Guardado en: don sesto
Acabo de visitar a Luis. ¡Y me ha dado! Me acordé del tiempo barrido: del tiempo ganado para no hacer nada. Voy a dejar de hacer esto. De escribrir así…. me acordé del tiempo en que me reía de mí mismo. Era un genio: bombilla prendida. Que si no había dinero, al menos no tenía trabajo, que si tenía trabajo, lo podía abandonar cuando quisiera, que si lo abandonaba y después no podía comer lo que se me diera, me parecía que estaba barrigón, y me vendría bien la dieta, que si luego perdía mucho peso, al menos calamaro seguía vivo, que si andrés no se le daba por repetir el honestidad brutal, no estaba solo, que si estaba solo al menos me podía bañar con agua caliente, que si no había, igual la fría era buena para la circulación de la sangre, que si no había circulación, las pulgas me acompañaban, que si no tenía dinero, buscaba trabajo, que si me daba el algo por estar dando el bote de oficina en oficina al menos salía a caminar. Nada de lo que me pasaba quedaba en su sitio: lo hacia pasar al otro, al que quisiera, no; a un sitio menos grave y de oficinas llenas de cajoncitos. Que si no habia nada en el cine, al menos seguia metiendo mano, que si no metia mano. Que si ya estaba bien de estar prestándole mucho a la búsqueda de trabajo, me ponía a escribir, de la escritura no es que me haya reido mucho. Descuido. Mentira: que si escribia mucho, me parecía necesario y me ponia un diez, que si ya me creia mucho, se me inflaba como un mundo el ego, me daba más risa, me reía de que una mosca aplastada en la ventana de una fábrica de colchones llevara mi nombre, y si la mosca le daba por pensar en su familia de mosquitas, a la cabeza de bonitos sesos se le daba por construir un mundo para derrumbarlo inmediatamente, un mundo no; una mierda de mundo, para ir midiéndole el pulso a la irreverencia. Y si me daba la depre, jugaba a estar deprimido.
Ay, señoras y señores, damas y damos: que me den.
Orlando Contreras - Yo Vivo Mi Vida
