el fin desde el comienzo. Y quiere uno ser uno y el mismo, sin cambio. Y quiere uno que no lo atrapen y quiere uno que lo dejen libre: y uno atrapa y uno no deja libre.

Y uno, de nuevo, quiere quedarse callado: y sigue hablando. Y uno quiere que las cosas cambien, uno quiere que las cosas sucedan: uno quiere que las cosas no dejen de suceder.

Uno quiere dinero

Y uno quiere fama

Y uno quiere amor y amar a alguien

Y uno quiere escribir bonito y que lo celebren por ello

Y uno quiere ser perfecto, de hecho

Uno sabe que es perfecto

++

+

Uno no sabe nada pero en algún punto dejara de saberlo todo: y ese es el estado de cuentas.

muévete

+

Le escribo a una amiga:

… nada es seguro, nada está hecho completamente, nada está perdido para siempre.

Le sigo escribiendo:

… Cada vez estoy más convencido que no hay nada seguro, que todo es contingente, que somos imperfectos y pasajeros, que somos aves de paso escondidas en un armario. Y lo sabemos de hecho, sabemos que somos nada entre una nada llamada ciudad, entre una nada llamada país, dentro de una nada llamada tierra, y sin embargo siempre nos salimos de la ruta, siempre nos salimos de nuestros límites y pensamos que es posible, que es sensato pensar como si todo fuera seguro, como si nada fuera contingente.

Primera conclusión: lanzamos ganchos de izquierda al aire.

Nos mentimos.

Y lo que sigue es una idea que continúa idea de la anterior entrada:

… tenemos una visión limitada de lo material: entendemos pero seguimos como si no hubiésemos entendido. Nos creemos más pensamiento que materia. Y verdaderamente es la materia las más inteligente de las dos. Creo que habría que superarse, o, más bien, utilizando una palabra para mí una palabra en extremo hermosa y valiosa, habría que liberarse desde la materia y no desde el pensamiento.

+

Y el añadido: siempre el añadido. Un nuevo ritmo de vals.

+

Me di cuenta de una cosa: quizá la misma de siempre; el alma humana está hecha de paradojas. El hecho mismo de su existencia es una paradoja: lo importante no es si hay o no hay, si hay dualidad mente-materia y qué hace que se comuniquen y se complementen.

Lo importante no es la existencia y dónde base encuentra. Dónde va ella: ¿cuál es su lugar? La pregunta es por la necesita: ¿qué se necesita? ¿Uno qué necesita?: uno necesita que haya, uno necesita que exista. Porque a algo hay que achacarle las consecuencias. Algo tiene que cargar con ellas.

El deseo de señalar, de ser señal de algo, cumple el hecho de que haya algo.

Una nueva consideración es el momento en el que uno se pregunta por qué sucede así. ¿Por qué habría de haber señalamiento? (De ir hacia otro dentro de sí mismo.)

++

+

las consecuencias

+

Y ahora tú que cómodamente habitas un paraíso de muebles, de grandes sillones despeinados, ahora que puede que sepas un poco más de lo de aquí abajo. Supongo que estás arriba, plácido avanzas por avenidas hacia lugares en los que no pasa nada.

Y ahora tú, el del año pasado, el que está desde el año pasado arriba, sin notar que lo de abajo sea poco, sin notar que lo de arriba sea lo mejor.

Lo de arriba son los treinta años, ahora tienes treinta y uno.

Los treinta, crees, es el momento para decidir si el mundo sigue influyendo o no.

Los treinta es la edad y es el momento de las convicciones puras y a la vez mínimas: esperar que se puede cambiar el mundo, no permitir que lo siga cambiando a uno.

Decidir. Elegir. (Es tarde ya. O temprano.)

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+

libros leídos: lecturas anotadas

+

Y a veces me sorprendo pensando en la lista de los libros que he leído, y la memoria empieza su ruedo de piezas por encajar, empieza su agua que suda de tanto echar memoria. Y no puede, y no puedo, Señor Juez, decirle, darle el parte completo, hablarle puntualmente, título tras título de los libros que he leído.

Soy incapaz.

Lo que le puedo decir, palabra, es que siempre he tenido un libro, leyendo un libro, un libro cerca para cuando todo se acabe, es decir, el día lunes, o el día martes, siempre voy leyendo, siempre, siempre, ni siquiera cuando escribo dejo de leer, por más de que Nietzsche siempre me haya contagiado de la idea de que cuando se escribe hay que dejar de leer, para no dar lugar al contagio.

+

pensamientos

que salen a

la superficie

como una

herencia poco

grandiosa.

+

Y a veces me pasa que me veo criticando las listas de libros leídos, el conglomerado de libros leídos. Y me burlo, y chiflo la manía de anotar lo que fue leído. Pero entonces vuelvo y considero, y creo que me engaño, y me voy de manos diciendo que es inservible. Cuando lo más saludable es recordar lo que se leyó. Tal recuerdo hace que la lectura del libro que hice continúe.

+

Lo tendré en cuenta: más bien es mi manía de decir no cuando todos dicen .

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Lo que empezó como una anécdota, «ay, la ñoña haciendo su lista de lecturas», terminó en un sentimiento, una posición y un pensamiento que van hacia el futuro: un nuevo futuro invadido.

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Paisaje.

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